México, DF. En la cara más espeluznante de la violencia del narcotráfico en México, cientos de niños y adolescentes han muerto, primero víctimas de fuegos cruzados y más recientemente por cárteles que los asesinan para enviar horrendos mensajes a sus rivales.

En la pugna por territorios y las rutas de las drogas entre sanguinarios grupos de traficantes, la población más vulnerable que hasta un tiempo era respetada por los narcotraficantes, está siendo atacada, dejando desoladas a familias enteras y despertando preocupación en las Naciones Unidas y activistas.

Desde que el gobierno lanzó una ofensiva contra los cárteles a fines del 2006, unos mil 300 menores, incluyendo a recién nacidos, han fallecido en hechos ligados al narcotráfico o el crimen organizado, según datos de la organización civil Red por los Derechos de la Infancia en México.

En algunos casos, niños han sido descuartizados como forma de enviar mensajes de amedrentamiento entre bandas rivales.

En la fronteriza Ciudad Juárez, el peor foco de violencia y la principal ruta de drogas a Estados Unidos, sicarios han entrado a fiestas juveniles, como celebraciones de cumpleaños, disparando indiscriminadamente y matando a decenas de menores.

Las masacres de ese tipo crecieron en el 2010 en la urbe fronteriza con Texas por la lucha entre un capo de la droga local que trata de repeler al poderoso cártel de Sinaloa.

Los niños y muchachos asesinados forman parte de las más de 40 mil muertes en el país vinculadas con la violencia del narcotráfico que se registran en el país desde que el presidente Felipe Calderón asumió hace cuatro años y medio y lanzó operativos frontales contra los cárteles.

Según la Red por los Derechos de la Infancia, de enero a junio de este año se registraron en el país unas 130 muertes de niños por violencia ligada al narcotráfico, en comparación con los 82 casos del mismo periodo del año pasado.

Para Javier Oliva, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), las ejecuciones por encargo contra menores muestran la descomposición de la criminalidad y el alto nivel de violencia que son capaces de promover los cárteles por el control del mercado de las drogas.