Policías federeales, enviados por Trump, arremeten contra manifestantes en Portland, Oregon.

La semana pasada el departamento de Seguridad Interior desplegó a numerosos agentes fronterizos y federales, algunos con uniforme camuflado, en Portland (Oregon) para hacer frente a manifestantes que protestaban contra el racismo sistémico en el país.

Vídeos mostraron a agentes vestidos de civil arrestando a manifestantes y poniéndolos en vehículos sin identificación.

Aunque la mayoría han sido liberados, la gobernadora de Oregon, Kate Brown, legisladores y otros críticos compararon su actuación con la de la "policía secreta" en las sociedades más represivas.

Trump dijo el lunes que podría hacer lo mismo en otras ciudades con gobiernos demócratas, donde asegura que sus alcaldes son incapaces de controlar la criminalidad.

"Si trata de hacerlo, solo crearía más problemas, sería contraproducente, no nos tornaría más seguros, e inmediatamente adoptaríamos acciones judiciales para detenerlo", dijo el alcalde de Nueva York en una conferencia de prensa.

"Desde mi punto de vista este sería otro ejemplo de acciones ilegales e inconstitucionales del presidente", añadió.

La intervención de policías federales en Portland provocó indignación y cuestionamientos sobre su legalidad.

El estado de Oregon demandó al departamento de Seguridad Interior por violaciones a los derechos humanos. La gobernadora dijo que el envío de los agentes era solo propaganda y pidió que partieran.

Desde que George Floyd, un hombre negro, murió a manos de un policía blanco en Minneapolis en mayo, Trump ha intentado presentar a los manifestantes como radicales de izquierda que quieren destruir el país y ha defendido a la policía, tuiteando regularmente "Ley y orden".

Los demócratas aseguran que es una maniobra política para crear drama y mostrarse duro frente a su base electoral conservadora antes de las elecciones de noviembre, en momentos en que su campaña a la reelección se debilita debido al agravamiento de la pandemia de coronavirus en Estados Unidos y la recesión económica.

"Estamos observando a Chicago, estamos observando a Nueva York", dijo Trump a periodistas el lunes, antes de citar también Baltimore, Filadelfia y Detroit.

"Miren lo que está sucediendo. Todas gobernadas por demócratas, todas gobernadas por demócratas muy de izquierda, todas gobernadas por la izquierda radical. No podemos dejar que esto suceda", añadió.

El mismo lunes, alcaldes de seis grandes ciudades -Atlanta, Washington, Seattle, Chicago, Portland y Kansas City- dijeron en una carta al fiscal general William Barr y al secretario interino de Seguridad Interior, Chad E. Wolf, que los despliegues paramilitares no solicitados violan la Constitución.

Según la prensa local, el departamento de Seguridad Interior se apresta a enviar a Chicago 150 agentes esta semana, tras choques entre policías y manifestantes que buscaban derribar la estatua de Cristóbal Colón.

Las protestas en Nueva York han sido mayoritariamente pacíficas pero la ciudad registra un alza de la criminalidad que funcionarios atribuyen a reformas policiales implementadas tras la muerte de Floyd.