El ex primer ministro y presidente de la autroproclamada república serbia en Croacia está acusado, entre otros crímenes, de la ejecución de 264 prisioneros croatas en octubre de 1991. Lo detuvieron en la localidad de Krusedol, 60 kilómetros al oeste de Belgrado. Era el último presunto criminal de guerra serbio buscado por la Justicia internacional.  El presidente serbio, Boris Tadic, confirmó la detención del último presunto criminal de guerra serbio buscado por la Justicia internacional, Goran Hadzic. Según explicó Tadic en rueda de prensa, Hadzic, líder de la minoría serbia en Croacia entre 1991 y 1995, fue capturado esta mañana.

"Era nuestra obligación moral (copturarle)", dijo Tadic, que considera así cumplidas todos los compromisos internacionales de su país. "Con esto, Serbia completó los capítulos más difíciles de cooperación con el tribunal de La Haya", apuntó el presidente. 

"Serbia no sabía donde estaba", agregó Tadic. Durante años se acusó al país balcánico de ocultar a Hadzic, algo que según apuntó hoy el presidente, era "absolutamente falso".

El ex líder de la minoria serbo-croata, de 52 años, estaba prófugo desde hace una década. En 2004 pudo ser detenido pero alguien le avisó del operativo puesto en marcha y huyó. El Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) de La Haya lo buscaba por crímenes contra la humanidad. Le consideran responsable, entre otros crímenes, de la ejecución de 264 prisioneros croatas en octubre de 1991 en Vukovar.

Entre los 14 cargos que se le imputan están los de persecución, exterminación, asesinato, deportación, tortura y saqueo de la propiedad pública y privada. Hadzic actuó como primer ministro y presidente de la autroproclamada república serbia en Croacia. Respaldado desde Belgrado por Slobodan Milosevic, consiguió hacerse con el control de un tercio del territorio croata.

Hace tan sólo dos meses, las autoridades serbias capturaron al ex jefe del Ejército serbobosnio Ratko Mladic, que actualmente está siendo juzgado en La Haya. La captura de ambos eran requisitos fundamentales para que la Unión Europea abriese las puertas al país balcánico.