Lima. A Keiko Fujimori no le duró mucho la amplia ventaja con la que había comenzado la carrera para el ballottage del 5 de junio. Había ganado holgadamente la primera vuelta del 10 de abril, pero en apenas una semana ha perdido el favoritismo que tenía. Estaba 18 puntos arriba, y ahora está cuatro puntos abajo. Una encuesta de Ipsos, la primera realizada luego de las elecciones, le da a la hija del encarcelado ex dictador Alberto Fujimori un 40 por ciento de respaldo para la segunda vuelta. Su rival, el economista neoliberal Pedro Pablo Kuczynski, tiene 44 por ciento. El 10 de abril, Keiko Fujimori había ganado con 39 por ciento, Kuczynski había quedado en un lejano segundo lugar con 21 por ciento.

La candidata del fujimorismo trató de poner buena cara a la encuesta que la desfavorece. “La tomo con mucha tranquilidad, entendiendo que es una foto del momento. Vamos a seguir viajando por el país”, fue su primera reacción. En su partido calificaron la encuesta como “prematura” y repitieron que falta “mucho tiempo” para las elecciones.

Del otro lado, Kuczynski no podía ocultar su felicidad. “Vamos bien”, se alegró PPK, como se le conoce al candidato de la tecnocracia neoliberal. Pero después de esa inicial explosión de entusiasmo se quiso mostrar cauto: “faltan muchas semanas para las elecciones, las encuestas suben y bajan, ojalá sigamos bien, ya veremos”.

No es que Kuczynski, candidato poco carismático, con una trayectoria ligada a los grandes intereses económicos y desconectado de los sectores populares, haya hecho algo en estos días para dar ese espectacular salto y rebasar a su contendora. Su crecimiento se explica, antes que por méritos propios, por un voto para impedir el triunfo de la heredera política de Alberto Fujimori, que entre 1990 y 2000 encabezó un gobierno autoritario marcado por una extendida práctica de violaciones a los derechos humanos y una gigantesca corrupción.

Con dos candidatos de la derecha que coinciden en sus propuestas económicas neoliberales, la campaña del ballottage se plantea en torno a temas como autoritarismo y democracia. Y ahí, Kuczynski avanza, sin hacer mucho, con el respaldo de quienes antes que votar por él lo hacen en contra de Keiko y el peligro del regreso al poder del fujimorismo y su carga autoritaria. Kuczynski es visto por muchos como “el mal menor”, dice Alfredo Torres, director de la encuestadora Ipsos, y eso es lo que lo hace crecer de cara al ballottage.

“Hay un sentimiento antifujimorista muy marcado en la mitad de la población. Así como hay un fujimorismo muy fuerte, que le permitió a Keiko ganar en la primera vuelta, los electores de los demás candidatos en su mayoría se inclinan por Kuczynski por la percepción de que él es el mal menor frente al perfil autoritario que tiene Keiko Fujimori, por la historia de su padre y de su partido, y por el riesgo de que con ella regrese al poder mucha gente que gobernó con su padre y ha sido acusada de corrupción. No es tanto lo que Kuczynski hace, sino que a él lo alimenta el voto de rechazo al fujimorismo”, le señaló a Página/12 Alfredo Torres.

La izquierda, que con Verónika Mendoza quedó en tercer lugar con 19 por ciento y cuyos votos son claves en esta segunda vuelta, cuestiona a Kuczynski por sus posturas neoliberales y sus prácticas de lobbista de grandes intereses económicos, pero ha sido clara en decir que la prioridad es evitar el triunfo del fujimorismo. “Lo peor que le puede pasar a nuestro país es el triunfo del fujimorismo. Sería nefasto, aterrador, que gobierne la hija del dictador que tanto daño le hizo a nuestro país. Vamos a hacer campaña para que Keiko no sea presidenta. Eso no significa un aval a Kuczynski”, ha dicho Mendoza.

Apenas se supo que el fujimorismo tendrá mayoría absoluta en el próximo Congreso, sus principales dirigentes no pudieron contener sus impulsos autoritarios y salieron a decir que con su mayoría parlamentaria no necesitaban dialogar con nadie ni buscar consensos para gobernar, que todas sus propuestas iban a ser aprobadas “como por un tubo” sin mayor debate, y remataron anunciando que su líder Alberto Fujimori, sentenciado a 25 años por crímenes de lesa humanidad y corrupción, iba a salir de prisión “por la puerta grande”.

Declaraciones que trajeron a la memoria, como un riesgo presente, las prácticas autoritarias del régimen fujimorista. La reveladora arrogancia autoritaria de sus voceros ha golpeado la credibilidad de los intentos de Keiko de distanciarse, en el discurso de campaña, de lo que fue la dictadura de su padre.

“Keiko debe trabajar para buscar el voto de la gente menos politizada, a quienes el tema de fujimorismo y antifujimorismo, lo ideológico, no les importa mucho. Tiene muchos años recorriendo el país, y tiene una presencia fuerte en los sectores populares. Eso juega a su favor. Ella tiene que tratar de despolitizar la campaña, hablar de ofertas concretas. Creo que va a desarrollar una estrategia de propuestas populistas para conseguir ese electorado”, dice Alfredo Torres sobre Keiko Fujimori.

En el caso de Kuczynski, el director de Ipsos señala que “su mayor riesgo es su edad, tiene 77 años y probablemente será atacado por eso, tiene que demostrar en esta campaña mucha energía, dinamismo, para que la gente sienta que está en capacidad de gobernar”. “Su mayor reto –agrega– es conectarse con los sectores populares”.