Desde que apareció el término millennial, se ha convertido más en un insulto que un descriptor generacional: a menudo se usa peyorativamente para disminuir a una generación que se salía de las clasificaciones y que no se acomodaba las expectativas de nuestros antecesores. A los millenials nos han descalificado de todas las formas posibles y, en el fondo, se nos ve como “adultos fallidos”:  inútiles, vagabundos, niños y niñas índigo, mantenidas, delicados, echadas. Somos los que preferimos viajar que comprar casa, las que decidimos tener perros en vez de tener hijos, que no sabemos cocinar ni mantenernos, que preferimos ver Netflix que noticias. Y es que tal vez las noticias que vimos por años sean precisamente el porqué tomamos muchas de nuestras decisiones de vida.

 Paradójicamente la mayoría de los problemas más grandes y las cosas que más molestan a los millenials, las heredan: han sido causados directamente por las acciones o inacciones de quienes formamos parte de las generaciones anteriores. Ya sea que se trate de la desigualdad creciente, del calentamiento global, de la crisis en los sistemas de seguridad social, de la corrupción y el consecuente desencanto con la política... no, no son inventos millenilas, aunque sí les toca lidiar con ellos.

 Pero el tema no es realmente generacional: ser boomer en la era del ok boomer no es un tema de edad. Gracias al trending topic hemos visto salir debajo de las piedras a un montón de tipos de distintas edades (si, tipos, porque la mayoría son hombres) más ofendidos que incluso los mismos boomers. Y es que el ok boomer les molesta porque los retrata en su condescendencia. Les arde porque les responde con la misma falacia que han usado toda la vida para mantenernos en línea (a sus menores o a quienes, por el motivo que sea, perciben como inferiores). Los jode porque no hay respuesta posible. Los enoja porque finalmente alguien a quien veían de menos les está diciendo:  usted puede hablar o tuitear todo lo que quiera, a mi me vale, pero ya no espere ser el centro de atención. Son los mismos que lo pierden frente a una niña sueca de trenzas que domina temas con mucha más destreza y gracia que ellos. Los mismos que cuando se habla de violencia de género responden que #NotAllMen.

 Y la cosa va más allá (y disculpen, esto puede a ofender a algunos). El ok boomer les molesta a los mismos que se rasgan las vestiduras por el lenguaje inclusivo, por las y los, por todes, por las x y las @, porque es una ofensa a la pureza del lenguaje – que nunca fue muy puro, la verdad sea dicha – o porque irrespeta a la Real Academia, que tampoco es tan respetable. Y sí, los millenials y su condescendiente ok boomer le molesta también a esos adultos y adultas (aquí si encontramos bastantes señoras) que, con la bandera de los valores tradicionales y la vida y la obediencia (sobre todo la obediencia) enmascaran tras esos “valores” su xenofobia, su machismo, su racismo, su homofobia, su clasismo... y su terrible inseguridad, su temor a no ser obedecidos.  

 Los millenials estamos cansados de explicar que si no tenemos un trabajo estable tal vez es porque el mercado no nos los ha permitido; que si ahorramos para viajar es porque la burbuja inmobiliaria no nos dejó chance ni de pensar en tener casa propia; que si preferimos perros que hijos tal vez sea porque no queremos traer personas a un mundo que podría no sobrevivir a la crisis climática... o a la violencia creciente. No es casual que las distopias modernas vengan cargadas de violencia: los cuentos de criadas, domos de Mad Max o plot twists de Black Mirror no se alejan tanto del futuro que vemos venir en los noticieros. Y, hartos y hartas de explicar sin que siquiera consideren nuestros argumentos, encontramos que la condescendencia del “respete a sus mayores”, en millennial, se dice ok Boomer.  Y por eso les ofende tanto. Es la peor forma de confrontación: la que no confronta, sino que simplemente te hace al lado, te deja atrás en la obsolescencia de un pensamiento añejo que ya no tiene lugar, ni en las redes ni en el mundo real.

Como si no fuera suficiente, en el fondo de muchos gen Xers enojados, se suma además un poco de envidia de haberse quedado afuera de la generación que se atrevió a responder, un poco de ganas escondidas de responder ellos también pero sabiendo que ya no, que no les luce,  con un poco de chimazón de ver al hermanillo menor lograr las libertades que ellos en su momento hubieran querido pero no pudieron lograr.

 Paradójicamente, si bien muchos genXers se ofenden de rebote, no todos los boomers se ofenden con el ok boomer. Hay boomers que entienden esto perfectamente – y otros que debieran entenderlo – porque no es muy distinto a lo que vivimos hace cuarenta o cincuenta años, cuando éramos nosotros los rebeldes, los hippies, los pacifistas del make love not war, los piecitos (no, no eran chancletudos, eso vino después), los mafufos, los que hablábamos de justicia social... ¿Se acuerdan? It was blowin´in the wind. Y, sobre todo, los que no calzábamos en el mundo de los mayores, los malagradecidos que cuestionábamos ese mundo de creciente consumo material que heredábamos.

 Si teniendo esa herencia, los baby boomers queríamos ser distintos... ¿cómo no van a querer ser distintos los millenials, si a ellos ni siquiera les heredamos el sueño de la prosperidad inagotable, de las oportunidades y el progreso... sino la pesadilla de un planeta que se agota, de una sociedad que se parte en dos y un progreso que se diluye en el regreso de los valores medievales? Por eso los millenials responden con condescendencia a nuestra condescendencia.  

 En el fondo, el ok boomer descontrola a tantos porque por primera vez les decimos que el respeto no viene en automático con los años, sino que tiene que ganarse. Les aterroriza un futuro donde sus opiniones no sean santa palabra, donde nuevos y mejores valores – de respeto, inclusividad, feminismo, derechos humanos – reemplacen antiguos vicios sociales; y donde, finalmente, a su viejo “es así porque yo digo” alguien se atreva a responder: pues menuda mierda de argumento.

 Y es que, sobretodo en redes, decirle a alguien que su argumento no es válido (o que no nos importa) no es una falta de respeto, es el día a día.  Más aun, cuando alguien nos descalifica diciendo que nuestro argumento es vacío, tenemos tres opciones: tener la humildad de tratar de armar un mejor argumento, tener la madurez de dejarlo ir … o tener la cáscara de hacer un berrinche. Si quiere saber que tipo de persona está hablando dígale ok boomer y fíjese a ver cómo reacciona:  ¿es capaz de reírse de si misma, replantea su argumento, o simplemente explota… BOOM?

 Y por eso mismo, los baby boomers no debiéramos sentir el ok boomer como un insulto o una descalificación, sino como un llamado de atención, como una provocación a recuperar la memoria, los sueños y la protesta. Entendámoslo más bien el como una invitación a escuchar a los más jóvenes, a poner atención a esos extraños millenials, igual que queríamos nosotros ser escuchados ayer (que no fue hace tanto). Si escuchamos bien, tal vez lo que nos están diciendo no nos resulte tan ajeno. Y tal vez descubramos que boomers y millenials tenemos más en común de lo que (ambos) creemos. El espacio para el reencuentro está ahí.