El inicio, como cualquier otro inicio, no fue fácil, pero el camino de este grupo de pioneros ha estado marcado por éxitos más que por fracasos. Este mes de mayo, la Asociación de Productores y Consumidores Orgánicos de Costa Rica, mejor conocida como la Feria Orgánica El Trueque, cumplió 20 años.

Desde el principio, el grupo pensó que la mejor manera de comercializar sus productos era sin intermediarios, en una relación directa entre ellos mismos y los consumidores, por lo cual decidieron buscar un espacio donde pudiera materializarse este encuentro.

Durante los primeros seis años, la Feria se realizó todos los sábados en el Centro Comercial Los Colegios en Moravia. Posteriormente se trasladó a un predio en la parte posterior de la Iglesia Luterana en el barrio El Carmen de Paso Ancho.

Desde entonces, todos los sábados, desde antes de que broten las primeras luces del día, cientos de entusiastas compradores acuden en busca de los productos libres de tóxicos que han de ser su alimento durante la siguiente semana.

No sólo legumbres y verduras. En la Feria el consumidor podrá encontrar pollo de pastoreo, criado con alimento orgánico; huevos; productos lácteos; semillas y granos industrializados; productos para mejorar la salud; plantas medicinales y ornamentales, artesanías, hongos frescos, flores, y hasta lotería, por si acaso. 

Pero, adicionalmente, los adeptos a El Trueque encuentran algo más: un ambiente cálido y amistoso, un espacio donde se puede construir amistades y tener interesantes charlas sobre política, ecología, salud o disciplinas esotéricas en torno a una mesa sencilla, servida con café, gallo pinto, picadillos y tortillas con queso.

“Eso fue algo que creímos desde el principio, que la relación directa con los consumidores era muy importante”, explica la presidenta de la Asociación, Mayra López Jiménez.

“El trueque fue la primera feria orgánica de Costa Rica, luego fueron apareciendo otras, como la Feria Verde que funciona en barrio Aranjuez.

 

 

Diversificación

“Ciertamente, el camino no ha sido fácil, pero al cabo de veinte años hemos tenido muchos éxitos. El más importante es haber logrado una gran diversificación de productos”, asegura López.

Al principio era impensable ofrecer a los consumidores papa, chile dulce, tomate o apio orgánicos, entre otros, porque son cultivos muy susceptibles a las plagas. Sin embargo, con el empeño y el esfuerzo se hizo posible, explica la dirigente de El Trueque.

Rafael Guerrero, uno de los fundadores de la organización, nos cuenta que para lograr ese objetivo los productores tuvieron que endeudarse con los bancos para comprar invernaderos, que son estructuras muy caras. “Algunos todavía seguimos pagando y la recuperación de lo invertido ha sido muy lenta”, puntualiza.

“Así pudimos producir y llevar a la feria productos como el tomate. En cuanto a la papa, que solo podíamos producir orgánicamente durante el verano, mi hermano y yo pagamos un curso con un especialista colombiano, Jairo Restrepo. Con él aprendimos las técnicas para lograr que también nos funcionara en invierno”, manifestó Guerrero.

“Hemos tenido que hacer muchos sacrificios -agrega el productor- pero lo hemos hecho con amor porque creemos en lo que estamos haciendo”.

No obstante, para lograr la extensión de la agricultura orgánica, que en Costa Rica apenas representa el 2% del total, se requiere de políticas públicas que faciliten a los productores dar el salto a un modelo de producción más sano, en pro de la salud pública y del medio ambiente. Crédito barato, asistencia técnica especializada y campañas informativas y de concientización para los consumidores son necesidades urgentes.

“Hay más apoyo estatal que antes, pero no suficiente”, considera Mayela López, pero Guerrero siente que dicho respaldo es menos que insuficiente.

El Estado no cuenta en este momento con una entidad encargada de impulsar la agricultura orgánica. Existe una unidad especial denominada ARAO dentro del Servicio Fitosanitario del Estado, cuyo papel es regular la producción orgánica, pero los agricultores lejos de sentirse respaldados por esta entidad perciben una actitud poco constructiva.

“No les interesa impulsar los nuevos proyectos, andan buscando qué se encuentran para eliminarlo antes de que se desarrolle -asegura Guerrero-. En cambio, las piñeras aplican pesticidas etiqueta roja (de la máxima toxicidad) a diestra y siniestra, eliminan bosques y contaminan las aguas sin que nadie los inquiete”.

 

Proyectos

A lo largo de los últimos veinte años, El Trueque ha consolidado un numeroso grupo de consumidores fieles, que acuden con frecuencia, pero también hay clientes que llegan de manera ocasional y que, en conjunto, dan vida y continuidad al proyecto.

Sin embargo, si se considera la poca extensión de la agricultura orgánica en el país (el 2% según cifras oficiales), los miembros de esta asociación se han planteado como meta un crecimiento del número de consumidores orgánicos, lo que haría posible que la actividad sea más rentable y entre en una nueva etapa expansiva.

Esto lo piensan lograr con más información, haciendo conciencia acerca de los graves riesgos que implica para la saluda el consumo de productos agrícolas contaminados con agroquímicos. Otro objetivo es establecer un nuevo campo ferial en Santa Ana a partir de junio, en el centro comercial Town Center. Dicho campo no reemplaza el de Paso Ancho, que seguirá sus actividades sin cambios, sino que busca la ampliación del mercado, concluyó López.