101 propuestas para otra Costa Rica

Propuesta ? 4

Y el predicado es “la estrategia que recupere, promueva y garantice los derechos concretos a la vida” en cuanto que derechos de emancipación; nos falta entonces, para que la “oración” de la transformación tenga sentido, proponer el sujeto de la misma.

En una sociedad al estilo de la que propugna la teoría económica neoliberal, con agentes sociales supuestamente iguales (o “representativos”), o al menos con “igualdad de oportunidades” (enfoque liberal); el problema del sujeto transformador no existe: todos los agentes (racionales), guiados por sus preferencias, convergerán hacia los criterios técnicos generales (los únicos necesarios) que permitan discernir cuál es la propuesta que lleva al “óptimo de bienestar social”. Pero si concebimos la sociedad como un conjunto de actores y sujetos individuales, intermedios y colectivos que tejen entre sí múltiples relaciones sociales de carácter conflictivo, algunas, y de carácter cooperativo, otras; la definición del sujeto se vuelve problemática, al menos en las siguientes dos dimensiones.

La primera y la más importante de estas dimensiones es, la «base social» que sustentaría una propuesta transformadora de esta naturaleza, la fuerza social impulsora. ¿Acaso podemos definir un “sujeto histórico” que la sustente, al estilo de las viejas tesis del “pueblo elegido” o de la “clase elegida”? No lo creemos.

La segunda dimensión relevante tiene que ver con la representación política de esta base social. ¿Deben tener los partidos políticos –por más progresistas que sean– el monopolio de la misma? Tampoco lo creemos.

De todas formas, lo que sí puede asegurarse es que la constitución de este “sujeto” es una tarea previa, o al menos simultánea, al impulso de las estrategias y políticas de cambio, que necesariamente deben sustentarse en esta base social.

La complejidad de una propuesta de transformación social, nunca lo olvidemos, rebasa ampliamente la mera formulación técnica de las políticas contenidas en un plan de desarrollo o en un programa de gobierno. Siempre debe tenerse en cuenta el contexto histórico, social y político (nacional e internacional) en el cual surge dicha propuesta. Esto es así porque los proyectos de transformación social no son proposiciones universales que difieren solo en su grado de aplicación. Un proyecto alternativo que no contenga la explicitación de los presupuestos sociales (en cuanto a su base de sustentación y a la representación política), es una proposición incompleta, por no decir, vacía.

En este sentido, la propuesta de “Otra Costa Rica sí es posible” debe pensarse como un instrumento de acción política (y de educación ciudadana y popular) de una gran fuerza social (un “bloque histórico”) compuesta por pequeños y medianos empresarios, trabajadores/as de la educación, jóvenes estudiantes, trabajadoras/es del hogar, trabajadores/as del campo y la ciudad, funcionarios gubernamentales, agricultores, e intelectuales, etc.; siempre que adquieran consciencia (seguramente “en carne propia”) de la necesidad de, en primer término, impedir y revertir la consolidación de una sociedad excluyente y fragmentada, de una democracia meramente electoral, de un sistema político en el que impere la impunidad y la corrupción y de una relación con la naturaleza insostenible para la vida humana.

Esta base social puede impulsar sus propuestas a través de las fuerzas políticas (incluso partidarias) y de los movimientos sociales, ciudadanos y comunales que logren amalgamar estos tres puntos de partida: i) ciertos acuerdos y consensos programáticos básicos, ii) una ética de la acción política y de la función pública orientada por el bien común y, iii) una mínima coordinación en torno a los lineamientos fundamentales de la acción política (incluso electoral) en el corto y el mediano plazo.

Los acuerdos deben ser lo suficientemente realistas como para ser un instrumento eficaz de la acción, pero también lo suficientemente utópicos y esperanzadores como para concitar la pasión de los actores e imbuir a su tarea de cierta trascendencia respecto de las luchas cotidianas puntuales que suelen prevalecer en la vida cotidiana.

¿Significa lo anterior que se requiere de previo la consolidación de “un nuevo partido político” que haga suyas las propuestas del proyecto transformador? No necesariamente. Lo más importante y urgente es que los distintos sectores sociales e institucionales, así como las organizaciones de la sociedad civil, empujen en esta dirección; resistiendo, debatiendo, educando y proponiendo, es decir, construyendo en la práctica alternativas viables y éticamente abiertas. Los partidos políticos ya constituidos o en proceso de constituirse que comulguen con esta perspectiva son parte indiscutible del proyecto transformador, siempre que se coloquen como instrumentos de la acción popular y del bien común.

Ahora bien, en la actual coyuntura política, en la que se ha vuelto urgente detener el avance del neoliberalismo, del conservadurismo, de la corrupción y del vaciamiento de la democracia, es realmente urgente la conjunción de voluntades entre los movimientos sociales, ambientalistas, comunales, de intelectuales, productivos, etc., y aquellos partidos políticos que se comprometan decididamente con una Costa Rica inclusiva, solidaria, democrática y sostenible (con una agenda mínima por definir). Menos de esto sería inaceptable, más allá de esto sería sectarismo.

Economista y diputado del Partido Acción Ciudadana.
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