Héctor Ferlini-Salazar

 

1. Hay una particularidad en este proceso electoral: la presencia del movimiento social. Si bien en campañas anteriores se ha ofrecido espacios en algunas papeletas a personas de distintos sectores de lucha por derechos, lo que ocurre hoy es distinto. El movimiento social no solo reclama su presencia en el proceso electoral, sino que ese derecho ha sido reconocido por distintas dirigencias partidarias. Hasta hoy personas de movimientos sociales obtuvieron espacios en papeletas legislativas, pero en los últimos años el movimiento social se ha convertido en un actor indiscutible de la vida política nacional. A esto se suma una realidad: un alto porcentaje de la población aun no decide su preferencia electoral. Esto lejos de interpretarse como simple indiferencia en ese alto porcentaje, debemos verlo como incremento del sentido crítico en una porción significativa de esa población entre la que me encuentro. Como expresé en otro artículo, el sustantivo que mejor define al movimiento social no es elecciones, sino incidencia. Pero esa incidencia también debe darse hacia los partidos políticos y en los procesos electorales.

2. Cuando he planteado a  la demanda de una presencia real de movimientos sociales en el proceso electoral actual, se han dado respuestas que buscan cuestionar o poner en tela de duda qué es movimiento social. Se ha preguntado en tono descalificador: ¿Dónde está el movimiento social? ¿Quiénes son? Ese tono descalificador puede expresar que la persona cree que en realidad no existe, o no se quiere aceptar que existe más allá de los partidos, y en algunos casos, a pesar de los partidos. Escuché en un foro a un precandidato a diputado expresar que “el movimiento social está representado en nuestro partido, aquí todas y todos somos movimiento social”.

3. El movimiento social en su integralidad no es la estructura que podemos ver en un partido o en otras organizaciones, con sus estatutos, cabezas visibles y hasta banderas o logotipos, movimiento social es más bien una consciencia comprometida (porque se puede tener consciencia pero no compromiso). Esa consciencia comprometida, -que es el movimiento social-, reconoce la lucha electoral como una más de sus luchas, que debe aportar, como reto central, más consciencias comprometidas. Cuando hablamos de movimiento social no lo podemos ver sectorizado: mujeres, jóvenes, lucha comunal, ecologismo, diversidad sexual... El movimiento social es uno, en construcción, en tanto se avance en los dos elementos estratégicos que lo definen: valores (solidaridad, equidad, participación...) y procesos (empoderamiento, articulación, politización...). Una mujer, un hombre, una persona joven con consciencia comprometida luchará por la diversidad sexual aunque sea heterosexual. Todas y todos defendemos la naturaleza y la vida más allá de que no tengamos una presencia concreta en una organización ecologista. La salud como derecho humano se defiende por un asunto de consciencia comprometida… Hoy estoy aquí y mañana allá, es la frase que puede sintetizar la realidad del movimiento social, por ello lo he definido en algunos artículos como consciencia comprometida. Esa consciencia comprometida es la que hace posible la construcción de la fuerza social transformadora que necesitamos. La diferencia es que el partido es concreto: nombre, bandera, colores, dirigencia.... Código Electoral que lo valida... pero no necesariamente fuerza transformadora.

4. Para transformar la sociedad, que es el propósito del movimiento social, podemos reconocer tres fases: la que llamo tierra fértil donde se da la vivencia cotidiana, en la cual, cada persona se descubre parte de dinámicas de injusticia que le afectan sus derechos o los de sus semejantes. El segundo estadio es la decisión de participar en procesos de lucha colectiva por esos derechos, lo que marca el inicio de la emancipación o toma de consciencia. Este es el espacio natural del accionar del movimiento social. La tercera fase es el momento de la síntesis, donde la persona encuentra que hay otras formas de entender el mundo y las relaciones sociales. Aquí hace una nueva opción política pudiendo encontrar una agrupación electoral que le represente o no, pero asumiendo en todo caso un compromiso transformador. En este punto quiero señalar que las dinámicas políticas que de este proceso se derivan, no necesariamente define al partido como el único espacio de reflexión política para tomar decisiones relativas a los procesos. Más bien, la realidad nos muestra que el concepto de partido vive transformaciones y que no tiene ahora, como en los casos de las luchas político-militares, la categoría de “dirección”.

5. El movimiento social tiene perspectiva transformadora en tanto expresión popular en sentido histórico, es decir, como vocación de poder. Son cosas distintas: una transformar la sociedad, otra ganar elecciones. Ambos procesos son importantes y necesarios, el tema de fondo es cuál es el estratégico: ¿transformar la sociedad o ganar elecciones? Como resulta evidente, ganar elecciones es una lucha más que hay que dar, y darla bien pues el objetivo debe ser ganarla para, desde el gobierno, impulsar un proceso de transformación, - que es lo estratégico. El proceso electoral tiene entonces el valor de contribuir a la generación de consciencia socio-política, esta última, la única ruta cierta para la transformación.

6. La construcción de una fuerza social transformadora nos obliga a construir desde las comunidades (al margen de rebatiñas y protagonismos castrantes). Esta fuerza social transformadora tiene cuatro responsabilidades hoy: ser muro de contención frente a la destrucción del sistema de seguridad social, empujar el proceso de transformación, asegurar el rumbo de un gobierno popular, y ser germen de la sociedad nueva en tanto implica una práctica cotidiana transformadora en todos los niveles.

7. En esa perspectiva, hay aportes concretos del movimiento social con diversas luchas que cuestionan desde lo concreto las condiciones de vida y van construyendo una subjetividad nueva, una vocación transformadora que implica la construcción de poder político. Esas luchas se gestan y realizan desde la pluralidad del espacio popular, sin ataduras partidarias ni cartas en blanco para nadie. Precisamente luego del referendo del 2007, muchas voces se han lamentado de que ese torrente opositor al TLC no haya cristalizado en una opción electoral concordante. Me surgen al menos dos preguntas: ¿No ha sido eso precisamente responsabilidad de los partidos políticos que en las elecciones siguientes no mostraron una voluntad unitaria real? ¿No expresa esa actitud rebelde frente a las opciones electorales una positiva irrupción de una nueva forma de ver y vivir la política, ya no desde una oferta partidaria sino desde una ascendente lucha ciudadana?

8. No tener presente o reconocer que el movimiento social es por naturaleza una fuerza constructora de democracia, de espacios políticos nuevos, de consciencia social y política; negar que el movimiento social es un eslabón clave en el paso de la pasividad a la actitud transformadora y emancipadora, es caer en el grave error de cometer un secuestro de esa democracia que el movimiento social ha contribuido a crear, y para ello, se utiliza un código electoral ya superado por la historia. En su lugar, urge entonces romper el viejo paradigma para comprender que en esa lucha ciudadana estratégicamente ascendente, el partido debe ser herramienta y no fin.

9. No comprender esto constituiría un grave riesgo para la democracia, para el pueblo y para el país. Ese alto porcentaje de personas que aun no hacemos una elección partidaria, precisamente porque pensamos una democracia de otra calidad, somos en mucho un producto político del movimiento social. Si bien es cierto que hay muchas personas que simplemente la definición electoral les da lo mismo, un alto porcentaje no somos de ese grupo. Debe reconocerse más bien la influencia que toda persona del movimiento social puede ejercer en sus círculos comunitarios, laborales y familiares.

10. Esta realidad política, -en el marco del proceso electoral del 2014-, plantea una exigencia a  los partidos que declaran un compromiso con la transformación, para que reconozcan ya, que solo sobre la base de una coalición de personas, movimientos sociales y partidos, será posible alcanzar el gobierno en esta coyuntura.