Foto: El héroe nacional Juan Rafael Mora Porras y el general José María Cañas. Campaña Nacional 1856-1857.

Fue la primera batalla en la que participó el Ejército Costarricense en una gran guerra centroamericana que ya había iniciado unos años atrás.

La Batalla de Santa Rosa, a pesar de no ser conmemorada oficialmente por ningún poder de la república, fue trascendental no solo para la recuperación de la libertad de Centroamérica, sino que marcó el límite sur de expansionismo estadounidense y de la errada política del Destino Manifiesto, mediante la cual, en una marcada idea de racismo y totalitarismo, esa nación pretendía apoderarse militarmente, de todo el continente americano e imponer su religión, su etnia, su idioma y sus costumbres.

-- La verdadera historia

Contrario a lo que se nos han enseñado a los costarricenses desde edad escolar, la Batalla de Santa Rosa y la trascendental victoria de nuestro ejército contra las fuerzas invasoras, no fue producto de la improvisación ni de la suerte.

No es cierto que Costa Rica fue a librar esa batalla ni esa guerra,  con campesinos sin preparación militar, mal vestidos y armados con armas rudimentarias, piedras, palos, mal alimentados y mal apertrechados.

Nuestro héroe nacional, el presidente Juanito Mora, supo anticiparse a los hechos y estaba muy bien informado de la situación que se venía dando desde México hasta Centroamérica, con el expansionismo “yankee” y la política del Destino Manifiesto.

Juanito Mora tuvo la capacidad de contactarse con líderes mundiales, incluyendo países de Europa y Sur América, para prepararse formalmente para repeler la inevitable invasión.

Desde más de cinco años antes Juanito Mora tuvo la visión de lo que sucedería y para la fecha de la Batalla de Santa Rosa, Costa Rica ya contaba con el ejército más numeroso, más preparado y mejor armado de Centroamérica, a tal punto, que posterior a la Batalla del 20 de Marzo, Costa Rica organizó, lideró y comandó al Ejército Centroamericano en su posterior guerra y triunfo contra las fuerzas invasoras filibusteras, hasta llegar a derrotar y capturar al propio William Walker, luego de la derrota propinada a su ejército profesional.

El Ejército Costarricense, logró consolidar para ese entonces más de 3000 mil soldados regulares y otro tanto similar de reservistas entrenados y dispuestos a dar sus vidas en defensa de la patria, en el momento en que fueran llamados.

Tanto el ejército regular como los reservistas, fueron entrenados por militares europeos y preparados en las artes militares mucho tiempo antes de la guerra.

Militares europeos y suramericanos participaron directamente en la Guerra de 1856 al lado de los costarricenses.

El Ejército Costarricense contaba con fusiles Minnie de fabricación francesa y otros similares de fabricación inglesa, que para la época representaban lo más avanzado en armas de fuego convencionales, de calibre 0,7 pulgadas y un alcance efectivo de más de 550 metros, dependiendo del tirador.

Eran armas muy modernas para entonces y los costarricenses aprendieron a darles un excelente uso, con fama de ser excelentes tiradores.

A la buena usanza militar europea, los militares costarricenses fueron entrenados en el arte de la esgrima militar (arte de la guerra con el uso de sables y espadas) y fueron dotados de flamantes y letales sables militares.

El resto de los soldados también fueron entrenados para el uso militar de sus machetes convencionales, que constituían parte de sus armas de reglamento.

Se dice que al inicio de la guerra, dado lo numeroso de nuestro ejército y en espera aún del armamento que se había gestionado y venía en camino, muchos soldados solo llevaban como arma sus machetes de labranza ligeramente modificados.

Eran tan diestros en el manejo de esta arma, que llegaron a ser temidos por los enemigos filibusteros, pues adquirieron tanta destreza para defenderse decapitando enemigos, que incluso los llamaban “crazy knives” o “cuchillos locos”.

-- ¿Por qué el error en la enseñanza de la historia?

Luego de la Guerra de 1856, conocida como Guerra Centroamericana, Costa Rica quedó profundamente herida y empobrecida.

Los enormes gastos militares para el triunfo contra los filibusteros, así como el enorme desastre y la reducción de la fuerza laboral que produjo la mortandad de la epidemia de la peste del cólera, hicieron que posterior a la guerra Costa Rica entrara en una época de enormes revanchismos fratricidas y luchas internas en busca del poder económico y político, que incluso como consecuencia tuvo el cruel asesinato de Juanito Mora y de su principal comandante el General José María Cañas.

De tal manera que, de alguna forma los enemigos de Juanito Mora y los gobernantes posteriores, trataron de minimizar y hasta ocultar muchos detalles de la verdadera historia de La Campaña de 1856.

De allí nació el falso concepto de que ganamos la batalla y la guerra solo a expensas de la improvisación y una gran dosis de suerte y de coraje.

-- El daño histórico

Desde la óptica de este humilde ciudadano, la tergiversación y la falsa enseñanza de los hechos de la Guerra de 1856, ha hecho creer al costarricense promedio que las grandes batallas y luchas patrias y hasta personales, las podemos ganar con improvisación y falta de preparación, a base solo de inspiración y coraje.

No cabe duda que el coraje, la inspiración y la motivación fueron fundamentales para el triunfo histórico contra los invasores en 1856, pero detrás de esas virtudes hubo un grupo de héroes que planificó, preparó, supo financiar y supo ejecutar y vencer en una guerra que detuvo el expansionismo hacia el resto de América.

-- ¿Lección aprendida…?

Si conocemos y difundimos la verdadera historia, podríamos obtener la verdadera enseñanza que puede habernos dejado la Campaña de 1856.

Las claves del triunfo fueron: contacto y cooperación internacional, inversión económica bien dirigida, planificación, preparación, conocimiento, trabajo en equipo y disciplina.

En realidad, es difícil saber cuánto realmente aprendimos de aquella batalla y de la gran guerra que representó nuestra verdadera lucha de independencia.