Según los indígenas fueron ocho las personas que estuvieron durante casi una semana haciendo mediciones topográficas y otras actividades con sofisticados equipos fotográficos, dispositivos GPS, medidores de altitud, detectores de metal y radares, así como armas de fuego.

Radio 8 de octubre detalló que las investigaciones realizadas con posterioridad permitieron determinar que los intrusos fueron cinco canadienses, un peruano y dos costarricenses y que la comunidad de Alto Cuén teme que puedan regresar en cualquier momento y causarles daño.

Aunque se presentaron a la comunidad como misioneros y obsequiaron biblias casa por casa, estas personas usaban uniforme militar color fatiga, iban armados y cuando se les pidió que dijeran una oración no supieron cómo hacerlos.

Fue evidente que estos falsos misioneros contaban con entrenamiento militar y estaban capacitados para sobrevivir en la montaña.

“Los vecinos alarmados por la situación se comunicaron con la Fiscalía de Bribri, los cuales procedieron a subir a Alto Cuen. Dos oficiales de la Fuerza Pública llegaron al campamento de los misioneros sin encontrarlos en el lugar. Los funcionarios bajo la orden del Ministerio Público procedieron a decomisar los pasaportes y algunas armas tales como cuchillos y una pistola de balines, dejando a la comunidad a la merced los paramilitares”, denunció la radio.

Tras la visita de la Fuerza Pública, la comunidad fue amenazada de forma violenta por los supuestos misioneros, apuntando a los indígenas con armas y exigiendo los artículos sustraídos por la policía.

Los indígenas temen que en cualquier momento estas personas regresen y puedan tomar represalias contra la población, por lo que han pedido protección de las autoridades, pero éstas no han dado respuestas a tales solicitudes.