La sentencia de condena de Silvio Berlusconi a cuatro años de cárcel por fraude fiscal en el caso Mediaset, la primera confirmada por la Corte Suprema de Italia entre los más de 30 juicios que ha sufrido Il Cavaliere en estos últimos 25 años y conocida ayer, está destinada a revolucionar la política italiana. Ya hay quien teme extorsiones y vendetta (venganza) por parte de los berlusconianos del Pueblo de la Libertad (PDL) que forman parte del gobierno del primer ministro Enrico Letta. Aunque el paciente Le-tta, del Partido Democrático, insiste en decir que “las sentencias no se comentan” y que “los asuntos judiciales deben estar separados de los políticos”.

“Es el fin de la vida política de Silvio Berlusconi”, dicen algunos. “La sentencia marca su decadencia definitiva. Por fin, se lo merecía”, dicen otros. Las frases condenatorias de quien fuera tres veces primer ministro y uno de los hombres más poderosos y ricos de Italia, dichas por periodistas, políticos y gente común después de conocerse la sentencia, se propagaron como reguero de pólvora. Pero ciertamente ninguna de esas frases fue tan pesada como la condena misma, que Berlusconi no se imaginó jamás que iba a tener que soportar. La Corte Suprema, después de tres días de larga y angustiosa espera –Berlusconi estaba en Roma, esperando la sentencia acompañado de sus hijos y su novia–, confirmó la condena emitida en las dos instancias judiciales precedentes que decían que Il Cavaliere era el “creador” del sistema de evasión fiscal montado por Mediaset, empresa de la familia Berlusconi que compraba derechos televisivos.

Pero, curiosamente, los cuatro años de prisión, por efecto de ciertos indultos precedentes, quedarían en realidad reducidos a un año. Un año de prisión que deberá cumplir en arresto domiciliario –dada su edad, 76 años– o a cargo de los servicios sociales.

La Corte debía expresarse también sobre una segunda condena en el mismo proceso, a cinco años de inhabilitación para ocupar cargos públicos. Esta, en cambio, fue anulada por la Corte por vicio de forma, porque según ella esa condena no podía ser mayor de tres años. En consecuencia, la Corte de Apelaciones o segunda instancia judicial deberá realizar de nuevo el juicio sobre este punto. Esto significa que Berlusconi teóricamente no queda inhabilitado para ser parlamentario, como lo es ahora. Pero sólo teóricamente, porque el hecho de tener una condena lo inhabilita. Falta sólo que el Parlamento dé la autorización para que sea arrestado y esto no será inmediatamente; tal vez sea en septiembre, porque el Parlamento empieza sus vacaciones el 15 de agosto. ¿Existe riesgo de que escape al exterior?

Todo puede suceder, pero ésa sí que sería su muerte política definitiva, como le sucedió a su gran amigo, Bettino Craxi, socialista, ex primer ministro en la década del ’80, período en el que comenzó el fraude fiscal que se le atribuye a Berlusconi. A cambio de financiar la campaña electoral de Craxi, Berlusconi consiguió el permiso, sin precedentes, para abrir sus primeros tres canales televisivos. Craxi escapó a Túnez cuando fue juzgado por corrupción y no volvió nunca más. Murió allí años después.

Algunos pocos manifestantes se habían concentrado ante el Palacio de Justicia para defender a su líder. La mayoría eran del llamado “ejército de Silvio”. Otros esgrimían la Constitución y leían en voz alta sus artículos a modo de protesta contra Berlusconi.

Desde hace varios días, el Pueblo de la Libertad (PDL) venía amenazando con la guerra total si la Corte Suprema confirmaba la sentencia. Y esto pese a que Berlusconi dijo repetidamente que la aceptaría y que no obstaculizaría el gobierno del primer ministro Letta. La defensa de Berlusconi apuntaba a la anulación total de la condena porque, sostenían, Il Cavaliere no ocupaba ningún cargo en la empresa Mediaset en el momento en que ocurrieron los hechos –entre 2001 y 2003–, dado que era primer ministro desde 2001 y lo fue hasta 2005. Pero la sentencia dice claramente que, más allá de toda duda razonable, Berlusconi –cuando estaba ya en política y no era parte del vértice de sus empresas– escondió al fisco italiano cifras imponentes. Se trata de unos 14 millones de euros en esos años. Pero la prensa italiana habla de que en total la técnica de inflar los precios de algunos derechos televisivos que compraba Mediaset habría permitido evadir a Berlusconi, desde la década del ’80, unos 360 millones de dólares.

No se trata del único juicio que tiene en marcha Berlusconi, ni tampoco de la única condena, aunque sí la primera de modo definitiva que, tal vez, no podrá evitar. En junio pasado, sin ir más lejos, fue condenado, pero en primera instancia, a siete años de cárcel por prostitución de menores y a la interdicción perpetua de ocupar cargos públicos por el delito de extorsión en el ya famoso proceso Ruby, que recuerda el nombre de la muchacha de origen marroquí que tenía 17 años cuando supuestamente tuvo relaciones sexuales con Il Cavaliere.