El presidente brasileño arenga a los manifestantes que piden la disolución del Congreso.

"No queremos negociar nada", gritó el presidente ultraderechista subido encima de una camioneta a los manifestantes que se agolparon en el lugar con pancartas llamando a la "intervención militar ya con Bolsonaro" y a defender el AI-5 (Acta Institucional número 5), un decreto que en 1968 cerró el Congreso y suprimió numerosas garantías constitucionales.

"Estoy aquí porque creo en ustedes y ustedes están aquí porque creen en Brasil", gritó Bolsonaro frente a la aglomeración, de la cual se mantuvo unos metros distante. Niños y ancianos, algunas personas con máscaras, estaban en la primera línea de la manifestación que reunió a unas 600 personas.

Bolsonaro critica constantemente a los líderes del Congreso, a los gobernadores y alcaldes que defienden las medidas de cuarentena y distanciamiento social para contener la propagación del coronavirus que en Brasil ya cobró casi 2.500 muertes y más de 38.600 casos.

El mandatario demerita la letalidad del virus, al que califica de "gripecita", promueve aglomeraciones y se pronuncia reiteradamente a favor de la apertura del comercio y las escuelas. 

"Ustedes tienen la obligación de luchar por su país. Cuenten con su presidente para hacer todo lo que sea necesario para que podamos mantener la democracia y garantizar aquello que es más sagrado para nosotros que es nuestra libertad", dijo Bolsonaro, quien en intervenciones previas condenó las restricciones de circulación y de actividad comercial implementadas en el país por la crisis del coronavirus.

En el breve discurso, el presidente no cuestionó el pedido de intervención militar ni las consignas a favor del cierre del Congreso.

"Todos en Brasil tienen que entender que están sometidos a la voluntad del pueblo brasileño", dijo no obstante.

"Juramos un día dar la vida por la patria y vamos a hacer lo que sea posible para mudar el destino de Brasil", dijo Bolsonaro, interrumpiendo su discurso por una crisis de tos.

El gesto del mandatario fue condenado por políticos y portavoces de los poderes públicos brasileños. "Asusta ver manifestaciones por el regreso del régimen militar, después de 30 años de democracia", dijo Luís Roberto Barrozo, juez del Supremo Tribunal Federal.

"Es lamentable que el presidente adhiera a manifestaciones antidemocráticas. Es hora de la unión alrededor de la Constitución contra toda amenaza a la democracia", dijo en Twitter el expresidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002).

El expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010), del Partido dos Trabalhadores, también fue a Twitter para comentar la acción. "La misma Constitución que permite que un presidente sea electo democráticamente tiene mecanismos para impedir que conduzca al país a la destrucción de la democracia y a un genocidio de la población", escribió.

El presidente del Congreso, Rodrigo Maia, escribió en Twitter que "no hay camino fuera de la democracia". "No tenemos tiempo a perder con retóricas golpistas".

Veinte gobernadores suscribieron una carta en apoyo al Congreso nacional.

En Sao Paulo, donde comenzaron a utilizarse excavadoras para abrir fosas en el mayor cementerio del estado, también hubo caravanas en la tarde contra la cuarentena. 

El estado, con 1.015 muertos y 14.267 casos, es el epicentro de la enfermedad en Brasilo. El gobernador Joao Doria, visto como un rival político por Bolsonaro, expresó su "repudio" a la acción del presidente.