El grupo islamista ha nombrado a Mahmud Ezat como nuevo guía espiritual de manera provisional, según la televisión estatal egipcia.

La última vez que se había visto en público a Badie, de 70 años, había sido en un escenario de la mezquita de Raba al Adauiya, el 5 de julio, cuando le dijo a sus seguidores: “Nuestra revolución siempre ha sido y será pacífica. Nuestro pacifismo es más fuerte que las balas y los tanques”. Ya entonces se había rumoreado sobre su detención o huida a Libia. “No huyo. No me escondo. Aquí me tienen”, dijo. Sí había sido arrestado su poderosos número dos, Jariat el Shater, por lo que la fiscalía consideraba incitación a la violencia en enfrentamientos con los detractores de Morsi.

Badie, veterinario de profesión, comparecerá el 25 de agosto ante el juez, junto a los otros líderes islámicos, en principio para rendir cuentas por un ataque contra manifestantes contrarios a Morsi en el asalto a la sede de los Hermanos Musulmanes, en el que murieron una decena de personas. Es probable que la fiscalía amplíe los cargos. Según ha dicho el ministerio del Interior en un comunicado, “se están tomando las medidas legales necesarias”. El hijo de Badie, Ammar, murió en la jornada de protestas islamistas del viernes, en una manifestación en la céntrica plaza de Ramsés.

Las televisiones egipcias mostraron imágenes del arresto de Badie, que se produjo seis días después de una carga militar y policial contra las acampadas islamistas en la que murieron 600 personas, en su gran mayoría islamistas que protestaban contra el golpe. Las fuerzas de seguridad emplearon gases lacrimógenos y munición y quemaron varias partes de las acampadas, calcinando numerosos cadáveres. Desde la deposición de Morsi han fallecido ya más de mil personas. El lunes, 36 detenidos murieron cuando eran trasladados a una centro penitenciario, en condiciones no aclaradas.

Este lunes, el Departamento de Estado de EE UU y Naciones Unidas han urgido al Gobierno interino a no prohibir la cofradía de los Hermanos Musulmanes, en respuesta a las declaraciones del líder de facto del nuevo Gobierno interino egipcio, el general Abdel Fatá al Sisi, que aseguró que no toleraría más desafíos islamistas que lleven a “la destrucción del país”, informa Eva Sáiz desde Washington. EE UU y la ONU han reiterando la necesidad de incluir a todos los partidos y fuerzas políticas egipcias en un proceso de transición democrática que los sangrientos enfrentamientos de los últimos días hacen cada vez más difícil. El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha anunciado a través de un portavoz que quiere mandar observadores a Egipto "para evaluar la situación sobre el terreno".

De gobernar el país, los líderes de la hermandad en Egipto han pasado a la clandestinidad. Los que no están en prisión, como el propio presidente Morsi y su círculo más cercano, se han escondido, evitando acudir a manifestaciones o ruedas de prensa. El portavoz de la sociedad islámica, Gehad el Haddad, dijo recientemente a este diario que esos dirigentes han tenido que refugiarse en apartamentos, sin poder moverse por las calles de El Cairo, por temor a este tipo de detenciones, que consideran políticas y arbitrarias.