Heredero de una tradición familiar vinculada a este género declarado patrimonio cultural costarricense, este joven incansable ha tomado la hercúlea tarea de filmar, editar y producir por sus propios medios un documental llamado “Calypsonians de hoy”, en el cual durante diez años recopiló material vinculado al tema, entrevistando a sus máximos exponentes, y recuperando material de archivo inédito.

La versatilidad de Morales Garro se revela en sus múltiples profesiones: antropólogo, realizador audiovisual, gestor cultural, músico de una banda de calypso, y en su curiosidad incansable que lo lleva a seguir aprendiendo, indagando, explorando.

Conversamos desde Informa-Tico con Ramón para que nos cuente sobre este proyecto que acaba de ser estrenado en redes sociales.

¿Cómo fue planificar un documental de 10 años o fue más bien que fuiste captando imágenes en el transcurso de ese tiempo y luego lo recopilaste para el montado final?

Fue así más bien, la segunda opción. Empecé a hacer mi investigación para mi tesis de licenciatura de Antropología hace como diez años, pero de la mano de la observación participante y de las entrevistas yo iba grabando todo, porque me interesaba mucho. Yo siempre he sido realizador audiovisual.

Me interesaba mucho poder crear un producto con esto que había ido investigando, entonces también eso se ve un poco en el documental, que yo grababa con el conocimiento y con la cámara que tuviera a disposición en cada momento. Por eso hay cosas que no son tan técnicamente profesionales, pero tienen un valor por el contenido, como la primera entrevista que le hice a Walter Ferguson (entonces de 95 años), que es ahí sin trípode, sin nada, sin micrófono, pero todas las cosas que dijo ahí, por más que yo volví a conversar con él nunca tuve una entrevista tan fluida ni tan graciosa incluso, como esa que hice en aquel momento.

Entonces no planeé hacer un documental, no fue que hice una escaleta de lo que iba a ocurrir en el documental, sino que grabé todo lo que aconteció, y me costó mucho, esa es la forma más complicada de grabar, porque al final tenía demasiada información, de la cual tenía que decidir qué iba a colocar y qué no.

En el 2020 que se da la pandemia, y yo estoy con más tiempo en mi casa, comienzo a revisar los materiales, comienzo a crear una escaleta, a hacer un guion, a darle un sentido narrativo a todo eso, y empiezo a editar el documental. Yo lo estuve grabando entre el 2011 y 2019 y el 2020, 2021 lo edité, y también como es un trabajo que hice por gusto, era en mis ratos libres y estaba solo, prácticamente, haciéndolo. Yo me encargué de la edición, del sonido, de los subtítulos, absolutamente todo, ahí, poco a poco, lentamente.

-También tenés imágenes rescatadas, ¿cómo hiciste para acceder a eso?

Durante este año tuve la suerte de contar con las cintas abiertas del Archivo Central del Ministerio de Cultura, esas cintas estaban un poco extraviadas. Yo quería escucharlas hace años, pero nadie sabía. Gracias a la consulta que le hice a Susan Campos, que es la directora del Archivo musical de la UCR, quien conoce a Esteban Cabezas, el director del Archivo del Ministerio de Cultura, y Esteban ya las había localizado y las tenía. Él está haciendo un trabajo muy interesante de catálogo, encontrando tesoros y dándoles nomenclaturas.

Yo tenía, de casualidad, esta grabadora Reel to Reel (me la muestra) que es una maquinita que me había heredado mi abuelo (Edwin Garro, radicado en San José y coleccionista de música y de radios) y esta tiene las velocidades adecuadas para escuchar esas cintas y digitalizarlas. Me dio otros documentos, todavía estamos tratando de encontrar un archivo fotográfico y hacer relaciones con Venezuela que –en este momento es muy difícil– para recuperar el archivo fílmico del proyecto que se hizo en 1981. (En ese entonces hubo un proyecto de difusión y manifestación de las culturas de Limón. Fue financiado por la OEA y lo realizó el departamento de Antropología del Ministerio de Cultura y Juventud).

Como no tenemos archivo fílmico, yo quería ejemplificar… usar tomas de la época para apoyo, entonces lo que hice fue basarme en documentales que había el hecho el Centro de Cine, que en ese momento se llamaba Departamento de Cine del Ministerio de Cultura. Hablé con el director y le pedí permiso para usar algunas de estas películas como de referencia, y así fue como ilustré un poco más en contexto lo que me iban contando los calypsonians.

-Que es la época en que, como bien dice el documental, los calypsonians lograron salir de la región y empezar a ser vistos en San José.

Sí, y que la gente de San José comenzó a tener interés por esto. Hasta entonces, completamente desconocido. Era otro mundo.

-Hay una mirada de afuera que le da legitimidad a una cultura autóctona, que antes no tenía. ¿Vos qué opinión tenés de haber entrevistado a varios exponentes del género?, ¿tenés alguna inquietud al respecto?

En realidad, muchas. Pero respecto de esa legitimación, me parece que, en este momento, Costa Rica está atravesando un momento interesante porque hay como una cantidad de gente interesada en el calypso costarricense. Hasta Jorge Drexler ha venido a grabar, a verse con Walter Ferguson.

Gente de diferentes partes del planeta se interesa por esto, entonces eso hace que los músicos de calypso sientan que vale lo que hacen, que es especial, pero todavía no existe tanta conexión entre ese valor que tiene y las instituciones que le podrían proporcionar una dignidad al oficio, por así decirlo. Que los calypsonians pueda vivir de hacer calypso.

Bueno, en el documental aparece claramente: es muy difícil, es imposible prácticamente.

Siento que eso es importante, porque, por ejemplo, hablando de otras manifestaciones de música popular en Costa Rica, la cimarrona en Heredia es algo que interpretan los adolescentes, desde muy niños quieren hacerlo, ¿por qué? Porque es divertido, porque les da investidura social, les da ese lugar privilegiado, durante el tiempo de las fiestas de payaso, se sienten bien haciéndolo. Yo siento que eso estaba sucediendo un poco con el calypso, pero que todavía le falta más.

La legitimidad empieza en el SXXI, y ¿crees que, a partir de ahí, empiezan a surgir más las agrupaciones de jóvenes en el calypso?

Es correcto, sobre todo a partir del festival de Calypso. El primer festival se hizo en el 2003 y, conforme se iban dando más ediciones, iban apareciendo más jóvenes interesados en el calypso.

Por ejemplo: Mike Joseph, nosotros con Leche de Coco, y un grupo de Turrialba que se llama Jamaica Town, el grupo Calypsound de Siquirres, son fruto de lo que se ve en el festival del calypso, y está relacionado con la investidura social, el prestigio. Ver a los músicos en la tarima motiva a la gente joven a querer estar en la tarima y a organizarse, a hacer sus proyectos y revalorizar el calypso.

-¿Qué opinas sobre la fusión que las nuevas generaciones hacen del calypso, ¿el futuro del calypso será alguna versión fusionada?

-Yo siento que el calypso siempre ha sido una fusión. La música más tradicional que llegó a Costa Rica era el mento jamaiquino, y por suerte existen algunos registros como este que aparece en el documental de 1966, que nos hacen ver que lo consideramos como calypso tradicional, o lo que algunas personas que consideran lo que es la forma del calypso, en realidad no se parece en nada a lo que era hace 40 años, hace 70 años.

El calypso va cambiando, por eso es patrimonio cultural y no folclor, aunque algunas veces entran en folklor, pero es una expresión viva, se alimenta de las influencias y de las necesidades socioculturales que tienen las personas en cada momento, y eso le sucede al calypso. Entonces ahora se está alimentando del reggae y del hip hop, así como en los 80 se alimentó de la salsa y en los 60 se alimentó de guaracha y siempre van llegando influencias, y eso, más bien, lo enriquece.

-A qué te referís con el folclor, la diferencia, ¿cuál sería?

-Para mí el folklor es una música que lo que intenta es rescatar la forma en que se hacía en el pasado, nada más, no permite esta permeabilidad que el patrimonio sí.

-Eso también se podría reflejar en que se cante en un idioma diferente, a lo que responda a las necesidades de los jóvenes que lo tocan, no sólo en el creole que es como se solía cantar.

-Exactamente. Que se cante en español, que se cante en inglés… Lo que sí considero que es muy importante es mantener el inglés creole, y sí, el calypso tiene mucho que ver, pero no hay una relación estrecha con la lengua.

El calypso se puede cantar en la lengua que sea. Pero sería bueno que se cantara en inglés creole, porque también es una lengua que tiene rasgos culturales, una historia y tiene mucho contenido, y vale mucho el esfuerzo integrarlo en la creación de letras de calypso.

-¿En este documental tuviste algún tipo de apoyo? ¿Tenés alguna difusión en festivales o en escuelas?

-El único apoyo fue solamente una beca del instituto asociado para hacer la investigación durante el 2017, con lo cual pude costearme las giras a Limón, fue un apoyo indirecto, el resto lo financié yo.  Respecto a la difusión estoy buscando en festivales. Estamos negociando con el festival Green Moon de San Andrés y Providencia para llevarlo allá.

A propósito, yo le hice los subtítulos en inglés para que sea bien recibido por el público en el Caribe, que lo puedan ver y discutir. Estoy contactando medios de comunicación y docentes para darle más difusión, porque me interesa que lo integren dentro de sus lecciones.

La estrategia de divulgación es artesanal, al igual que lo ha sido el documental.

-Con esto de los festivales, los últimos dos años no hubo festivales en Cahuita, ¿sabés si eso afectó a la comunidad?

-Yo creo que sí, realmente yo no he ido a Cahuita en estos dos años tampoco, no sabría decirte con mi vivencia cómo lo ha afectado, pero sí siento que va a ser un poco más difícil continuar que cuando lo estaban haciendo todos los años, porque se han roto relaciones con el Ministerio de Cultura, con el Instituto Costarricense de Turismo, con la Embajada de Trinidad y Tobago que siempre nos traían un artista, todos los años y hay que volver a establecer esas conexiones.

Volver a arrancar va a ser difícil y va a requerir voluntad política. Estoy seguro de que, en el momento, en que se vuelva a organizar el Festival de Calypso va a ser un gran éxito.

-¿Algún artista que sentiste que tendría que haber estado representado en el documental y que no lograste por cuestiones prácticas que no pudiste acceder?

-Me hubiera gustado entrevistar a Roberto Holmes conocido como “Rabbat” Holmes, de Tortuguero; no aparece y es algo que no tengo mapeado en mis realizaciones, porque, por ejemplo, Siquirres no aparece tampoco, pero ya durante el año pasado realizamos un documental sobre el grupo Calypsound de Siquirres, entonces ya hay un documento reciente sobre esto, pero sobre el calypso del Caribe Norte no. Me hubiera gustado incluirlo.

-¿Todas las imágenes de los festivales de Calypso son imágenes de tu producción?

-Eso es material mío.

-¿Qué te pasó cuando viste material que habías filmado hace tanto tiempo?

-Yo fui crítico sobre el nivel técnico, uno va aprendiendo y encontrando mañas, y yo me preguntaba si ponerlo o no, pero yo sabía que tenían contenido valioso y que si no lo ponía ahora no se iba a publicar nunca, entonces fue un desafío para mí, pero de una y otra forma pude sortearlo.

Mi urgencia de publicar el documental era porque yo sabía que eso le iba a ser útil a la gente. Parte de la misión que yo tenía era recopilar los vacíos que hay de lo que se sabe del calypso, estuve buscando la forma de preguntárselos a unos y otros de los entrevistados para poder construir una respuesta certera sobre esto.

-En el documental también se ve en los discursos de los entrevistados algo de esto de la racialidad vinculada con el calypso. Se nota que hubo una confianza, que en otro contexto no hubieran dicho.

Eso parte un poco de mi historia personal, porque yo soy sobrino de un calypsonian que es mestizo, no es negro, mi abuela es negra, pero la mitad de mi familia es clara, la mitad oscura, entonces tengo un pie metido en cada lugar. Y también tengo un pie metido en el calypso gracias a la trayectoria de mi tío (Sergio “Flee” Morales, que aparece en el documental), lo cual me permite ingresar a ese mundo, y tener la confianza de los músicos, de una forma que un investigador que no está relacionado no lo tendría.

Pero siento que cualquier tipo de documento tiene una relación subjetiva con su autor, entonces, indirectamente, yo estoy contando un poco de mi historia porque yo soy el que decido qué es lo que aparece y qué es lo que no, y este argumento del color de piel a mí también me afecta porque yo soy músico de calypso, pero hay momentos en los que no se me permite, o no me siento cómodo porque tengo este color de piel, pero mi sangre es tan  mezclada como todas las demás, entonces yo siento que la apariencia no importa tanto, pero muchas veces sí importa.

En las últimas palabras de Ramón Morales Garro aparece la expresión de la búsqueda, de la historia familiar, de los lazos sanguíneos que lo unen a esa música que se ha convertido en su derrotero y lo reclama siempre, como antropólogo, como músico, como gestor cultural y también ahora como productor audiovisual.

El calypso lo llama una y otra vez, él escucha su voz, y le responde.

El documental está disponible para verse online: https://youtu.be/yXnDMoOSXWs

Documental “Calypsonians de hoy”

Duración: 1 hora 14 minutos

Personas entrevistadas: Ulysses Grant, Walter “Gavitt” Ferguson, Sergio “Flee” Morales, Roberto “Congonan” Watts, Haydeé Jiménez, Manuel Monestel Ramírez, Alfonso Goulbourne “Gianty”, Mike Joseph, Marcos Henon Forbes, Danny Alvarez, Danny Williams.

Investigación y realización audiovisual: Ramón Morales Garro

Cámaras: Ramón Morales Garro, Samantha Carrillo Arroyo, Kar Esquivel Quirós