Con las expectativas cumplidas -o sobrepasadas, según la formación-, Podemos confía ahora en que la manifestación del pasado sábado traiga consigo una suerte de efecto Sol que contagie a aquellos que todavía no se han echado en los brazos de Iglesias porque o bien siguen indecisos con el proyecto o bien todavía confían en otros partidos como PSOE, Izquierda Unida, UPyD e, incluso, PP; y que también están hartos porque se sienten maltratados por las consecuencias de la crisis o creen que urge una regeneración del sistema democrático.

A ellos se intenta seducir una y otra vez, incluso moderando el lenguaje y las propuestas. Podemos les necesita para levantar la "mayoría social" a la que tanto aluden sus dirigentes para derrotar al PP, y la marcha del 31 de enero, a las puertas de un año electoral decisivo, que culminará en noviembre con las generales, puede darles ese efecto multiplicador que ansían.

Por eso, Podemos se cuidó el sábado de mandar dos mensajes muy claros a los que estaban en casa, a los que iban a ver la Puerta del Sol por televisión y leer sobre la manifestación en los periódicos. Lo primero, que en Podemos tienen un hueco y están a tiempo.

"Hoy somos muchos aquí pero falta mucha gente. A toda esa gente le tendemos la mano. Hayáis votado lo que hayáis votado, vengáis de donde vengáis, confiarais antes en los unos y los otros, si os indignáis con lo que pasa en nuestro país, si creéis que las cosas pueden ser diferentes [...] Sois nuestra gente", dijo el secretario de Política, Íñigo Errejón. "No importa de dónde vengamos, importa hacia dónde caminamos y caminamos hacia un país justo, con soberanía, de ciudadanos y no de siervos que tienen miedo al día de mañana", remató en su llamamiento, sobre todo, a los votantes del PSOE e IU.

El segundo mensaje fue una invitación a no perder el tren del "cambio" y de la historia porque, dijo Luis Alegre, la foto de Sol estará en unos años "en todos los libros de texto".