Imagen. Collage. Fotos G.Lopes. A la izquierda el padre español Paco (Francisco) Ortega, a su lado el migrante hondureño Juan Galdames. 

Converso por Whatsapp, desde Costa Rica, con el padre Paco (Francisco) Ortega, 77, de Granada, Andalucía. Dirige la Casa del Migrante, una institución de la iglesia Católica en el Petén, a unos 450 km al norte de la ciudad de Guatemala y a unos 65 km de Tikal, en la Reserva de la biosfera maya. La casa está en Santa Elena, cabecera departamental del Petén.

–La pastoral social de la iglesia descubrió, hace tiempo, que esta era una ruta de paso de migrantes centroamericanos, principalmente de hondureños en busca de su “sueño americano”, cuenta el padre Paco.

“Iban a la pastoral a pedir ayuda y la pastoral empezó a pensar en construir una casa de atención de inmigrantes. En septiembre del 2016 se abrió esta casa, construida en un terreno de la iglesia y sufragada por ACNUR.

-- Experiencia jodida --

“Llevamos cuatro años funcionando y el flujo de personas es cada vez mayor, sobretodo de hondureños. De cada cien personas, por lo menos 90, o 95, son hondureños. Raramente pasa un salvadoreño, o un nicaragüense. Y naturalmente, ningún costarricense. También hay muchos migrantes guatemaltecos, pero no salen por aquí.

“Mi experiencia aquí es, a veces, jodida. “No todo son cosas buenas. Pasan muchos jóvenes criados en la calle, sin padre, ni madre… Hay que comprender que no siempre vienen con una disciplina para aceptar las reglas de la casa.

Comenzamos a conversar el martes 26. Volvimos a hablar el día siguiente. Hoy –dice el padre, el martes– “nos hemos levantado con 32 inmigrantes dentro de la casa. Nos levantamos a las seis de la mañana. A las siete desayunamos: dos huevos revueltos y frijol ‘parado’ (entero, unos frijoles muy ricos), con dos tortillas y café.

“La gente ha comido y ya saben que deben seguir su camino. Solo pueden estar aquí una noche. Normalmente tenían dos noches, pero ahora es solo una. Estamos recibiendo el influjo de la caravana que se lanzó a la calle en San Pedro Sula el 15 de enero pasado. Viene mucha gente.

“La mayoría son hombres jóvenes. Pero hoy había siete mujeres, con algún niño pequeño también. Son ya las nueve de la mañana y han salido para El Ceibo, en la frontera de México. Son unos 170 km desde aquí, unas tres horas y media en carro.

“Ellos salen pidiendo ‘jalón’ o caminando. Con el inconveniente de que van a encontrar retenes militares y de la policía en el camino y los militares están demasiado agresivos. Como que la caravana multitudinaria hubiese agitado el nido de las avispas y ahora salen a picar.

“Yo se los recuerdo y les digo que den la vuelta y no pasen por los retenes, que los eviten. Ahí, lo mejor que les puede pasar es que solo les saquen dinero. Se aprovechan de que no tienen papeles y les piden plata para dejarlos pasar. Entonces es mejor no pasar por delante, dar la vuelta y tratar de seguir su camino”.

-- En su tierra están mal --

El terreno hacia la frontera es el de una sabana, con potreros con pocos árboles. Pero también está la sierra de Lacandón, de montañas bajas.

–Al llegar a México no les conviene seguir por carreteras, que están muy vigiladas, dice el padre.

“Esta mañana había uno que logró pasar a México, pero de ahí lo devolvieron y ya iba de regreso, camino a Honduras. El gobierno mexicano los tira a territorio guatemalteco, a ver qué hacen y empieza el vía crucis a la inversa. Y vuelven aquí. Se paran un día o dos. Están sin dinero, salen a ‘charolear’, a pedir limosna en los semáforos.

“En su tierra están mal, pero si deciden regresar es porque adonde llegaron las condiciones no eran mejores que en su casa. Hay algunos que lo perdieron todo, sobretodo con los dos huracanes Eta e Ilota, el año pasado

“Hoy ha salido uno de aquí, de vuelta a Honduras. Bien triste, frustrado, porque el ‘sueño americano’ (que no es ningún sueño) se les esfuma entre los dedos, se les hace agua. El intento que estaba haciendo para mejorar su vida resultó fallido.

“Se les nota una tristeza porque no han podido sacar adelante el sueño de alcanzar una mejor vida. Pero dicen que van a volver… y volver… y volver…

“Otros vuelven para arriba, son duros, hacen un tercer, o cuarto intento, para seguir adelante. Ya unos han pasado por aquí tres o cuatro veces. Pero algunos deciden volver. Más vale lo conocido que mucho por conocer”.

-- Los pararon a palos --

“He ido a la frontera otras veces, pero ahora no he llegado hasta allá. Mi trabajo está aquí, en Santa Elena.

“He visto en estos días grupos de muchachos caminando. Esta caravana que acaba de entrar al país la pararon a palos. Se vieron las imágenes de la gente corriendo, pisoteándose entre los mismos inmigrantes, ante la agresión de las fuerzas de seguridad, que seguían las directrices del gobierno de turno.

“La frontera ha estado muy difícil de cruzar. Según cuentan, están supervigiladas. Les digo a los que salen de aquí. Han metido ahí a cientos de soldados, de policías en la misma frontera. ¡Una barbaridad! No quieren dejar pasar a nadie, a las órdenes del mal recordado Donald Trump”.

-- Nos quebramos la cabeza --

De Andalucía, el padre Paco vive en Guatemala hace 42 años. Hace cuatro a cargo de esta casa, en el Petén.

Nos habla de su vocación. –Yo estoy aquí por que soy un hombre de fe, creo en el proyecto de Jesús, que nos marcó un camino de servicio, de entrega a los más necesitados. Lo que hagas por estos pequeños a mí me lo estás haciendo, dijo.

“Lo mejor que se puede hacer es estar del lado de los marginados, de los necesitados. A mi edad se me ofreció la oportunidad de encargarme de esta casa. Estoy aquí desde que se abrió, en septiembre del 2016, hace ya cuatro años. Esto da sentido a mi vida.

“Guatemala, de los 42 años que llevo por acá, está fatal. Está peor que cuando se inició el conflicto armado. Las causas que motivaron el conflicto, justificadas en aquel momento, han vuelto. Pero el sistema neoliberal, capitalista salvaje, que se está imponiendo en todo el mundo, hoy ya no permite condiciones para rebelarse, ni exigir derechos. La gente está aplastada, callada.

“Guatemala va por mal camino. Aunque con menos conocimiento de causa, podría decir lo mismo de Honduras. La prueba es que, de Guatemala, salen bastantes más migrantes para Estados Unidos que de Honduras. Pero no pasan por aquí. Salen por Tecún Umán (en la costa del Pacífico).

“Firmaron acuerdos de paz y luego se burlaron de estos acuerdos. Siguen gobernando en Guatemala los mismos militares que siempre han tenido el poder, los mismos millonarios, que se pueden reducir a ocho familias, a ocho apellidos. Son ellos los que ponen las condiciones. El bien común es como una espuma, se diluye, se la lleva el viento.

“Guatemala está mal. He luchado porque esta situación cambie y sin embargo veo que no, que no, que no… Topamos contra un muro muy fuerte y nos quebramos la cabeza. Solo saben acallar a la gente con la fuerza de las armas”. 

 

JUAN GALDAMES, MIGRANTE HONDUREÑO

La gente nunca para de hacer viaje

Por Gilberto Lopes. – Son casi las siete y media de la mañana. Yo estoy en San José. Juan Galdames no. Ha dejado su tierra, su casa, su familia, una mujer y dos hijos pequeños. Está en la Casa del Migrante, en el Petén guatemalteco. No lejos de la extraordinaria ciudadela maya de Tikal.

-- Vengo de Honduras --

–Vengo de Honduras, del departamento de Santa Bárbara, cuenta Galdames.

He andado por la zona. En otra época, sobre todo en los años de la guerra en Centroamérica. En el siglo pasado (ahora, casi todo lo que recuerdo fue en el siglo pasado). Pero no recuerdo Santa Bárbara. Quizás estuve ahí también. La busco en el mapa. Una ciudad modesta, enclavada entre montañas suaves, al sur de San Pedro Sula, la capital industrial de Honduras.

Vea el mapa: al oeste, casi en la frontera con Guatemala, a unos 170 km de Santa Bárbara, están las ruinas de Copán. Un lugar extraordinario. Como Tikal, fue abandonada por sus habitantes mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles. No se sabía bien por qué; pero no he acompañado los estudios sobre el tema. Es probable que hoy se tenga alguna idea más clara. O quizás no.

A Copán fui tres veces; la primera, en 1976. Después volví.

Está casi en la frontera. Se cruza a Guatemala por la frontera de Florido. Si no recuerdo mal, cruzando un pequeño río. Pero de eso hace muchos años…

Unos cien kilómetros al sur está la ciudad de Esquipulas. Ahí se firmó, en 1986, un acuerdo para poner fin a los conflictos de entonces en Centroamérica. Estaban los presidentes de los cinco países: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Yo estuve ahí. Se firmó en medio de la guerra que la administración norteamericana de Ronald Reagan promovía en Centroamérica. Contra el régimen sandinista de Managua.

Centroamérica era entonces un punto caliente de la política mundial. Faltaban solo tres años para el derrumbe del socialismo en los países del este europeo y la caída del muro de Berlín. Había periodistas de todas partes. Fue entonces cuando, de nuevo, pasé por Copán.

Viajaba solo, en carro. No dejaba de ser una aventura. Pero nada, naturalmente, que ver con la del hondureño Juan Galdames.

-- Salí de Honduras el domingo --

–Tengo 35 años, me dice.

Hablamos por Whatsapp. Hoy es miércoles. Hace tres días que partió de Santa Bárbara. Hablamos y nos vemos. Podemos mirarnos a los ojos. Moreno, recio, sin dejar de sonreír. Una sonrisa algo triste (me parecía), desesperanzada. Pero resuelta.

–Tengo señora y dos hijos, chicos todavía. Una niña, la menor, Heidy Carolina, tiene cuatro; el otro es varoncito, Esmin Alexander. Va a cumplir siete años este 7 de febrero. Trabajé mucho en guardia de seguridad.

“Salí de Honduras el domingo 24. Yo salí solito, pero en el camino hay muchos grupos de gente con las que uno se acompaña. Me ha costado mucho porque aquí, en Guatemala, está dura la migración, la policía y todo.

“De hecho me regresaron llegando a un lugar que llaman Poptún (unos cien kilómetros antes de llegar a la Casa del Migrante, en Santa Elena).

Pero me regresé, porque no tengo nada en Honduras, nada que darle a mi familia allá. Reuní los requisitos que me pedían: una prueba de Covid y un permiso para entrar, y volví”.

–La situación en Honduras, hace años que no está nada fácil, dice Galdames.

“Los gobiernos están muy mal, se están enriqueciendo ellos solos. No están del lado de la gente pobre. A la gente pobre la dejan de otro lado. Solo ven el beneficio de ellos.

“En vez que no hay empleo y si hay empleo no le dan derechos laborales, nada. Los salarios son muy bajos, no le reconocen un derecho laboral”.

-- Todo es un riesgo --

“Voy a entrar a México. Todo es un riesgo, es como aventurar (ya está a 175 km de la ciudad fronteriza guatemalteca de El Ceibo).

“Pero hay mucha gente que sí pasa. Gente que ha estado a punto de morir de hambre, o en manos de delincuentes, o en el tren, donde los agarran. Es muy difícil, no es cualquier cosa.

“Lo que tengo en la mira es algún día entrar en Estados Unidos, eso es lo que llevamos todos en la mente.

“Trabajar, hacer sus cosas, ayudar a la familia, darles estudios, medicinas, hacerles su casita, tener lo más importante que uno quiere. Tener sus ahorros. Eso es lo que uno piensa.

“¡En el país de uno no puede! ¡Jamás! ¡No va a alcanzar nada de todo esto!”

–Es la segunda vez que intento irme, explica Galdames. “La primera fue en febrero del año pasado. Pero la migración de México me deportó. Le toman a uno sus datos, lo tienen detenido en una estación migratoria, de ahí llaman al consulado. Ellos ponen transporte, comida y todo y nos devuelven a Honduras”.

-- Seguimos camino --

–Hoy seguimos camino, me dice, ya a punto de terminar la conversación. “De hecho algunos compañeros ya han salido. La gente nunca para de hacer viaje, de irse. En el camino nos conocemos. Vamos a intentar una y otra vez. Las veces que sea necesario”.

Le pregunto cómo viaja, si a pie, en bus, ¿cómo?

–Pasan días enteros que camino, afirma. Si escasea el dinero “lo dejamos para agua y algo de comer, en vez de gastar en transporte”.

–¿Cuándo piensa llegar?

–¿Eso? ¡El tiempo lo dirá!

Le deseo suerte. Ahora escribo, tomando un café. Y pensando en cómo le irá al hondureño Juan Galdames en los caminos de Centroamérica... Hace unas tres horas que partió hacia la frontera con México. ¿Le estará yendo bien?