Las descocadas referencias a Guanacaste, parecieran ser una medida distractiva, cuando lo que realmente les interesa, objetivo inmensamente menor, y que por tanto lo ven posible, es encontrarle salida a las aguas del río y hacerlo más navegable.

Frente a estas pretensiones, completamente fuera de lugar, a la luz de la historia y los tratados, ¿que corresponde?

El canciller Castillo, y su equipo están haciendo lo correcto, sin dejarse provocar y caer en un absurdo intercambio de dimes y diretes, de insultos y descalificaciones, presentar los alegatos ante las instancias internacionales que correspondan. El pleito no es en definitiva por unas tierras fangosas y abandonadas, de las que casi ningún costarricense conocía. El asunto es más de fondo, se trata del respeto que se debe y que se exige a la soberanía nacional. Mismo respeto que le debemos a las prerrogativas territoriales y soberanas de los países hermanos.

Pero convertir este serio problema, en un problemón irresoluble no solo es equivocado, es una insensatez.

Los llamados a las armas, a la respuesta violenta, o a represalias contra los nicaraguenses que ayudan de mil maneras a que esta economía camine, mas que gestos desabridos y hasta ridículos, son doblemente insensatos, rayan con la mas crasa e irresponsable estupidez.

No es fácil lidiar con gentes como Ortega o como Pastora, pero no podemos perder de vista, que en sus insensateces y exabruptos, si les seguimos el juego, terminaran arrastrando tras de si a la mayoría amplia de los nicaragüenses, de todas las confesiones y partidos. ¿Es eso lo que conviene? ¿Es eso lo que queremos?

Los tiempos en que las diferencias entre los países de América se resolvían a punta de cargas a la bayoneta, o a cañonazos, sobre pilas de cadáveres, ya son cosa del pasado.

Acudir a las instancias legales, ejercer una activa diplomacia, claro sin entrar, como cometiendo un craso error, hizo el canciller, dándose por aislado, es lo que debe hacerse. Con diligencia, con paciencia, con convicción, con firmeza. ¿No es qué nos asiste la razón?