Pero no todo son malas noticias. A pesar de que el número de enfermas y el porcentaje de incidencia han aumentado levemente en los últimos años (en Catalunya se sitúa en los 137 casos por cada 100.000 habitantes, alrededor de un 7% más que en 2011), las tasas de supervivencia también han crecido hasta llegar casi al 90%, gracias a un mejor resultado de los tratamientos y a la detección precoz de la enfermedad. Esto significa que nueve de cada diez mujeres siguen vivas cinco años después del diagnóstico.

Nueve de cada diez mujeres sobreviven a los cinco años del diagnóstico de un cáncer de mama. Pradit_Ph / Getty

Positividad. Una oportunidad de cambio

Mar Carmona (43 años) es una de ellas. La madrugada del 24 de junio de 2018 se despertó con un pinchazo en el pecho. Al tocarse, notó un bulto y acudió de inmediato a su ginecóloga pensando que no sería nada grave. La mamografía y la ecografía que le practicaron dieron resultados normales, no así una biopsia, que detectó un cáncer de mama triple negativo. Carmona reconoce que “al oír las tan temidas palabras, carcinoma invasivo de alto grado” entró en shock, aunque lo más difícil para ella fue comunicar la noticia a su familia.

Dos años después se declara recuperada, y aunque su vida ya es prácticamente la misma de antes, reconoce que la experiencia ha traído consigo numerosos aprendizajes personales: “Durante todo el proceso tienes muchos momentos para pensar, y te das cuenta de que lo importante son las personas que te quieren, y sobre todo, las ganas de vivir. Vive el aquí y ahora y disfruta de las pequeñas cosas, aunque haya días que cueste”, aconseja a otras personas que puedan estar pasando por lo mismo.

La doctora Cristina Saura, jefa de la Unidad de Cáncer de Mama del Departamento de Oncología Médica del hospital de la Vall d’Hebron, resalta también el elevado porcentaje de curaciones, así como la importancia de los programas de cribado para el diagnóstico precoz que se han puesto en marcha desde hace algunos años en toda Europa. “Gracias a estos programas conseguimos diagnosticar el cáncer de mama en un estadio que es curable en la inmensa mayoría de los casos”, afirma. Unos programas que se proponen a las mujeres a partir de 50 años y que se han visto comprometidos por el tsunami Covid.

Prevención. La importancia de los programas de cribado

La urgencia de la pandemia los interrumpió en este hospital barcelonés entre los meses de marzo y mayo, y la doctora Saura señala el importante esfuerzo que han realizado desde entonces los profesionales del servicio de oncología para ponerse al día con las pruebas y volver a la normalidad, algo que ya prácticamente han conseguido llamando por teléfono una por una a las pacientes, y así aumentar las tasas de asistencia a las pruebas.

La prevención de la enfermedad pasa, según esta especialista, por llevar en lo posible una vida saludable: “Eso incluye llevar una dieta mediterránea, no fumar, hacer ejercicio físico y evitar el sobrepeso. En cuanto al diagnóstico precoz, es importante adherirse a los programas poblacionales que tenemos, que proponen mamografías cada dos años a las mujeres de entre 50 y 69 años. El diagnóstico precoz es la oportunidad que tenemos de curar la enfermedad. Pero las tasas de asistencia a los programas de cribado son de alrededor del 60%, y pensamos que ahí tenemos mucho margen de mejora todavía”, señala.

El equipo de Radiología de un hospital en Las Palmas de Gran Canaria. EP

Antes de los 50 años, y en general en cualquier momento, la especialista aconseja acudir al médico ante cualquier cambio que notemos en la mama: “Esta sufre cambios fisiológicos en las distintas etapas del ciclo que no deben asustarnos, pero sí debemos consultar con nuestro ginecólogo cuando notemos algún síntoma nuevo, como la aparición de un nódulo en el pecho o en la axila, un aumento del tamaño de la mama, cambio de color, una secreción no usual del pezón…”.

La autoexploración mamaria mensual es una de las herramientas de que disponemos para estar atentas a estos cambios, explica Saura, quien insiste de nuevo en que resulta crucial acudir lo antes posible al médico y realizar las mamografías preventivas. Además, señala la importancia de los nuevos tratamientos fruto del esfuerzo constante de investigación alrededor de esta enfermedad: “En cáncer de mama no paramos de investigar, y ese es el camino a seguir para poder llegar a curar al porcentaje de pacientes que todavía no se curan”.

LA GESTIÓN EMOCIONAL

Asegura la doctora Saura: “El impacto emocional del cáncer de mama es muy grande. Las mujeres son muchas veces el motor de la familia, y la enfermedad acaba por afectar a todo su entorno”. Momentos especialmente sensibles son, en su opinión, el del propio diagnóstico, las posibles recaídas y la reincorporación al mundo laboral después del tratamiento.

Rafael Castell, psicooncólogo y coordinador del Área de Bienestar Emocional de la Asociación Española Contra el Cáncer de Barcelona, reconoce también que el de mama supone un desafío emocional importante. Señala Castell la importancia de “recibir información de calidad y personalizada (sin caer en la infoxicación)”, pues ello puede ayudar a moderar el impacto de un primer diagnóstico. Habla también de lo esencial que resulta disponer de espacio para aclarar dudas y establecer una relación de confianza con el equipo médico.

Y además, aconseja: “Si queremos protegernos del malestar emocional asociado al propio tratamiento, podemos establecer una serie de pautas y herramientas para mejorar el estado y aspecto físico, procurando mantener aquellas actividades gratificantes. Otro punto importante a tener en cuenta es la gestión emocional. En estos momentos, se hace especialmente necesario encontrar canales eficaces de comunicación con nuestros seres queridos que nos faciliten la ventilación y validación emocional, y nos ayuden a sentirnos acompañados/as”, explica, y continúa: “Una vez finalizado el tratamiento, nos encontramos frente a la necesidad de reconstruir nuestro propio autoconcepto.

“Hay que tomárselo con un poco de humor, o si no puede ser duro”

MAR CARMONA Diagnosticada con cáncer

Reconfigurar nuestros valores y prioridades, mantener unos hábitos de vida saludables y optar por actitudes solidarias. La forma que tenemos de relacionarnos con los demás también puede verse modificada, dirigiéndola hacia roles más congruentes con nuestras necesidades personales. Tanto en lo familiar como en lo social, se hace evidente la importancia de reforzar los vínculos con aquellas personas que nos han ayudado y apoyado. Tenemos la oportunidad de modificar nuestros círculos sociales, en función de nuestros nuevos objetivos vitales y del significado que damos a esas relaciones”, especifica este especialista.

Como señala Mar Carmona, “inicialmente es un golpe muy duro y se necesita tiempo para asumir la noticia”. Una vez asumida, esta superviviente aconseja “tomarlo lo mejor posible, ya que no podemos hacer absolutamente nada para curarnos más que ponernos en manos de los médicos, así que, al 100% de ánimos para lo que venga. Cuando me encontraba mal, yo me lo tomaba como: hoy es como si tuviese gastroenteritis, hoy tengo gripe, hoy una dermatitis”.

“No pensaba en el cáncer. Si no, me hubiese hundido. Ah, y en cuanto al pelo: es solo pelo. Te das cuenta de que estás calva si te miras al espejo, pero si no, eres exactamente la misma, aunque invirtiendo menos tiempo en arreglarte (y ríe). Hay que tomárselo con un poco de humor, o si no puede ser duro”, asegura. Y concluye: “Cáncer ya no es sinónimo de muerte, aunque demasiados casos no acaben bien. Necesitamos más recursos para investigación, para que todos los casos se puedan curar. Más investigación para más vida”.