La ciudad de Santa Cruz, fue una de las primeras del país en declararse cantón libre de transgénicos y en esa misma lucha se declaró “Santuario de las Semillas Criollas”, en junio de 2013, para proteger la diversidad y la riqueza de semillas que conservan como herencia transmitida de generación en generación.

El encuentro creativo de Santa Cruz enviará un mensaje a la Asamblea Legislativa en apoyo al proyecto de Ley de Moratoria Nacional a la liberación y cultivo de organismos vivos modificados (OGM) conocidos como transgénicos, presentado esta semana en el Congreso por organizaciones ambientalistas que lideran la lucha por las declaratorias cantonales de territorios libres de transgénicos, que alcanza ya a 75 de los 81 cantones que existen en el país.

En el Santuario de las semillas criollas, habrá un “reconocimiento y homenaje a las familias agriCultoras que han cultivado, defendido, conservado y disfrutado las semillas criollas, con los sabores y saberes asociados” dice un comunicado.

Destacan los santacruceños que son “semillas vivas, sanas, naturales, libres, no alteradas genéticamente, no patentadas. Semillas base de nuestra alimentación, de nuestras medicinas, de la biodiversidad y cultura que hemos heredado, y que nos corresponde defender para nuestras familias y comunidades, y para las generaciones que todavía no han nacido”.

Justificaciones del Concejo Municipal para declarar su cantón como Santuario

En Santa Cruz existe “una cantidad y variedad de semillas criollas que muchas familias conservan, cultivan y protegen en sus patios, huertas y parcelas. Y todavía hay personas que saben cómo hacerlo”.

Las semillas han sido heredadas de nuestros ancestros, de generación en generación. La privilegiada posición de nuestro país en Mesoamérica ha permitido el intercambio natural y social de semillas y alimentos, tanto entre nuestras comunidades como con los países y regiones vecinas.

Muchas personas adultas, pero la mayoría de jóvenes, niños y niñas en la actualidad no conocen la riqueza en semillas que aún tenemos.

Es nuestra responsabilidad conocer lo que aun tenemos, revalorar y proteger la rica biodiversidad para heredarla a las futuras generaciones, que fueron la base de nuestra alimentación y medicinas naturales – esencia de nuestra cultura – valores que seguimos perdiendo con comidas “chatarra” y medicinas importadas.