Los informes oficiales indican que faltarán a la cita los presidentes Dilma Rousseff  de Brasil, Nicolás Maduro (Venezuela), José Mujica (Uruguay), Rafael Correa (Ecuador), Cristina Fernández (Argentina), Sebastián Piñera (Chile), Evo Morales (Bolivia), Otto Pérez (Guatemala) y Raúl Castro (Cuba).

También estará ausente el rey Juan Carlos, quien fue asiduo de estas cumbres desde su primera edición en 1991, ya que está convaleciente de una intervención quirúrgica.

Así, la cumbre se reduce a una reunión del jefe de gobierno español, Mariano Rajoy, con sus colegas  Juan Manuel Santos (Colombia), Enrique Peña (México) y Ollanta Humala (Perú), por lo que a Suramérica se refiere.

Los demás asistentes serán los gobernantes de Centroamérica y los de algunos estados del Caribe, con la notable ausencia de Cuba.

Por si fuera poco, algunos de los asistentes no podrán hacer otra cosa que enseñarse entre sí los dientes. Esto incluye a los presidentes de Costa Rica, Laura Chinchilla, y de Nicaragua, Daniel Ortega, enfrentados desde hace tres años en una agria disputa que ha desbordado todos los antecedentes  de insultos y amenazas.

Los presidente de El Salvador, Mauricio Funes, y de Honduras, Porfirio Lobo, acuden también en un momento en que la disputa por una pequeña isla en el Golfo de Fonseca (Pacífico) ha agriado las relaciones entre estos vecinos.

La Cumbre estará centrada en una reforma de su propia estructura. Una de las reformas propuestas consiste en pasar de uno a dos años la periodicidad de las cumbres; la otra es una redistribución de los costos de funcionamiento del sistema, aumentando la carga a sus miembros latinoamericanos y reduciéndola a los europeos.

La Cumbre tendrá también la tarea de buscar un sustituto al secretario general, el uruguayo Enrique Iglesias, quien se retira tras ocho años al frente del foro.