(Imagen: Universidad de Santo Tomás. Ensayo de los orígenes de la Universidad de Costa Rica, del Portal de la UCR, Enlace .https://www.ucr.ac.cr/acerca-u/historia-simbolos/historia.html).

(Imagen: Universidad de Santo Tomás. Ensayo de los orígenes de la Universidad de Costa Rica, del Portal de la UCR, Enlace .https://www.ucr.ac.cr/acerca-u/historia-simbolos/historia.html)

En Costa Rica no fue así, mérito de los liberales agrupados en la llamada Generación del Olimpo -brazo político de la oligarquía cafetalera y oligarcas algunos de ellos- quienes perfeccionaron poco a poco las reglas electorales, aunque no siempre las respetaron.

Es probable que el afianzamiento democrático haya comenzado con la sublevación popular de 1889, cuando se defendió la victoria electoral de un grupo opositor al de Bernardo Soto, quien ejercía la presidencia e intentaba –por medios fraudulentos- heredarla a su amigo Ascensión Esquivel. Unos 7000 ciudadanos armados de palos, machetes y alguna escopeta de cacería forzaron el respeto a la votación.

Se practicaban elecciones de dos etapas. En la primera se elegía a quienes tomarían la decisión definitiva. Conviene advertir que las elecciones de segundo grado no eran dominadas por la oligarquía cafetalera, pues los puestos de los electores se repartían entre jerarquías agrarias compuestas por pequeños y medianos propietarios, comerciantes y gamonales (Díaz, David, “La vida política, 1808-2000”, en Historia contemporánea de Costa Rica 1808-2010, Patricia Vega, editora, 2019, p. 45). Ricardo Jiménez patrocinó el voto secreto en 1928; antes había eliminado el voto indirecto.

La autorización para el voto femenino, impulsada por la Liga Feminista desde 1923, no se alcanzó hasta 1949, ya fuera del período liberal.

En cuanto a la educación y la cultura los liberales fueron contradictorios. Por una parte, permitieron la libertad de prensa e impulsaron la educación primaria con la consiguiente disminución drástica del analfabetismo. Establecieron escuelas incluso en zonas rurales. La secundaria no recibió tanto impulso, pero en alguna medida congregaciones religiosas como los salesianos, hombres y mujeres, y las betlemitas, suplieron ese faltante. Sería injusto no mencionar la labor del Colegio Seminario, donde estudiaron Rafael Á. Calderón Guardia, Alberto Martén y José Figueres Ferrer, por mencionar los más conocidos. Algunos de los padres paulinos alemanes que lo regentaban poseían excelente formación científica.

Pero, por otra parte, los liberales suprimieron la Universidad de Santo Tomás en 1888, y dejaron al país sin casa de estudios superiores. Sin embargo, a Mauro Fernández se le considera el gran reformador de la educación en Costa Rica. Solo sobrevivieron la Escuela de Derecho, la de Bellas Artes, la de Agronomía y Farmacia.

Otra deficiencia: en los sucesivos textos constitucionales no se respetó debidamente la independencia del Poder Judicial, al subordinar el nombramiento de los altos jueces a la Asamblea Legislativa.

Los tímidos intentos de reformas sociales de la república liberal, algunas acaecidas como concesiones al Partido Reformista de Jorge Volio –del que se trata líneas abajo- no modificaron la estructura social del país, ni aliviaron de manera significativa la condición de los sectores empobrecidos, pero a lo mejor prepararon las del decenio de los 40 y, en todo caso, expresaron cierta flexibilidad de quienes detentaban el gobierno. En 1928, el diputado Carlos María Jiménez Ortiz consigue la creación de Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Había residido en el Pío Latino Americano ubicado en Roma, por lo que se presume que en algún momento sintió vocación sacerdotal.

Otros intentos fueron: una Ley de Inquilinato, el apoyo del Estado a instituciones de beneficencia, iniciativas de salud pública, la jornada laboral de ocho horas y la Gota de Leche. Por otro lado, el Estado creó tres instituciones públicas: el Ferrocarril al Pacífico (indispensable para librarse del monopolio del ferrocarril al Atlántico cedido a una compañía inglesa), el Banco Internacional de Costa Rica (para independizar al Estado de los manejos de la banca privada) luego denominado Banco Nacional y el Instituto Nacional de Seguros (INS) (pues se provocaban incendios para cobrar la póliza), antecedentes de las empresas estatales creadas de 1949 en adelante.

Las exportaciones se limitaban al café, banano, cacao, maderas y poco más. El Estado se financiaba con impuestos a las importaciones; los exportadores cafetaleros y el enclave bananero casi no tributaban.

Durante la república liberal, Costa Rica se adentró en una cultura democrática, asentada en los pequeños y medianos propietarios rurales, a quienes los cafetaleros beneficiadores compraban el producto y empleaban como peones, cuando los necesitaban.

De manera simultánea, se formó un sector de labriegos sin tierra, de artesanos y obreros, en resumen, un proletariado, que se vio reforzado por los obreros agrícolas de las zonas bananeras. Al mismo tiempo, iba creciendo el conjunto de trabajadores urbanos que se puede designar como temprana clase media. Los políticos de la república liberal no invirtieron en el ejército, tal vez para no alimentar al enemigo, con lo que facilitaron su disolución posterior.

(Esta Síntesis Histórica que está publicando Informa-Tico a razón de dos entregas semanales, los días martes y jueves, se recomienda coleccionarlas).