El expresidente Calderón resultó condenado. Él presentó una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, contra el Estado costarricense; ya que supuestamente se habría violado el debido proceso en su contra, lesionando así los derechos humanos. El procedimiento obliga a un pronunciamiento primero de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, a fin de que califique si había caso para que la Corte entrara a conocer del asunto requerido por el expresidente. La Comisión no encontró motivos para presentar un caso contra Costa Rica ante la CORTE, pues consideró que había sido juzgado con respeto al debido proceso. Mientras tanto, en el caso del expresidente Rodríguez Echeverría, el Tribunal halló insuficiencia probatoria. Hago un paréntesis para señalar que en el caso del expresidente Figueres, nunca se le imputaron los cargos por cuanto se fue del país y en Costa Rica no hay juzgamiento en ausencia. Los hechos en este caso, eventualmente acusables prescribieron.

Ahora bien, un sociólogo estadounidense de nombre William I Thomas, nacido en Virginia, que vivió entre 1863 y 1947, es el creador del famoso teorema que lleva su apellido (muy conocido al menos en el ámbito de las ciencias sociales); el teorema dice así: “Si los individuos definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias.” Un par de ejemplos nos bastarán para ponernos de acuerdo en su significado. Un país en el que abundan los prejuicios contra los habitantes del vecino país, a los que ven como personas incultas y carentes de higiene, provoca que ante una epidemia que se desatara, todas las personas comenzarían a atribuir el origen de la enfermedad a los migrantes; aunque no existan razones para sustentarlo, la generalidad de los ciudadanos del país receptor terminaría incriminando a los extraños de ser los culpables por la epidemia que se habría desatado. El gobierno entonces podría arremeter contra los culpabilizados y procedería a expulsarlos del país o al menos los confinaría. El propio Thomas nos dejó un ejemplo de su autoría: “un país inmerso en una guerra civil en la que dos grupos se disputan el poder; un día termina la guerra, pero no es posible comunicárselo a los habitantes de determinada zona; en ella, los habitantes de los dos grupos continuarán combatiendo…” (https://es.m.wilkipedia.org). En suma, el teorema trata de la capacidad de un grupo humano de convertir en reales situaciones que suponen como tales, al adecuar su conducta a esa situación. Se le llama también teorema de la profecía autocumplida.

Según mi criterio, así ocurrió en la situación de las “denuncias” en contra de los dos expresidentes del PUSC, y también, aunque en menor medida quizás, frente a José María Figueres del PLN. En el primer caso, mucho antes de que hubiesen finalizado los juicios, un gran sector de la población que había sido base de apoyo del PUSC, le sustrajo su adhesión. Este comportamiento político tuvo un fuerte impacto en el terreno electoral, minando la base socio política que había llegado a conformar el PUSC, en mucho mayor medida, pienso, que las cuestiones ideológicas acerca del tamaño del Estado y otras atinentes a los asuntos económicos. El PUSC perdió en un “santiamén”, el protagonismo político que había alcanzado en la década de los noventa y principios de la actual centuria, viéndose desplazado principalmente por el Partido Acción Ciudadana, a partir de las elecciones del 2006. Operó sin duda, en esta circunstancia el teorema de Thomas. Muchos sectores de la ciudadanía se decepcionaron del PUSC y de sus principales dirigentes, aún antes de que los expresidentes fueran juzgados. Otros se decepcionaron del expresidente Figueres Olsen, por el hecho de que se hubiera ido del país, circunstancia esta que impidió que eventualmente se le notificara una presunta acusación. En estas circunstancias el bipartidismo se resquebrajó sin remedio. Aunque ya venía erosionándose desde antes la base de apoyo en la que se sustentaba. Después de estos hechos dolorosos para muchos costarricenses, en las elecciones de febrero del 2006, repito, una de las paralelas del bipartidismo, el PUSC, sufrió un resquebrajamiento y vio, como mostraremos enseguida, sustancialmente menguado su caudal electoral.

Como se ha expresado, a partir de este año el panorama político de nuestro país experimentó una metamorfosis radical. Si bien el expresidente Oscar Arias ganó los comicios del 2006 frente a Ottón Solís, principal fundador y líder del Partido Acción Ciudadana, lo consiguió apenas por un escaso margen de 18.169 votos sobre su inmediato seguidor. Además de estos hechos jurídico-políticos, que también permearon al PLN, hubo a mi modo de ver, otro factor que también incidió enormemente en la circunstancia electoral de febrero 2006, como fue la discusión sobre el “Tratado de Libre Comercio” entre Los Estados Unidos y los países de Centroamérica junto a República Dominicana. La sola discusión polarizó a la ciudadanía a favor y en contra del “Tratado”. La realidad es que el expresidente Arias se mostró evasivo frente a la invitación constante de parte del candidato del PAC Ottón Solís. Es posible que, la renuencia reiterada de Arias a enfrentar un debate sobre el “TLC” haya contribuido a erosionar su imagen política.

La elección del 5 de febrero del 2006 resultó electrizante para los contendores y sus seguidores. La verdad es que se jugaba mucho en el décimo cuarto proceso electoral consecutivo desde los comicios de 1953. En términos porcentuales, Arias apenas sobrepasó el 40% de la votación, obteniendo un 40.9%%, no obstante, el prestigio que le confería su bien ganado premio Nobel de la Paz, obtenido durante la administración 86-90; por su parte Ottón Solís, alcanzó un más que merecido 39.8%. La Constitución que nos rige establece el umbral del 40% para que el candidato que alcance la mayoría pueda resultar electo y goce de legitimidad. Fueron pues elecciones sumamente reñidas en las que, en la votación para presidente y vicepresidentes, Ottón Solís obtuvo la mayoría en casi toda el área urbana, ganando las provincias de San José, Alajuela y Heredia. Oscar Arias ganó en cambio Cartago, y las tres provincias costeras de Puntarenas, Guanacaste y Limón; estas tres últimas con predominio de población rural. (Cfr. Alfaro, R. Ronald. “Elecciones Nacionales 2006 en Costa Rica y la Recomposición del Sistema de Partidos Políticos.” Revista de Ciencia Política, vol.26. N.1.2006. Pp. 125-137. UCR, CR)

El conteo de los votos devino tan espeluznante como lo habían sido el proceso electoral mismo y la elección en sí. De “comerse las uñas” para usar una expresión coloquial, ya que en unos momentos el PAC se mantenía adelante en el conteo para presidente y vicepresidentes. Probablemente debido a ello, el candidato del PLN no se presentó ante sus seguidores en el hotel donde se les convocó, hasta muy tarde en la noche; lo que aumentó en muchos la expectativa de que se hubiese podido producir un cambio inusitado en el resultado electoral.

No obstante, el clima de polarización en la política costarricense en esta coyuntura hubo un abstencionismo del 35% que, como lo expresa Ronald Alfaro en su estudio, fue el más alto desde las elecciones de 1958. Probablemente haya contribuido a ello, por una parte, la decepción de muchos conciudadanos (¿“desafección”?) respecto de los partidos que habían constituido una suerte de paralelas históricas en la política (bipartidismo), y, por otro lado, la incertidumbre de otros ante las nuevas opciones electorales.

Los resultados fueron los siguientes: Papeleta para presidente y vicepresidentes: Papeleta para diputados 1-Partido Liberación Nacional 40.9% 36.6% (25 diputados) 2-Partido Acción Ciudadana 39.8% 25.3% (17 diputados) 3-Movimiento Libertario 8.5% 9.2% ( 6 diputados) 4-Partido Unidad Socialcristiana 3.5% 7.8% ( 5 diputados) 5- Otros 7.3% 21.1% ( 4 diputados)

En la categoría de “Otros” hubo un total de 10 partidos, pero 7 de ellos no alcanzaron ni el 1%. Obsérvese además que tanto el PLN como el PAC obtuvieron más votos en la fórmula para presidente y vicepresidentes que lo alcanzado en la respectiva papeleta para diputados. Y en el caso del PAC el candidato a la presidencia obtuvo un 14.5% más votos respecto de la papeleta de diputados obtenida por su partido. Esto lo señalamos porque, aun cuando esta ha sido la vez en que el PAC ganó más representantes para el congreso, no pudo impedir que los demás partidos juntos (con excepción del Frente Amplio), hubiesen llegado a la mágica suma de 38 representantes, número indispensable para modificar la Constitución o convocar al referéndum, por ejemplo. En el presente caso, la modificación de normas constitucionales se hizo para aprobar ciertas leyes complementarias al TLC, o determinados asuntos referentes al procedimiento legislativo para aprobar el trámite de este y las normas complementarias al “Tratado” de marras. Con respecto al referéndum no hubo tensión, por cuanto el PAC también votó favorablemente la convocatoria. De esta manera el PAC quedó en franca minoría en el Congreso, a pesar de su sorprendente y abultada votación para presidente, porque solo contó con un aliado en lo tocante al trámite del TLC y demás leyes complementarias; este aliado fue el recordado y consecuente diputado José Merino Del Río (q.p.d.), del Frente Amplio. El PLN por su parte, hizo alianza con todos los demás partidos, consiguiendo en las votaciones parlamentarias que lo requirieran, el apetecido 38% de los votos de los congresistas. (Continuará).