Banderas de Zimbabue y gritos de "descanse en paz, descanse en paz" acompañaban bailes y cánticos, mientras el sol se ponía sobre la capital zimbabuense. Otras imágenes mostraban a niños aupados a tanques bailando al son de la música que resuena en las calles de la capital, Harare.

"Estoy tan emocionado. Nunca pensé que vería este día. Mugabe ha dimitido durante mi propia vida. Este es un paso hacia el Zimbabue que queremos. No será fácil", compartió el periodista del zimbabuense News Day Trevor Ncube, en su cuenta de Twitter.

Está previsto que mañana mismo se nombre a un nuevo presidente, según se anunció hoy en la sesión parlamentaria, nada más leer la carta de dimisión de Mugabe.

Su propio partido, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF), le había dado un ultimátum para que dimitiera, cuyo plazo se cumplió al mediodía de ayer sin que el ahora ex presidente cambiara de opinión.

Ante la negativa de Mugabe, el partido inició los trámites para poner en marcha la moción de censura parlamentaria, que finalmente no se consumará tras la renuncia definitiva del mandatario.

Durante sus casi cuatro décadas en el poder, Mugabe se transformó de luchador por la libertad de la antigua colonia británica y esperanza respetada en todo el mundo en un déspota internacionalmente aislado que sumió a su país en la ruina económica.

Mugabe, de 93 años, quería postularse el próximo año para otro mandato presidencial y ya había preparado a su esposa, Grace, de 52 años, para la futura sucesión. Sin embargo, sus antiguos compañeros de armas desbarataron sus proyectos.

Los méritos de Mugabe en la caída del régimen de minoría blanca y la implantación de la democracia en 1980 eran indiscutibles. Sin embargo, fue desarrollando una sed de poder cada vez más insaciable y perdió la percepción de los problemas de la gente.

El que fuera el granero de África austral se degradó para terminar siendo un país empobrecido y hambriento. La infraestructura se deterioró, la moneda nacional se derrumbó y cientos de miles de zimbabuenses huyeron al exterior.

El político de grandes gafas se aferraba al final al poder con métodos cada vez más brutales, probablemente también por el temor de que lo pudieran someter a juicio por crímenes cometidos en el pasado.

Sus antiguos admiradores estaban decepcionados. Hace pocos años, el arzobispo Desmond Tutu, galardonado en 1984 con el Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el apartheid, calificó a Mugabe como una caricatura de un déspota africano.

Tras encabezar la lucha anticolonialista, después de purgar una pena de prisión de diez años, en 1974 se trasladó al vecino Mozambique y rápidamente se convirtió en uno de los líderes más destacados de la guerra de guerrillas contra el régimen del primer ministro Ian Smith.

Después de una lucha guerrillera de varios años, el partido de Mugabe ganó en 1980 las elecciones presidenciales. El héroe de la lucha por la libertad se convirtió en primer ministro y en 1982 también en presidente.

Mugabe, un intelectual dotado de una retórica brillante que siempre vestía de forma elegante, sorprendió inicialmente a amigos y enemigos con una política encaminada a la reconciliación entre blancos y negros. La economía crecía y el Gobierno realizaba exitosas inversiones en los sistemas de salud pública y educación.

El índice de analfabetismo bajó rápidamente. Mugabe creó un ambiente, que se ha preservado hasta el día de hoy, en el que se considera como prioridad asegurar una buena educación a todas las familias. Con esta política, muchos veían en Mugabe el arquetipo de un jefe de Gobierno africano exitoso y moderno.

Sin embargo, también demostraba ser un hombre sin escrúpulos cuando se trataba de vencer en luchas de poder. Miembro de la etnia dominante shona, recurrió pronto al Ejército para reprimir a la minoría ndebele. Miles de miembros de esta etnia murieron en masacres perpetradas entre 1982 y 1987 en la región de Matabelelandia.

Con la decisión de expropiar a agricultores blancos, Mugabe rompió a finales de los 90 con su política de reconciliación con la minoría blanca. En 1999, más de 800 grandes terratenientes fueron expropiados sin indemnización alguna. Los seguidores de Mugabe ocuparon miles de granjas y mataron a numerosos agricultores blancos y a sus familiares. Muchas granjas fueron entregadas a aliados de Mugabe que carecían de experiencia agrícola y a pequeños campesinos. Rápidamente, la producción de maíz y tabaco se desplomó.

El noble objetivo de mejorar la distribución injusta de la tierra se convirtió en la estocada para la economía. Según muchos observadores, el líder opositor Morgan Tsvangirai ganó la primera vuelta las elecciones de 2008. Sin embargo, la Comisión Electoral ordenó la celebración de una segunda vuelta y de esta forma les dio a los esbirros del partido de Mugabe, ZANU-PF, tiempo suficiente para organizar una ola de violencia contra simpatizantes del partido opositor MDC.

Tsvangirai retiró su candidatura para evitar un mal mayor. "Solo Dios, que me ha nombrado, puede destituirme", deliró Mugabe. Presionado por las protestas internacionales, el presidente terminó por aceptar, a regañadientes, la formación de un Gobierno de unidad nacional con Tsvangirai como primer ministro.

Muchos zimbabuenses resignados al final solo esperaban la muerte del anciano presidente. Nadie esperaba un golpe militar. Las largas estancias en el exterior de Mugabe alimentaban las especulaciones sobre su estado de salud. Cada vez que no aparecía en público durante mucho tiempo nacían rumores sobre su fallecimiento. Con 92 años el propio Mugabe, sin embargo, lo tomaba con humor: "Es correcto. Ya estaba muerto, pero como siempre renací", dijo en septiembre de 2016 riéndose sarcásticamente.

La primera esposa de Mugabe, Sally, murió en 1992. Más tarde se casó con su ex secretaria Grace Marufu, con quien tiene tres hijos. Grace Mugabe, 41 años menor que su marido, ha sido criticada a menudo por su estilo de vida lujoso.

El ahora ex presidente siempre neutralizó a sus eventuales rivales y "príncipes herederos". No quería que otros interfirieran en el proceso de sucesión, hasta que el Ejército tomó la decisión de intervenir.