Después de valorar las gestas del sacerdote y General Jorge Volio con su partido Reformista, y las del gran estadista Manuel Mora con su partido Comunista, creemos que el compañero Merino puede ser considerado sin lugar a dudas como el personaje de izquierda más significativo e influyente en la historia política nacional.

Y al hablar de izquierda estamos pensando en las personas que desde la política han tomado una opción particular por el bien común, en defensa de los sectores más desposeídos, valorando a las personas por lo que son y no por lo que tienen, bajo el sueño de un país solidario y sin exclusión, principios básicos de lo que en la iglesia católica denominamos la doctrina social de la iglesia.

El pueblo tiene sus “santos”. Aquellos que están siempre con ellos. Peleando, acompañándoles, iluminándolos. Merino estuvo en las costas, en los bananales, en las piñeras, en las calles, en las fábricas, en los centros educativos. Defendió todo aquello que sus enemigos no hacían. Por eso  la gente lo quiere. Porque siempre estuvo con el pueblo. Y los santos son del pueblo. Muchos dicen: pero “era ateo”. Pues este ateo nos enseñó a amar de verdad, sin complejos, sin fingir, sin engañar, siempre de frente. Ateos como el necesita este mundo.

Una de las formas con la que injustamente en la “cristiana Costa Rica” se ha querido opacar la memoria de muchos indiscutibles líderes sociales o pensadores influyentes ha sido con el calificativo despectivo de ATEOS. Lo han hecho con muchos y muchas pensadores y literatos de izquierda, como en su momento fueron Carmen Lyra, Carlos Luis Fallas y Manuel Mora; lo hicieron con uno de los más grandes poetas nacido en estas tierras, Jorge Debravo, y lo quieren hacer ahora con el pensador que hizo de la política una poesía subversiva, el político más ilustre, honesto, valiente, combativo y veraz de los últimos tiempos, don José Merino del Río.

El periodista de La Nación Álvaro Murillo, en un interesante artículo en que recuenta varios elogios a la figura indiscutible del fundador del partido Frente Amplio, concluye con esta tajante afirmación: “Tienen las cenizas en su casa, en barrio Escalante, y no tienen programadas honras fúnebres de orden religioso, pues él era ateo”  (http://www.nacion.com/2012-10-12/ElPais/Restos-de-Jose-Merino-estan-ya-e...).

Cualquier lector de ese periódico al servicio de los grupos hegemónicos concluye de tal afirmación que este político, aunque fue “muy bueno” queda descalificado y condenado eternamente a los castigos infernales preparados para los comunistas, ateos y violadores, castigo eterno impensable en nuestra mentalidad puritana para los políticos corruptos y mentirosos, los vende patrias, los defensores de las transnacionales y traicioneros del pueblo, los que han hecho de la política un modo de vivir holgadamente junto a sus familiares más cercanos, favorecidos cada cuatro años con nombramientos políticos de privilegio…

Los que por muchos años hemos militado con Merino en sus sueños, hecho política partidista en el Frente Amplio, compartimos su deseo de una sociedad más justa, equitativa y sin privilegios para los sectores siempre favorecidos. Dentro de las filas de la dirigencia del Frente Amplio conformamos un grupo en las redes sociales en el cual comentamos y discutimos sobre las principales problemáticas del país. Una de las últimas discusiones ha girado en torno a la crítica que sectores burgueses han lanzado contra la memoria viva y revolucionaria de Merino calificándolo injustamente de ATEO. Al respecto unas de las opiniones más significativas que rescatamos de dicha discusión han apuntado lo siguiente:

“En un momento tan difícil y doloroso debemos abrazarnos todos(as) y comprometernos a continuar por el sendero que José Merino nos fue enseñando desde su compromiso con la gente explotada, excluida y discriminada”, nos escribía recientemente Rodolfo Ulloa

A mí personalmente me parece que no podemos compartir esa afirmación del ateísmo, así a secas, como se le ha pretendido calificar a José. El, por el contrario estuvo siempre al lado de la verdad y dispuesto a dar la vida por su próximo, sus compañeros/as de lucha y por los más necesitados.

Merino estaba siendo consecuente con su vida de entrega y compromiso a favor de una sociedad sin excluidos y sin víctimas. Considero que para ir en el camino de ser cristiano/a hay que primero ser ateo, en el sentido de que hay muchos dioses que pululan en nuestras sociedades y hay que destruirlos. Los profetas eso fue lo que hicieron. Levantar su vos contra de esas idolatrías, esas falsedades y hablaron anunciando y denunciando el nuevo cielo y la nueva tierra. Y, ni más ni menos, eso es el Evangelio” nos escribía acertadamente Alicia Sequeira en la lista cibernética del Frente Amplio.

“Ya he leído y escuchado en varias notas periodísticas que se resalta el ateísmo de Merino como única forma que han encontrado para descalificarlo, pero él asumió la fe y las prácticas que desde el cristianismo nos dejó Jesucristo y que bien describe Santiago el Apóstol: velar por las poblaciones vulnerables, luchar en contra de las opresiones y acompañar a los oprimidos. Desde la Asamblea Legislativa fue más creyente que algunos diputadillos con Biblia bajo el brazo que ni siquiera piensan en hacer algo por su propia iglesia, menos por el resto del pueblo. Si muchos cristianos fueran como Merino en su fe inquebrantable de hacer el bien al prójimo, estaríamos contando otra historia”, replicaba Beatriz Castro en plena discusión…

“Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt. 5: 6) Querido don José: No ibas a los templos, pero tu corazón era un templo abierto al clamor de nuestros pueblos. No leías panfletos religiosos, pero sabías leer a profundidad las realidades de la gente. No sabías qué es “el Reino de Dios”, pero soñabas con la Utopía de una sociedad inclusiva, equitativa, justa, saludable, educada, en armonía con la Naturaleza y plenamente orientada al Bien Común. Gracias por tu lucidez que seguirá alumbrando el camino. Gracias por tu palabra intensa y coherente. Gracias por tu vida militante y generosa, consagrada al servicio de la justicia. Sabemos que estarás presente en las luchas del pueblo y nuestra fe nos susurra que fuiste un hermano más y que como tal te volveremos a encontrar en la gran Mesa Común de la Utopía, en la Celebración de la Victoria Final. A tu familia y a tu Partido, un abrazo intenso y solidario. Escribía el Obispo Melvin Jiménez, de la Iglesia Luterana Costarricense.

omo sacerdotes de la iglesia católica que hemos sido nos tocó formar a muchos cristianos en el encuentro con el Dios de la Historia, y un principio fundamental que siempre tuvimos presente fue el reconocer que el creyente, para ser espiritual, ante todo debe ser profundamente humano, tiernamente humano, valientemente humano, y así fue siempre José Merino.

Como su tocayo, José, el padre de Jesús, tampoco él comprendió de inmediato muchos sueños, ni por qué tener que huir de su patria para realizar su vida en otro país, ni por qué cuando crecía y se fortalecía su hijo político, el Partido Frente Amplio, tenía que alejarse de él para descansar para siempre en los brazos del Dios de la justicia, y desde allí facilitarnos chispazos divinos…

Compartimos con José momentos profundos de oraciones ecuménicas junto a muchos partidarios del Frente Amplio, partido cuyo porcentaje mayor lo constituimos creyentes cristianos que hemos descubierto en este partido el único coherente con los principios revolucionarios de justicia, solidaridad, verdad y libertad que nos enseña el Evangelio de Jesucristo, el rebelde de Galilea. En aquella ocasión ante la hora final, cuando Pilato lo cuestionaba preguntándoles ¿y qué es la Verdad? Jesús le sonríe y lo mira, porque él es la verdad.

Merino fue siempre fiel y coherente seguidor de la verdad, en sus discursos no había mentira ni engaño (a diferencia de muchos de la raza política dominante actual). Si Merino siempre buscó la verdad, no dudamos que hoy disfruta la compañía de quien es camino, verdad y VIDA, y vino a nosotros para dar vida a todas y a todos, no dejando a nadie fuera del abrazo redentor.

Para nosotros que trabajamos tantos años como  sacerdotes, nos sentidos privilegiados de que Merino nos haya abierto las puertas de su partido, nos invitara a participar en él, a ser candidatos a diputados. Este ateo le enseñó a dos sacerdotes lo que es dar la vida por los demás.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Diste tu vida por tu causa, GRACIAS MERINO. GLORIA ETERNA A ESTE TIPO DE ATEOS.