Tumbas y ataúdes, ciudades desiertas, relatos dramáticos, perspectivas inciertas, son los escenarios del primer mes de una pandemia que desde marzo se ha ido extendiendo por el mundo hasta llegar a América Latina y Estados Unidos. (Fotot: AFP)

(FOTO: Tumbas y ataúdes, ciudades desiertas, relatos dramáticos, perspectivas inciertas, son los escenarios del primer mes de una pandemia que desde marzo se ha ido extendiendo por el mundo hasta llegar a América Latina y Estados Unidos, donde sus efectos se sienten con fuerza).

Bullard pidió una decidida respuesta fiscal para hacer frente a la pérdida de ingresos por 2,5 millones de millones de dólares debido al cierre de la economía provocada por la pandemia del coronavirus.

Sería un gigantesco descalabro que, en mayor o menor medida, se va a producir en todas las economías del mundo, afirmó el español Juan Torres, profesor de Economía en la Universidad de Sevilla, que ha venido escribiendo sistemáticamente sobre los desafíos que la pandemia representa, tanto en lo económico como en lo político y social.

En su opinión, las economías –especialmente la europea, pero también la norteamericana– no están recibiendo el tratamiento de choque necesario para evitar una hecatombe global. El objetivo general debería ser “mantener a todos, hogares y empresas, enteros con el apoyo del gobierno”, afirmó, algo que no se estaría haciendo. En miles de hogares comienza a faltar liquidez. Las ayudas se retrasan y ya falta dinero para comer.

La única forma de evitar la situación límite a la que pueden llegar millones de personas –afirmó Torres– “es poner en sus bolsillos dinero en efectivo para que puedan salir adelante. Un dinero que, de paso, iría directa e inmediatamente después a la caja de las empresas, ayudando así a que se pueda ir manteniendo el empleo en algunos sectores vitales”.

Pero si se deja que la situación se deteriore su previsión es que no sólo se va a producir un gran sufrimiento personal, sino que brotará un descontento social que amenazará la estabilidad política.

La orquesta del Titanic –dice Torres– nunca tuvo tantos músicos como ahora.

La densidad del miedo

–Soy un sepulturero. ¡Sí, un trabajador de la muerte! Camila Appel, dramaturga brasileña, cuenta su conversación con este trabajador de la muerte, en un relato publicado en el diario Folha de São Paulo a principios de abril.

La semana pasada le tocó enterrar, solo, a diez víctimas del Covid-19.

Para eso necesita una protección especial, adecuada para los casos de enfermedades contagiosas: mascarillas, guantes, botas y un delantal blanco para proteger la mayor parte de su cuerpo.

–El ataúd de los muertos por Covid-19 también es distinto, explica el sepulturero. Cuando el cuerpo se descompone queda flotando en un líquido que se escurre por el manto freático. En el caso del Covid-19, el líquido no puede derramarse. Los cuerpos deben ser puestos en una bolsa impermeable. Los ataúdes también deben ser impermeabilizados.

La cremación sería una opción más segura, pero más cara. La mayoría de los cuerpos que llegan son de familias que no tienen dinero ni para comer…

El trabajo es penoso, agrega. –Uno llega y está la madre solita, absolutamente sola, sin nadie más, para sepultar a un hijo. La muerte es amarga, pesa. Termino con un sabor amargo en la boca.

El día está terminando. Espero que mañana mi encuentro con la muerte sea menos duro. “Llego a casa y mis hijos se quedan mirándome. Tienen miedo de perderme. De perder a un proveedor también. Ellos conocen el trabajo que tengo. Soy un súper héroe para ellos, pero yo no me siento un héroe ni algo parecido. Soy un trabajador. Un trabajador de la muerte”.

–No se si voy a salir o si me voy a infectar. No hago oración, nada. Lo que impera es el silencio. No pienso en nada. Espero que el virus no me alcance, pero no puedo estar seguro. El miedo es tan denso que parece posible atraparlo con las manos…

Los relatos se multiplican. Como en Guayaquil. Cuando la esposa empezó a toser y a sentirse cansada el marido se asustó. –Siento como se me estuviese ahogando, le dijo. Luego vino la fiebre.

–Salí a buscar una clínica. Una de las mejores de la ciudad, privada. Cuando estaba abriendo la puerta del carro un funcionario la cerró.

–Ni lo intente, señor, estamos llenos.

-¡Pero ella se está ahogando!

–Todos aquí adentro se están ahogando, señor. ¡No hay espacio para nadie más!

“En Guayaquil, hoy, no se piensa en otra cosa que sobrevivir”. En los primeros 15 días de abril murieron más de 6.700 personas en la provincia de Guayas, según cifras oficiales.

La explosión de la cifra de muertos en Ecuador puede ser un reflejo de lo que está pasando en otros países de América Latina, estimó la periodista Fernando Paúl, de la BBC.

En Brasil, hasta el viernes de la semana pasada, había registro de unos 28 mil casos y 1.952 muertes, según cifras de la universidad norteamericana Johns Hopkins. Pero hay un subregistro muy grande en el número de muertos, dijo a la BBC el director del Instituto de Estudios para Políticas de Salud (IEPS) con sede en Río de Janeiro, Miguel Lago.

La falta de pruebas impide tener datos más confiables.

México ha decidido no hacer pruebas masivas, sino aplicar el “plan centinela” para detección de contagios.

En la página worldometers, entre diversos otros indicadores, está el número de tests por millón de habitantes hechos por cada país. Entre los centroamericanos, es Panamá, con 4.425, el de mayor índice. Siguen Costa Rica y El Salvador, 1.990 y 1.721, respectivamente. Guatemala hizo 402 y Honduras 256. No hay cifras para Nicaragua. A modo de comparación Venezuela aparece con 10.540. Cifra muy similar a la de Estados Unidos.

El escenario puede ser aún más dramático. En Haití, el país más pobre de la región, donde más de 92% de la actividad económica está en el sector informal, solo se han hecho 44 tests por millón de habitantes.

Para el fundador del Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití (IJDH), Brian Concannon, “tanta gente viviendo hacinada, sin agua potable o jabón, sin poder abastecerse de comida y sin poder comer si no trabajan”, enfrentarse a la pandemia será un problema serio. “La pesadilla será peor que la de Italia”, asegura.

Transformando el mundo

La pandemia ha transformado el mundo. Pero lo transformará aún más, aunque el cómo es tema de muchos debates.

Para Larry Fink, presidente de Blackrock, la compañía número uno de las finanzas en Wall Street , “la tendencia hacia la globalización no va a desaparecer”. En carta a sus inversionistas, asegura que están trabajando con la administración Trump y con los demócratas en el Congreso, “haciendo todo lo posible para estabilizar la economía”. En cinco años –predice– a los inversionistas que asuman riesgos ahora les irá bastante bien.

Marc Saxer, director de la oficina de la Fundación Friedrich Ebert (FES) en la India, enfatiza otra cosa. Para él, “la era del neoliberalismo, es decir, la primacía de los intereses del mercado sobre todos los demás intereses sociales, está llegando a su fin”.

Según él, “el coronacrisis es un gigantesco campo de ensayo. Millones de personas están experimentando nuevas formas de organizar su vida cotidiana”. Y advierte contra la tentación de volver a las políticas de austeridad generalizadas, consecuencia del crecimiento de la deuda pública y privada, un proceso que se ha acentuado desde la crisis financiera del 2008.

Como se construye una historia: la lucha por el discurso

Está también la lucha por el discurso: ¿de quién es la culpa, quien la reaccionado más rápido, quién ha reaccionado mejor?

La BBC publica una entrevista con Michael Ignatieff. Lo presenta como “escritor y pensador, discípulo y biógrafo del filósofo Isaiah Berlin”, excandidato a primer ministro de Canadá y actual rector de la Universidad Central Europea (financiada por George Soros) con sede en Hungría.

Para Ignatieff “se está llevando a cabo un experimento terrible en tiempo real: cuál sistema (el democrático o el autoritario) responde mejor ante la epidemia”.

Es el nuevo terreno en el que Estados Unidos ha decidido librar su lucha contra China. En su opinión, el gobierno chino reaccionó “de una manera muy efectiva y masiva” ante la pandemia. Pero “está también el otro lado: les tomó entre seis y ocho semanas reconocer la realidad de la amenaza. Y suprimieron la evidencia que el mundo necesitaba sobre el serio brote en esa provincia”.

“Si hubieran reaccionado como cualquier sistema de salud democrático, habrían actuado más rápido”, dice Ignatieff. Pero luego agrega: –Claro, las democracias no reaccionan de manera tan rápida. Todos lo hemos visto, por ejemplo en Italia. Y cada país llegó de manera lenta a la conclusión obvia. Creo que es inevitable y no es una falla del sistema democrático.

La contradicción del relato apenas oculta la lucha por el discurso. Fue Condoleezza Rice, Secretaria de Estado de Estados Unidos durante el segundo gobierno de George W. Bush, quien planteó claramente el terreno de lucha, al afirmar que el régimen chino debería rendir cuentas por su manejo del brote de COVID-19.

Para Rice, “los chinos están tratando de crear un contrarrelato... para cambiar la narrativa sobre su responsabilidad inicial de no confesar lo que estaba pasando, a ubicarse en la posición: ‘Nos pusimos al frente de todo y así es como ayudamos al mundo’. Así es como quieren cambiar el relato. No hay que dejar que suceda”.

A esa posición se han ido sumando gobiernos aliados: los de Japón, Inglaterra, Australia y Francia, entre otros.

El propio presidente Trump se refirió al tema en una conferencia de prensa el miércoles 15, afirmando que se oye “cada vez más la historia” de un laboratorio chino en la ciudad de Wuhan donde se habría desatado la pandemia, sin agregar antecedentes que sostengan ese relato. Como parte de este discurso, Trump acusó a la Organización Mundial de Salud (OMS) de complicidad con China en el manejo de la información. Y le quitó el financiamiento norteamericano.

Washington “se ha valido de la pandemia para abrir un nuevo frente de tensión con China, y, de paso, avanzar en el objetivo declarado de desmantelar el sistema multilateral construido al término de la Segunda Guerra Mundial”, afirmó el diario español El País en un editorial el pasado 17 de abril. “Trump utiliza la pandemia contra el sistema multilateral”, afirmó el periódico.

El día anterior se había realizado una videoconferencia, liderada por Alemania, con la participación de 28 ministros de países que forman parte de la Alianza por el Multilateralismo que expresó un abierto apoyo a la OMS y pidió que no se cortaran los aportes financieros de los países miembros a ese organismo. Argentina tuvo un papel activo en esa reunión.

También el Grupo de Puebla, que reúne a líderes políticos y académicos latinoamericanos –entre ellos el presidente de Argentina, Alberto Fernández y el expresidente brasileño Luis Inácio Lula da Silva– rechazó las acusaciones contra la OMS por presunta mala gestión y encubrimiento de la expansión del Covid-19. “Este es un mecanismo que solo busca anular y perseguir a la OMS para justificar con ello las malas decisiones del gobierno de Trump ante la pandemia”, señaló el documento del Grupo Puebla.

“La OMS debe tener un rol aún más preponderante que el que tiene actualmente” y llamaron a defender a ese organismo ante “los ataques que intentan debilitarla”.

Al contrario de las recomendaciones de la OMS, Trump ha salido a apoyar en tweets las  manifestaciones de grupos que salen fuertemente armados a protestar contra gobernadores y alcaldes de estados y ciudades norteamericanas que han impuesto la cuarentena como manera de enfrentar la expansión de la pandemia.

 –¡Liberen Minnesota! ¡Liberen Michigan! ¡Liberen Virginia!, escribió el mandatario, enfrentándose a las decisiones de las autoridades locales, pese a que Estados Unidos tiene el mayor número de casos y de muertes en todo el mundo, con más de 761 mil infecciones confirmadas y de 40 mil muertes hasta el domingo 19 de abril.

“Libres o muertos”, afirman quienes protestan, para reivindicar lo que estiman como su derecho a reunirse y hacer vida social y laboral, en manifestaciones que podrían elevar las tensiones en el país.

La construcción de un relato que responda a las inquietudes de Condolezza Rice está en pleno desarrollo. Diarios como el Washington Post, la cadena Fox o la agencia de noticias argentina Infobae, participan en la construcción de ese relato. Otros medios se van sumando luego, de modo a ir extendiéndolo y transformado las especulaciones iniciales, tratándolas como se fuesen hechos reales.

“Diarios estadounidenses han asegurado que el coronavirus Covid-19 se originó en el laboratorio del Instituto de Virología de Wuhan como parte de un programa de investigación viral chino y no de un murciélago comido en un ‘mercado húmedo’ de animales de Wuhan”, cita un medio chileno, refiriéndose al texto originado en Estados Unidos. 

La ‘creciente confianza’ en estas afirmaciones “proviene de documentos y pruebas clasificados y de código abierto, según revelaron fuentes a Fox News, que ha solicitado ver la evidencia directamente”, agrega el medio, dejando en evidencia la naturaleza imprecisa de las fuentes a las que se refieren. Concluye diciendo que “las fuentes enfatizaron, como suele ser el caso con la inteligencia, que no es definitivo y no debe caracterizarse como tal. Algunos dentro de la administración y las comunidades de inteligencia y epidemiología son más escépticos, y la investigación continúa”.

Más allá de la pandemia

Esta “guerra de palabras”, el esfuerzo por construir un relato es solo una cara de una tensión que tiene expresiones mucho más concretas. El mismo jueves 16 un proyecto de ley fue introducido en el congreso, en Washington, para crear, por primera vez, un fondo de contención contra China por seis mil millones de dólares. Se trata del despliegue de un sistema de defensa de misiles y construcción de nuevas instalaciones militares en países amigos en la región del Pacífico.

El concepto de una Iniciativa Indo-Pacífico de Disuasión, como la llaman, “tiene el apoyo no solo de halcones republicanos contra China, como el senador Josh Hawley y archiconservadores como el presidente republicano en el Comité de Asuntos Militares del Senado, senador Jim Inhofe, sino también del presidente demócrata Comité de Asuntos Militares de la Cámara, el representante Adam Smith”, afirmó Joe Gould en un artículo publicado la semana pasada en la Revista Foreign Policy.

El proyecto se superpone a solicitudes presentadas al Congreso por el Comando Indo-Pacífico de las fuerzas armadas norteamericanas para el quinquenio 2021-2026 por 20,1 mil millones de dólares, que permitiría instalar un sistema integrado de misiles en la isla de Guam, un sistema de defensa de radar en Hawai y financiar el despliegue de nuevos misiles de precisión de largo alcance en la región, en bases en Japón o Corea del Sur.

Como dice Torres, la orquesta del Titanic sigue tocando, aunque suene algo desafinada.

(* Historiador, Escritor y Periodista)

(Este artículo también fue publicado en el Semanario UNIVERSIDAD)