Estas fueron las palabras exactas del candidato a la presidencia Rodrigo Chaves, registradas en una grabación hecha aparentemente durante una reunión con seguidores de su partido. No son éstas palabas que pueda llevarse el viento, como tantas otras pronunciadas al calor de una campaña electoral. Pesan demasiado.

La democracia costarricense no es perfecta, bien lo sabemos. Y no lo es en parte por la presión que ejerce la llamada “gran prensa”, o mejor dicho la prensa con dinero, en la definición de los temas trascendentales del país, generalmente a favor de ciertos intereses corporativos, lo que determina su tendencia a la intromisión política, en ocasiones con métodos poco profesionales y éticos.

Y, sin embargo, la paradoja es que lo que sí funciona de nuestra democracia está estrechamente relacionado con la libertad de prensa.

En Costa Rica se puede accionar judicialmente contra cualquier abuso cometido por un medio de comunicación y eventualmente reparar el daño causado a una persona, a una institución, a una causa. Existe, además, el derecho de respuesta, garantizado por la Constitución Política. Recientemente, cabe la posibilidad de fundar medios alternativos en Internet, a costos muy bajos, para hacer valer las verdades que no tienen cabida en los medios tradicionales. De hecho, hay decenas de periódicos y revistas digitales.

En otras palabras, existe el mal pero también algunos remedios posibles. Lo que del todo sería irremediable es un gobierno que atente contra la libertad de prensa, “destruyendo” a los medios que no le favorezcan.

Los ejemplos están a la vista y son cercanos. Desde el inicio de su segundo mandato en Nicaragua, en 2007, Daniel Ortega empezó una feroz campaña contra los medios de comunicación y los periodistas críticos, que a lo largo de estos 15 años ha llevado a la destrucción de al menos 20 medios de comunicación.

El paso siguiente fue la “destrucción” de los partidos opositores y el encarcelamiento de dirigentes de la oposición, algunos de ellos destacados combatientes en la lucha contra la dictadura somocista, héroes que hicieron posible el encumbramiento de Ortega al poder.

Y no señor, no estoy exagerando. Lo primero que hacen los dictadores es “destruir” a la prensa crítica o simplemente opositora. Así que es un signo muy peligroso para Costa Rica que un candidato a la presidencia amenace con “tsunamis” a los medios de comunicación.

En nuestro país, pese a sus defectos, la prensa ha destapado muchísimos hechos de corrupción cometidos por políticos en el poder y acaudaladas empresas. Nos ha permitido conocer hechos gravísimos que en otras épocas se mantenían en la sombra, resguardados bajo llave en el baúl de los acuerdos bipartidistas. Nos ha permitido, como sociedad, observar con mayor realismo y objetividad el mundo de la política y tomar decisiones que hace algunas décadas eran inconcebibles.

Y los políticos con experiencia han aprendido a convivir con esa realidad y tratan de mantener las mejores relaciones posibles con los medios y sus periodistas, aunque en ocasiones se enojen con ellos tanto o más que el señor Chaves. Así debería seguir siendo para preservar lo más valioso de nuestro sistema político.