Las elecciones se celebrarán pues apenas 30 días después de su convocatoria —el mínimo posible, según la Constitución— y ocho meses después de la llegada al poder de Syriza en coalición con la derecha soberanista y antirrescate de Griegos Independientes (ANEL). Tsipras presentó esta noche su dimisión al presidente del país, Prokopis Pavlópulos, tras hablar con los líderes de los partidos, y le pidió que convoque las elecciones en la fecha más temprana posible.

Poco antes, en un mensaje televisado, anunció su renuncia y el adelanto electoral. “Mi mandato del 25 de enero ha vencido. Ahora el pueblo debe pronunciarse. Ustedes con su voto decidirán si negociamos bien o no [en Bruselas]”, dijo. “Sé que no logramos todo lo que prometimos al pueblo griego pero hemos salvado al país, diciendo a Europa que la austeridad debe terminar”.

Su decisión no ha sorprendido. Al contrario, el adelanto ha ido ganando peso a medida que se ampliaba la brecha en Syriza hasta perder la mayoría parlamentaria el viernes pasado, cuando un tercio de sus diputados votó en contra del rescate. En algunos momentos pareció que la crisis podía zanjarse vía congreso extraordinario del partido o, como apuntaron fuentes del Ejecutivo la semana pasada, mediante un voto de confianza en el Parlamento. Fiel a su palabra, el líder de Syriza no movió ficha hasta el desembolso del primer tramo del rescate.

En este sentido, Martin Selmayr, jefe de gabinete del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, dijo en una red social que una convocatoria “inmediata” de elecciones podría “ampliar” la base de apoyo al rescate. La última encuesta de intención de voto antes de las vacaciones, del 24 de julio, da a Syriza en torno al 34% de apoyos, es decir, dos puntos menos que en enero e insuficiente para la mayoría absoluta, lo que le obligaría a pactar con otras fuerzas. Otras fuentes europeas, sin embargo, señalan la inoportunidad de la cita, por suponer que restará tiempo y esfuerzos a la implementación de las reformas. Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, se mostró confiado en que los comicios no retrasen los ajustes.

Tras la renuncia del Gobierno, se pone en marcha una complicada maquinaria constitucional en la que el presidente Pavlópulos encargará formar Gobierno, consecutivamente, a los tres partidos más votados —Syriza, Nueva Democracia y el neonazi Aurora Dorada—. Ante el probable fracaso de estos, Pavlópulos recurrirá hasta la cita electoral a un Ejecutivo de transición, dirigido según la mayoría de las fuentes por la jurista Vasilikí Thanou, presidenta del Tribunal Supremo. La Constitución prescribe que el jefe de un Gobierno interino sea un alto magistrado, y Thanou, nombrada en junio, reúne los requisitos, ya que además preside la Comisión Electoral, una de las tres altas instancias judiciales del país. Según la agencia estatal ANA, el propósito de Tsipras es que este gobierno de transición tome posesión el lunes, pero los planes de la conservadora Nueva Democracia (76 escaños) de lograr una mayoría de gobierno podrían retrasar su formación y también, hasta el 27 de septiembre, la cita con las urnas. 

Margen de maniobra

Tsipras tenía poco margen de maniobra para seguir gobernando en minoría parlamentaria, pues no podría sacar adelante en otoño el duro programa de reformas, con ajustes equivalentes al 4-5% del PIB griego y que además cruza casi todas las líneas rojas de Syriza: recorta pensiones, sube impuestos o impone un arduo plan de privatizaciones, tres puntos contra los que el partido de Tsipras articuló su campaña y cuya vulneración ha abierto la guerra en su partido.

De hecho, la primera evaluación del rescate por parte de los acreedores, en octubre, era la fecha que articulaba las dos opciones posibles, defendidas por sendos grupos de fieles a Tsipras, que ayer se reunió con altos cargos del Gobierno y del partido. Unos preferían ir a las urnas antes, en septiembre, y posteriormente celebrar el congreso extraordinario de Syriza —en orden opuesto al teóricamente previsto—; los otros veían más conveniente octubre, para dar tiempo a sacar adelante las reformas de cara a la primera evaluación. Panos Skurletis, ministro de Energía y uno de los más fieles escuderos de Tsipras, defendió ayer la primera opción.

Frente del ‘sí’

El adelanto, pues, era un secreto a voces, y los partidos de la oposición proeuropea (conservadores, liberales y socialdemócratas) llevaban días preparándose, con anuncios, no oficiales, de colaboración en una especie de frente del sí, la opción que defendieron para el referéndum del 5 de julio, en el que casi el 62% de los votantes rechazó una propuesta de acuerdo del Eurogrupo que acabó convirtiéndose en un rescate mucho más duro. El presunto frente del sí fue una posibilidad entonces, pero no llegó a cuajar. La oposición ha advertido a Tsipras de la inconveniencia de convocar unas elecciones como método para dirimir las diferencias en el seno de Syriza y para limpiarlo de sus elementos más radicales.

Con la temprana convocatoria electoral, Syriza evita también que se reorganice la alicaída oposición e, incluso, la posibilidad de que los descontentos de Syriza, liderados por el exministro Panayotis Lafazanis, formen un partido, como ya anunció la semana pasada este disidente. También que los primeros efectos reales, e impopulares, de los ajustes se dejen sentir en una población exhausta por cinco intensos años de crisis.