El encuentro es un gesto relevante por parte del presidente de Estados Unidos, que en su poco más de medio año de Gobierno ha vuelto a congelar las relaciones con Cuba, ha intensificado las sanciones a Venezuela, ha convertido la relación con México en una crisis permanente y esta semana amenazó a Colombia con incluir al país en la ‘lista negra’ si no logra frenar la producción de cocaína.

El vicepresidente de EE UU, Pence, dijo que “estamos francamente decepcionados por la inacción de la OEA ante Venezuela” por lo que buscan que Europa se sume a las sanciones.

Estados Unidos, Colombia y Brasil coinciden en el rechazo a la situación en la que el Gobierno de Maduro ha sumido al país, con graves acusaciones de represión y tortura de por medio. El informe final de la Comisión de Derechos Humanos acusa a las fuerzas de seguridad de provocar la muerte de 46 manifestantes. El endurecimiento del tono de Trump, sin embargo, inquieta al Ejecutivo de Santos, más favorable al diálogo.

Este cambio de registro estadounidense tiene que ver con las palabras y con los hechos. El pasado 25 de agosto Trump impuso las primeras sanciones económicas globales contra el Gobierno chavista al prohibir la compra de deuda pública venezolana y de la petrolera estatal, PDVSA, con el fin de estrangular la financiación del régimen. Hasta ahora, todas las penalizaciones por parte de Washington se dirigían a individuos concretos -incluido el propio Maduro- por acusaciones de narcotráfico o de vulneración de principios democráticos.

Un par de semanas antes, el presidente había optado por apretar las tuercas con unas declaraciones muy provocadoras, en la que advertía a Caracas de que su Administración no descarta una intervención militar en el país. "Tenemos varias opciones sobre la mesa y, por cierto, no voy a descartar la militar", dijo a la prensa tras una reunión sobre Seguridad. "No voy a descartar la opción militar, es nuestro vecino y tenemos tropas por todo el mundo. Venezuela no está muy lejos, y la gente allí está sufriendo y está muriendo", enfatizó.

Las principales potencias latinoamericanas salieron inmediatamente a expresar su rechazo a las amenazas militares de Trump.

El viernes anterior, el consejero de Seguridad Nacional de EE UU, el general H. R. McMaster, puso a Venezuela como ejemplo de país que ha dejado de cumplir sus responsabilidades y consideró improbable contacto alguno entre Trump y su líder en el marco de la ONU.

Pero la cuestión de fondo pendiente es el acercamiento de Washington con el resto de Latinoamérica. Con la cena de lunes, "Trump necesita demostrar que tiene buenos amigos en la región que comparten una agenda con Estados Unidos, pero no estoy seguro de que vaya a obtener lo que quiere", según declaró un diplomático brasileño citado por Reuters en condición de anonimato.

Por otro lado, el miércoles pasado, el mandatario estadounidense acusó a Colombia de incumplir sus compromisos internacionales contra el narcotráfico y amenazó con que podría incluirla en una lista negra de países que, según Washington, no luchan suficientemente contra esta lacra. "Estados Unidos está considerando seriamente designar a Colombia como un país que ha incumplido de manera demostrable sus obligaciones bajo los compromisos internacionales antidrogas", amenazó Trump en un memorando.