El bloqueo del ELA por parte del BCE fue lo que impidió que los ciudadanos griegos pudiesen acceder a su propio dinero y sus ahorros por haberse atrevido su gobierno "soberano" a convocar un referéndum sobre la austeridad. El Presidente del BCE intenta ahora disimular sus vergüenzas alegando, cínicamente, que solo el gobierno heleno tiene la autoridad y la responsabilidad de haber impuesto a los griegos el ´corralito´ sobre los depósitos y los controles de capitales inmediatamente después del bloqueo de ELA. Pero, ¿qué alternativa le quedaba al gobierno una vez que el bloqueo del ELA cortaba de raíz la capacidad de la banca griega de financiar la compra y el suministro de billetes a sus depositantes? ¿Cómo no iba el gobierno a racionar el suministro de billetes después de que el BCE limitase la liquidez necesaria para seguir suministrando esos billetes? Mentiras tan crudas ya no son capaces de engañar a nadie.

En la conferencia de prensa del 16 de julio, Draghi dio a entender que una de las razones por las que el BCE bloqueo el ELA fue para evitar seguir financiando la fuga de depósitos, que se aceleraba. Pero, ¿cómo no se va a acelerar la fuga de depósitos, si la ciudadanía no puede ni siquiera confiar en que su propio banco central vaya a estar dispuesto "a hacer lo que sea" para garantizarle el suministro de su propia moneda? ¿Cómo puede haber confianza en el suministro de moneda por parte del banco central si este transmite constantemente la impresión de estar dispuesto a conspirar para expulsar a uno de sus propios estados-miembros de la zona euro si las decisiones políticas de sus ciudadanos no son de su agrado?

Los jerarcas del BCE, la Comisión Europea y del Eurogrupo actuaron plenamente conscientes de que la capacidad del ELA de intimidar a la población constituiría, sin lugar a dudas, el principal activo de la campaña a favor del "Si" a sus propuestas de austeridad. Confiaron ciegamente en el activo del miedo. No tenemos más que recordar las infames palabras del Vice-Presidente del BCE, citadas en la prensa dos días antes del referéndum del 5 de julio, advirtiendo públicamente a los griegos de que si se atrevían a votar "No" sería muy difícil que el BCE pudiese continuar el suministro del ELA. El presidente de la Comisión Europea, diversos gobernadores del Eurosistema y un coro de ministros del Eurogrupo se pronunciaron en el mismo sentido a lo largo de la semana previa al 5 de julio.

Cuando ese día la mayoría de los votantes griegos cometieron la osadía de desobedecer y desafiaron la campaña de miedo y de chantaje del BCE y las instituciones Europeas, el ELA fue de nuevo la principal arma de la que se valió el Eurogrupo para obligar al gobierno griego a traicionar el veredicto aplastante contra la austeridad del referéndum. Aunque se ha convertido en lugar común comentar que los Tratados Europeos no contemplan la posibilidad legal de que un país sea expulsado o abandone el euro, en verdad, poca falta hace: la experiencia reciente demuestra que el uso del ELA para negar el suministro de euros a un país miembro de la zona euro constituye el instrumento más efectivo para expulsar de facto a cualquier país de la unión monetaria.

Un largo historial de intimidación

El uso del ELA contra los pueblos de Europa no empezó con el referéndum griego, ni siquiera lo hizo con Grecia. No. Desgraciadamente el uso intimidatorio del ELA tiene una trayectoria mucho más rica que recorre buena parte de la historia de la última crisis financiera en el viejo continente. Las cartas dirigidas por el ex Presidente del BCE, Trichet, en 2010 al entonces ministro de finanzas irlandés nos ofrecen un vivo ejemplo de ello. El BCE se vio obligado a hacerlas públicas en 2014. En estas cartas, se puede apreciar como la amenaza directa del BCE de no continuar suministrándo liquidez de emergencia, a través del ELA, a la asfixiada banca irlandesa obligó finalmente a un reticente gobierno irlandés a plegarse y suplicar un programa de "rescate" neoliberal a la Troika. El tono de la segunda carta (19 de noviembre 2010) de Trichet al ya desesperado ministro irlandés no tiene desperdicio: " …solo si recibimos por escrito un compromiso firme del gobierno irlandé s hacia el Eurosistema sobre los cuatro puntos que paso a enumerar podremos autorizar un aumento del ELA a las instituciones financieras irlandesas". Los ´puntos´ consistían en: pedir un programa de ´rescate´ al Eurogrupo y comprometerse a ´tomar acciones decisivas´ en cuanto a ´consolidación fiscal´, ´reformas estructurales´ y a ´restructurar su sistema financiero´. Algo que pudiese parecer completamente surrealista en cualquier otra parte del mundo se convertía en práctica habitual en la zona euro: el Presidente de un banco central le dictaba las políticas económicas a sus propios gobiernos bajo la amenaza de no continuar ejerciendo funciones básicas de un banco central, como son actuar de prestamista de última instancia durante una crisis bancaria o suministrarle el medio de pago a uno de sus países.

El 21 de marzo de 2013, también bastó un comunicado del BCE amenazando con cancelar el suministro del ELA a los bancos chipriotas, para doblegar al parlamento de ese país, que hasta entonces se había resistido a aprobar el programa neoliberal que la Troika le querría imponer a su gobierno. ¿Suena familiar? Debería, porque siguió un procedimiento muy parecido a lo que acabamos de presenciar en julio de 2015 en Grecia. El BCE también condiciono el suministro del ELA a Grecia al voto favorable del parlamento heleno al humillante acuerdo del 12 de julio de Tsipras con Merkel y Hollande.

Con estos antecedentes, ¿Cómo es posible que el gobierno Tsipras se quedase paralizado ante el empleo de la misma arma que ya había empleado el BCE, actuando de matón del Eurogrupo, para doblegar al menos a otros dos gobiernos antes que al suyo? Sin duda pensaron que la amenaza de impago, acompañada de pequeños actos de demostración, como el impago al FMI a finales de junio, bastaría para impresionar al Eurogrupo. Ciertamente ni el gobierno irlandés ni el chipriota se habían atrevido a tanto antes. Pero la amenaza de un impago gradual nada podía contra la capacidad del BCE de dejar a Grecia sin moneda de la noche a la mañana.

Rindiendo cuentas sobre el uso del ELA

Se nota que esta vez el escándalo público suscitado por el acto intimidatorio del BCE hacia el gobierno y el pueblo griego ha sido mayúsculo. Durante la conferencia regular de prensa del BCE sobre política monetaria del 16 de julio, el Presidente del BCE, Mario Draghi, se vio obligado a dedicarle nada menos que las dos terceras de la misma a responder a preguntas detalladísimas de los periodistas sobre el bloqueo del ELA a Grecia. Nunca antes el ELA había recibido tanta cobertura. Durante la conferencia se podía apreciar a un Draghi claramente incómodo y a la defensiva, que soltaba un cumulo desordenado de razonamientos, a veces medio legales, otras cargados de falsa moralidad, y a menudo contradictorios entre sí para tratar de justificar como fuese el bloqueo del ELA.

Los gobernadores del BCE nos aseguran cínicamente que el banco central es una institución ´independiente´, ´sujeta a reglas´ y que nunca toma decisiones ´políticas´. Dejemos de lado por un momento el hecho de que no deja de ser curioso interpretar que congelarle el suministro del ELA a un país expresamente por haber convocado un referéndum no tiene un marcado carácter político. Pero si esto fuese realmente así, ¿porque no se permite a la ciudadanía comprobarlo rindiendo cuentas de las discusiones en el seno del Consejo de Gobierno del BCE que llevaron al bloqueo del ELA? ¿Por qué no muestran las actas de esas reuniones? Parecería lo mínimo que se merecen los ciudadanos europeos, cuyo banco central puede decidir de la noche a la mañana negarles el uso de su propia moneda. ¿Qué es lo que temen no poder ocultar? Algunas de las preguntas dirigidas a Draghi durante la conferencia de prensa apuntaban en esa dirección.

En los EE.UU, el Gobernador del banco central estaría sin dudar acudiendo ya obedientemente al Congreso americano para someterse a un interrogatorio implacable por parte de los congresistas. Claro que los EE.UU tiene una constitución que especifica que la política monetaria es responsabilidad del Congreso y que el banco central actúa simplemente como un ´servidor´, ´un agente´, en el que el Congreso ha delegado una tarea concreta. En la ´democrática´ U.E. el Parlamento Europeo no tiene absolutamente ninguna autoridad sobre el BCE y sus opiniones sobre lo que hace o deja de hacer su banco central pueden ser simplemente ignoradas por este a conveniencia. En la U.E., como estamos viendo, el amo es el banco central y los siervos los parlamentos nacionales, que implementan la legislación económica neoliberal a la que este condiciona el suministro de la moneda.

Manual de empleo del ELA: ¿reglas de juego o fuego a discreción?

A pesar de su relevancia para la vida social y política de millones de ciudadanos europeos (o precisamente debido a ello), las discusiones, justificaciones legales y decisiones que rodean el uso del ELA continúan hoy rodeadas de un secretismo y falta de transparencia casi absolutos. Por no hablar de la falta de consistencia lógica de las reglas del ELA que se han dado a conocer públicamente. Solo en los últimos años ha comenzado el BCE a publicar unos documentos cortos (2 páginas) describiendo de modo muy general las condiciones que justifican su uso.

En estos reglamentos, el propio BCE explica que el uso del ELA está legalmente cubierto por el artículo 14.4 de sus estatutos. Este último establece que el ELA es una “tarea nacional” bajo la responsabilidad de los Bancos Centrales Nacionales (BCNs) que forman parte del Eurosistema. La implicación legal es que la decisión y la iniciativa de conceder el ELA, en principio, recae exclusivamente en los BCNs. Al contrario que las operaciones normales de provisión de liquidez del Eurosistema a la banca, el riesgo y los costes de impago del ELA corren exclusivamente a cargo del BCN relevante y no son compartidos con el resto de los BCNs que componen el Eurosistema. Parece lógico: el BCN decide conceder ELA a los bancos de su país, y el BCN asume todos los riesgos de esa decisión.

Sin embargo, existen dos condiciones que legalmente justifican el veto del Consejo de Gobierno del Eurosistema a la decisión de conceder ELA de un BCN a sus propios bancos: primero, que el supervisor competente establezca que los bancos que se van a beneficiar de ELA son insolventes; segundo, que la concesión de ELA no interfiera con los objetivos y tareas del Eurosistema-BCE contemplados en los artículos 2 y 3 de los estatutos. El veto del Consejo de Gobierno a una petición del BCN solo se puede imponer con el voto de las dos terceras partes de los gobernadores y miembros de la ejecutiva del BCE que lo componen. En la conferencia de prensa del 16 de julio, Draghi clarificó que, en realidad, esto significa que las dos terceras partes de los miembros del Consejo tienen que votar diciendo que ´no tienen objeciones´ a la petición de ELA. Un doble negativo, que significa que, de hecho, las dos terceras partes tienen que votar activamente a favor de la petición de ELA, cuando en realidad el artículo 14.4 dice que la concesión de ELA es fundamentalmente una responsabilidad del BCN, que solo se puede vetar de manera excepcional. Esta técnica del ´doble negativo´, descubierto hace mucho por la Comisión Europea para dificultar la votación a favor de excepciones a la aplicación de las reglas de disciplina fiscales, asegura que lo que se convierta en excepción no sea el veto a ELA, sino su concesión.

Como todos los textos legales, las disposiciones sobre la concesión del ELA incurren en todo tipo de contradicciones. Por ejemplo, el artículo 3 especifica que legalmente una de las tareas fundamentales del Eurosistema es la de "promover el buen funcionamiento del sistema de pagos" (3.1) y "contribuir a la estabilidad del sistema financiero" (3.3). A cualquiera puede parecerle obvio que negarle el suministro de su propio medio de pago a un país miembro de la zona euro, bloqueando el ELA, entra en flagrante contradicción con la tarea de "promover el buen funcionamiento del sistema de pagos" y "contribuir a la estabilidad del sistema financiero".

Durante la conferencia de prensa del 16 de julio, Draghi tuvo la desfachatez de explicar que eso de ser responsable del buen funcionamiento del sistema de pagos se refiere a ¨Target-2¨ (el sistema de pagos en euros de dinero electrónico de banco central) y a la distribución de billetes físicos, pero que nada tiene que ver con la provisión de liquidez a través del ELA. Como si el buen funcionamiento de Target-2 y el suministro de billetes no tuvieran nada que ver con el acceso del sistema bancario al suministro de liquidez del banco central. El sistema bancario de hecho solo puede adquirir billetes físicos financiando su compra con la financiación obtenida del banco central. Quizás lo que Draghi intentaba hacerle creer al periodista es que en realidad estaba hablando con el Presidente de una empresa de transporte de billetes y no de un banco central.

En la misma conferencia, Draghi reconoció que a menudo justificar los distintos objetivos detrás de las decisiones sobre ELA del BCE puede resultar ´complicado´. A veces hay que ponderar si el daño que puede causar la decisión de bloquear ELA a la capacidad del Eurosistema de cumplir con sus tareas legales se debe anteponer o no al beneficio de proteger al Eurosistema contra el riesgo de un potencial impago. ¡No es fácil, señores!

Uno podría esperar, por lo tanto, al menos una explicación de cómo se ponderan los costes y beneficios relativos de bloquear ELA en cada caso concreto y cuáles son los límites legales de cada interpretación concreta de las reglas. Por ejemplo, ¿Cómo se puede justificar la restricción de ELA bajo el pretexto de contribuir a la estabilidad financiera, cuando la misma medida puede dañar también la estabilidad financiera de un país y el funcionamiento de su sistema de pagos? Sin embargo, los escuetos comunicados publicados por el BCE anunciando decisiones importantes sobre ELA ni tan siquiera pretenden dar semejantes explicaciones.

En el comunicado que el BCE publico el 28 de junio anunciando que había decidido bloquear el suministro de ELA a Grecia, brilla por su ausencia cualquier referencia a las dos únicas razones que, de acuerdo a las propias reglas del BCE, permiten tomar una decisión tal: insolvencia del sistema bancario o interferencia con los objetivos y tareas del Eurosistema. En cambio, se menciona que la decisión ha sido desencadenada por la iniciativa del gobierno griego de convocar un referéndum y por la falta de acuerdo de ese gobierno con el Eurogrupo para prolongar el programa de ajuste de la Troika. Dos factores estos totalmente ajenos a las propias reglas del BCE que determinan el uso o no del ELA. El mismo comunicado, sin embargo, menciona cínicamente que el Consejo de Gobierno del BCE continuará trabajando estrechamente con el Banco Central Griego para mantener la estabilidad financiera. Curioso modo de contribuir a la estabilidad financiera (uno de las tareas fundamentales del BCE de acuerdo al artículo 3 de sus estatutos) al bloquear el sistema de pagos de un país y provocar la imposición de un ´corralito´ que restringe el acceso a su propia moneda a los ciudadanos de un estado miembro de la unión monetaria.

El BCE a menudo se defiende alegando que legalmente no puede financiar a bancos o sistemas bancarios ´no solventes´ y que hacerlo sería, además, equivalente a ´financiar al gobierno´ (algo terminantemente prohibido por el artículo 123 del Tratado de la UE). La razón es que son los gobiernos los encargados de financiar fiscalmente la resolución o recapitalización de entidades bancarias no solventes y no el banco central, que debe centrarse en la política monetaria sin interferencias de la política fiscal. Pero, ¿quién decide que banco o bancos son solventes y cuáles no? El supervisor bancario. Pero se da el caso que, ni el nuevo supervisor único europeo ha hecho ninguna declaración diciendo que los bancos griegos han dejado de ser solventes, ni en el pasado lo hicieron los supervisores irlandeses o chipriotas cuando el BCE amenazaba a sus gobiernos con denegarles el ELA.

En la conferencia de prensa del 16 de julio Draghi admitió que, de acuerdo con el supervisor, el sistema bancario griego era solvente cuando decidieron bloquear el ELA y que seguía siéndolo entonces. Sin embargo, se justificó alegando que una cosa es que los bancos sean solventes en un momento dado y otra que exista un riesgo de que puedan dejar de serlo en el futuro debido a la posible insolvencia también futura de su gobierno. El BCE juzgó que existía un riesgo de insolvencia del gobierno griego, que se traduciría en riesgo de solvencia de su sistema bancario y, por lo tanto, también en riesgo de solvencia del banco central griego. Parece obvio que el propio BCN griego no consideraba que concederle más ELA a sus bancos podía poner en peligro su propia solvencia, ya que de otra manera nunca hubiese formulado una petición de ELA. Esto implica que, aunque no haya explicado bajo que reglas, por lo visto el BCE piensa que se puede atribuir la capacidad de anular la opinión de un BCN sobre el riesgo que corre su propia solvencia y bloquear así su petición de ELA. Curiosamente, en cuanto el gobierno griego aceptó un nuevo programa de ajuste neoliberal de la Troika, este potencial riesgo futuro de insolvencia desapareció repentinamente del horizonte y permitió desbloquear el suministro del ELA. La intención es clara. Al recurrir a un ´potencial´ riesgo futuro de insolvencia, el BCE queda exento de la responsabilidad de tener que justificar detalladamente cualquier problema de insolvencia realmente existente en el momento que convenga bloquear ELA. La vaguedad interpretativa da mayor flexibilidad.

El último recurso del BCE, por lo tanto, es decir que si no se aplican los programas de ajustes neoliberales de la Troika hay un riesgo sistémico de que el sistema bancario de ese país pueda convertirse en no solvente y que, entonces, el banco central se tiene que proteger limitando su exposición al ELA. ¿Hablamos en serio, señores? ¿Qué deberíamos entonces pensar del caso griego, donde los resultados de 5 años de aplicación de las recetas de la Troika parecen haber empeorado notablemente la situación del sistema bancario de ese país simplemente a juzgar por el hecho de que, durante ese periodo, los créditos morosos han aumentado hasta acaparar casi la mitad de las carteras crediticias de los bancos griegos? El mayor riesgo de solvencia de la banca griega parecería ser el daño que le va a hacer a su economía un nuevo programa de ajuste neoliberal. Si hay un riesgo potencial de insolvencia, ¿No parece raro ayudar a que ese mismo riesgo se materialice, cortándolo el suministro de liquidez a todos los bancos de un país entero? ¿No repite públicamente una y otra vez el BCE que una de las lecciones de la crisis es que hay que desligar el riesgo de impago soberano del bancario? Entonces, ¿por qué le corta el suministro de liquidez al sistema bancario por un problema de la Troika con su gobierno? ¿No es acaso esta la mejor forma de garantizar que los bancos y el gobierno de un mismo país siempre se hundan juntos? ¿Deberían los bancos de un país dejar de recibir financiación de su banco central porque la Troika ya no quiere financiar a su gobierno?

Lo cierto es que el ELA, es el arma más eficaz de que dispone hoy la oligarquía europea para imponerle el programa neoliberal a los pueblos de la zona euro, arrasando a cualquier gobierno o parlamento democráticamente elegido que se le resista. Si no comprendemos como funciona y se emplea esté arma difícilmente podrán los pueblos que aspiran a construir una sociedad más justa y democrática hacer valer su voluntad.

Grecia ha perdido una batalla, le queda por ganar la guerra

Muchos piensan que, tras la claudicación de Tsipras, está todo perdido. Sin embargo, muy pronto se verá como el acuerdo del 12 de julio es solo una batalla que forma parte de una guerra mucho más larga, que en realidad acaba solo de empezar. La propia Troika sabe muy bien que a medio plazo no puede confiar ni en Tsipras ni en un gobierno de Syriza para llevar a cabo el programa de ajuste. La razón es que sabe que ni uno ni otro creen en ese programa y que son demasiado influenciables por el espíritu de resistencia del pueblo griego. Hasta el propio Tsipras declara en sede parlamentaria que es un mal acuerdo y solo lo justifica por la falta de alternativas en el momento en que se vio obligado a firmarlo.

El objetivo de la Troika, por tanto, no puede ser otro que el de ganar tiempo hasta finalmente poder derrocar al gobierno de Syriza. Objetivo este que la Troika se vio temporalmente obligada a posponer tras el inesperado resultado del referéndum del 5 de julio. En los próximos meses la Troika se centrará en desmoralizar, dividir y debilitar a Syriza, y en anegar la voluntad de resistir de ese ´terco´ e ´insumiso´ pueblo griego. Ahora corresponde al gobierno griego prepararse mejor para el próximo asalto.

Cuando llegue ese momento, sería conveniente que contase con un verdadero plan de actuación y de medidas que ofrezcan un contrapeso real al arma más mortífera de la que continuará disponiendo la Troika en su arsenal. Un arma que sin duda volverán a usar: lo llaman ELA. La próxima vez no nos volvamos a dejar sorprender por ella.