Foto: Frantz Voltiere es historiador, cineasta, gestor cultural haitiano. Dirige el Centro Internacional de Documentación e Información Haitiana, Caribeña y Afrocanadiense (CIDIHCA) en Montreal.

Pero, al parecer, luego la misión cambió. Sanon está detenido en Haití. La policía haitiana lo considera autor intelectual del asesinato del presidente Jovenel Moïse.

Las investigaciones, aun en pleno desarrollo, parecen confirmar una denuncia hecha por Moïse el 7 de febrero pasado, cuando dijo que los ricos más ricos de Haití tenían un plan para asesinarlo, y habló de los dueños de los negocios de la electricidad, de la telefonía y de la banca, recordó un experimentado periodista dominicano, Huchi Lora.

Lo que se hizo para asesinar al presidente costó millones de dólares. Solo la gente más rica pudo haber organizado una cosa como esa, dijo Lora.

Investigaciones más recientes involucraron también al exprimer ministro Claude Joseph, al que Moïse habría destituido un día antes de su asesinato. Joseph rechaza la acusación. Hay versiones, difundidas en Colombia, de que el presidente habría sido torturado antes de ser asesinado.

“Universidad” conversó con el historiador, cineasta, gestor cultural haitiano Frantz Voltaire sobre la situación en su país. Voltaire dirige el Centro Internacional de Documentación e Información Haitiana, Caribeña y Afrocanadiense (CIDIHCA) en Montreal. Su hermano, Leslie Voltaire, fue ministro de Educación y candidato presidencial el 2010.

La conversación ocurrió antes de los nuevos avances en la investigación, pero contribuye a entender los orígenes y la profundidad de la crisis haitiana.

- Me parece que el asesinato de Moïse no es más que otro acto de una crisis sin fin. ¿Estás de acuerdo? Si es así, ¿cuál es el inicio de esa crisis?

- El asesinato de Moïse es, de cierto modo, otro acto de una crisis que vive el país, yo diría que desde la caída de Duvalier, en 1986.

Desde la caída de Duvalier hay una crisis electoral. No se ha podido establecer ningún Consejo Electoral permanente.

Pero es, por otra parte, una crisis económica, en el sentido de que en el país no ha habido una transformación del modelo de desarrollo.

Sigue siendo un país dependiente de la ayuda internacional y de las remesas de trabajadores haitianos. Las remesas empezaron en Canadá, Estados Unidos, Francia, y luego se agregaron remesas de Brasil y Chile, esencialmente.

Con una crisis permanente, hoy prácticamente todos los productos alimenticios vienen de República Dominicana.

Se ha acelerado la migración como resultado de ese modelo. Uno tiene un país donde la clase media, y también una porción importante de los trabajadores calificados, están viviendo en el exterior. En Montreal, por ejemplo, hay más médicos haitianos que en Haití mismo.

- Desde afuera, y mirando los hechos, los diversos intentos de encontrar una salida política para el país han fracasado. ¿Qué ha ocurrido? ¿Cuál sería, desde su punto de vista, la alternativa?

- De cierto modo, ese modelo viene desde antes del régimen de Duvalier, viene del período de la ocupación militar norteamericana de 1915 a 1934. Ocupación que sigue, luego de la salida de las tropas norteamericanas, con la creación de una gendarmería, cuya misión era mantener el orden interno.

Una de las consecuencias de esa ocupación fue acelerar la migración haitiana hacia las plantaciones azucareras del Caribe, especialmente de Cuba y Santo Domingo.

La migración hacia Santo Domingo, donde crecía la demanda de mano de obra, es una migración continúa, que empezó en los campos de cañaverales y se transformó, poco a poco, en una migración más global, que incluía a trabajadores en la construcción, en el turismo, en la cosecha de café o, en general, en trabajos no calificados.

Con el embargo impuesto al país después de la caída de Aristide, en 1991, una parte de los capitales haitianos se van a instalar también en República Dominicana y la gente empieza a enviar sus hijos a estudiar a ese país.

- ¿Quiénes mataron a Jovenel Moïse?

- Luego del asesinato empezaron a circular diversas hipótesis. La primera atribuía el crimen a gente que pertenece al círculo del poder mismo.

La policía capturó a una treintena de personas que luego se identificaron como haitianos-norteamericanos y militares colombianos, al parecer de la reserva, que habían sido contratados para prestar servicio de seguridad a algunas personalidades haitianas.

Pero que un grupo armado logre entrar a media noche en la residencia del presidente sin resistencia es poco creíble. Entran sin disparar un tiro, matan al presidente y se van. Pero tampoco se esconden y son capturados también sin disparar ni un tiro.

Hay quienes especulan con la responsabilidad de algunos empresarios, como Dimitri Vorbe, pero sería una locura para ese tipo lanzarse en una operación de este tipo.

Todo esto tiene la apariencia de un golpe de Estado.

- ¿Cómo se explica la pobreza tan generalizada en Haití? ¿En qué debería basarse, en su criterio, una política económica que permitiese promover un cierto desarrollo económico del país?

- La gran crisis viene con el retorno del presidente Jean Bertrand Aristide en 1994. Había asumido el cargo en febrero de 1991, pero fue derrocado siete meses después por el ejército.  

Aristide es elegido nuevamente presidente en 2001, pero fue obligado a renunciar en febrero del 2004.

En medio de la crisis, en junio de ese año, se instala en el país la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) encabezada por militares brasileños.

Se puede calcular que los 16 mil millones de dólares que se invirtieron en esas misiones no han tenido ningún resultado. Ni siquiera mejoraron la situación de seguridad en el país, que ha venido empeorado en los últimos años. La gente se pregunta de dónde salieron todos los armamentos que hay ahora en manos de bandas de delincuentes.

Haití también hizo parte del programa de Petrocaribe, que lanzó el presidente venezolano Hugo Chávez. El programa ya llegó a su término, pero cuatro mil millones de dólares fueron dilapidados en los dos últimos gobiernos. Esto ha creado un fuerte movimiento contestatario contra la corrupción.

- Usted es haitiano, conoce bien el país. ¿Cuál es la sensación que prevalece entre los haitianos, en medio de esa crisis tan larga que vive Haití?

- La población está cansada. Desde 2019 no han parado las movilizaciones contra Moïse, sin haber logrado derrotarlo pacíficamente.

Hay un fenómeno de violencia generalizada en la capital, por lo menos, que antes no había. Como en México, o en Colombia.

El gobierno ha armado a los grupos de delincuentes en las bidonvilles (grandes espacios urbanos donde la gente vive en condiciones muy precarias), donde imponen un clima de terror.

Puerto Príncipe pasó de 300 mil habitantes a tres millones en treinta años. La ciudad se ha extendido. La población ha ocupado todos los lugares, de tal manera que la gran mayoría vive en bidonvilles donde no hay ningún servicio estatal. No hay un sistema unificado de salud.

Durante todo este tiempo la ayuda internacional no fue canalizada a las instituciones públicas, sino a las ONGs, de modo que el estado está ausente. Con la disolución del ejército (que, en realidad, era una gendarmería) se constituyó una fuerza de policía de 15 mil personas.

Todo esto terminó en una guerra entre dos grupos de delincuentes. Aprovechando la topografía de la ciudad, toda la zona sur, que es como una botella, quedó aislada. La gente no puede atravesar de un lado a otro.

Los bancos tuvieron que cerrar sucursales en las zonas más conflictivas y quienes recibían remesas, por ejemplo, tenían que ir a otros lugares a buscar su dinero.

Por otra parte, hay todo un fenómeno de secuestros que representó ingresos de millones de dólares para los secuestradores e implicó la descapitalización de pequeños industriales y de inmigrantes.

- Finalmente, más allá de esta nueva coyuntura, que no podemos calificar sino de trágica, ves alguna alternativa que pueda encauzar el país en los próximos meses?

- Por el momento no. La oposición está muy dividida. Moïse concentró todos los poderes en sus manos, disolvió las cámaras, no hizo ninguna elección municipal. Todos los nombramientos eran interinos.

El primer ministro actual, Claude Joseph (que acababa de ser destituido), al mismo momento del asesinato dice: –“Yo soy la autoridad”. Pero el país no tiene, por ahora, autoridades legítimas.

(Entrevista también publicada por el Semanario Universidad, de la Universidad de Costa Rica).