Caracas, por su parte, acusó a los miembros de la OEA de estar obsesionados con Venezuela, de echar “gasolina a la candela” en lugar de llamar al diálogo y de hacer un uso político y selectivo del tema de derechos humanos en la Asamblea General.

Como alternativa ante la falta de consenso, Ecuador pidió, por intermedio de su canciller, María Fernanda Espinosa, que se acuerde una hoja de ruta de diálogo con el gobierno de Nicolás Maduro, en alianzas regionales como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), porque en la OEA “no va a haber acuerdo”.

Estados Unidos y otras delegaciones, incluida la del anfitrión México, promovían la creación del denominado ``grupo de contacto’’ para mediar en una eventual negociación entre el gobierno y la oposición en Venezuela, en momentos en que recrudece la crisis en el país sudamericano tras dos meses y medio de protestas que dejan 74 muertos.

``Ya se cerró la resolución de derechos humanos y no está incluido el grupo de contacto’’, dijo a la prensa Luis Alfonso de Alba, representante ante la OEA de México, al aducir razones de “procedimiento’’.

Cuando se reiniciaron los trabajos de la sesión de cierre de la Asamblea en el balneario mexicano de Cancún, un puñado de opositores venezolanos, entre ellos los diputados Luis Florido, Williams Dávila, Carlos Lozano, Franco Casella y Winston Flores, se colocaron al frente de la mesa donde se moderaba el debate mientras gritaban ``asesinos, asesinos!’’ y enarbolaban una bandera de su país. `Esta organización no ha dado respuesta a la profunda crisis en Venezuela, mientras aquí discuten y cuentan los votos, en Venezuela estamos contando muertos y balas’’, reclamó tras la protesta Carlos Vecchio, opositor exiliado cercano a Leopoldo López.