El presidente Carlos Alvarado se refiere a éstos y otros trascendentales temas en una amplia entrevista con Informa-tico.com.

Para el mandatario, la falta de confianza entre los distintos sectores de la sociedad es una especie de muro de Berlín que hace difícil los entendimientos y frena las posibilidades de desarrollo del país. 

Afirma además que hay un diálogo que es urgente y más importante que ninguno otro, referente a las metas que Costa Rica quiere alcanzar para las próximas décadas, un diálogo que el gobierno convocará a corto plazo. Sin embargo, para que este diálogo genere acuerdos y una voluntades, se deben ir derribando los muros.

He aquí la entrevista completa:

 

Medicina amarga

Informa-tico.com - Se dice que los impuestos son una medicina amarga, no solo para el que los paga sino también para el que los pone, porque generan impopularidad. ¿Qué tan amarga ha sido la medicina para este gobierno?

Carlos Alvarado: Yo no lo vería en términos de amargura, sino en términos de necesidad. Yo quiero a mi país y no quería verlo sumido en una crisis económica y entonces había que hacer lo necesario para evitar una crisis económica. Podría calificarse de amargo o difícil, pero era algo necesario que había sido postergado.

Para quienes tienen que pagar más, sobre todo el sector privado y los profesionales liberales, tiene ese impacto.

 

Algunos sectores se han mostrado inconformes porque argumentan que una vez más la carga está sobre los que menos tienen, no sobre los que más. La pregunta es: ¿pudo haber sido más progresiva la reforma?

Ese argumento suena muy fuerte, porque la reforma sí es progresiva, recae sobre los que más generan y más tienen. Hay estudios de las universidades, tanto de la UNA como de la UCR, así como de Hacienda que demuestran eso. Explicarlo con datos en el mundo actual de la posverdad es difícil porque, cuando se usa la muletilla “pagan más los pobres” eso tienen un gran impacto comunicacional. Pero los datos duros demuestran todo lo contrario.

Que pudo haber sido más progresiva, sí, pero también hay que contar con que es la correlación legislativa la que determina cuál es la reforma final. Hay que considerar que la Asamblea Legislativa es construida por el voto popular y esa conformación legislativa que decidió el pueblo es a la larga la que decidió la dosis de progresividad de la reforma. Yo llevé adelante lo que dije en que campaña que tenía que hacer.

 

¿Quiere decir que si hubiera dependido de usted, la reforma habría sido más progresiva?

Si yo hubiera tenido los 34 diputados con que se aprobó el proyecto, probablemente habría alcanzado otras metas que no se pudieron lograr, pero bueno, siempre estará el tiempo para hacer otros cambios. Esto no es el final de la discusión. Siempre la historia demuestra que progresivamente se van ajustando cosas.

Lo importante era avanzar en algo que se había pospuesto por décadas.  Yo decidí entrar a competir para ser presidente a sabiendas de que tenía que hacer eso, no fue que llegué y me llevé la sorpresa.

 

Hemos escuchado mucho en redes sociales, en medios de comunicación, de parte de actores políticos, observaciones en el sentido de que el grupo socialcristiano en el gabinete tiene un peso muy importante y que eso le da a su gobierno un sesgo más neoliberal de lo que la gente esperaba.

Yo pondría varias cosas en la balanza. Una es que hoy el estado social de derecho existe y se prolonga al futuro sin haber comprometido sus instituciones. No generamos despidos masivos, no generamos cierre o venta de instituciones. Todas las anteriores eran señaladas como medidas para resolver el problema fiscal. Y yo fui el único que (en campaña) no planteó esas medidas y gané la elección.

Entonces, si esas medidas que plantearon otras ofertas electorales, como venta de activos, despidos de personas, cierre de instituciones, no se implementaron y el estado social de derecho sigue funcionando con su misma vocación, es porque yo soy el presidente.

Por ejemplo, yo fui el único que planteó que el ICE se debía fortalecer. Eso es lo que hace la diferencia. Si a mí me dicen que soy neoliberal, esa sería mi respuesta.

Ahora bien, el PAC desde su inicio siempre planteó la eficiencia, la disciplina fiscal y también planteó el tema de los impuestos. Yo, por ejemplo, en la primera ronda dije que creía en el IVA y de hecho dije que creía en el IVA al 15%. En esa primera ronda no planteé la regla fiscal, pero entendí luego en la segunda ronda y dada la conformación legislativa que en esas condiciones mías de inicio tenían que adaptarse a una realidad política que era lo que permitía lograr lo necesario en aquel momento.

Esto requiere varias palabras, más que dos, para ser explicado y puesto en perspectiva. Por eso es más fácil con una palabra con carga simbólica como “neoliberal” derribar toda una argumentación. El hecho es que el estado social de derecho sigue en pie y no solo para esta generación, que también es muy importante, sino también para la próxima.  Parte de lo que hicimos no solo fue proteger el presente sino también proteger y abrir espacio para el futuro.

 

 

Video completo de la entrevista

Acerca de baños y otras fake news

A raíz de estos temas, su administración ha vivido un clima de agitación, de protestas en la calle. ¿Cuál es su estrategia de aquí en adelante para calmar los ánimos?

na particular ha sido, muy reciente, abrirnos a la escucha y al diálogo con los diferentes sectores que se manifiestan. Ahí hay que separar tres elementos.

Uno: las demandas fehacientes. Cuando se dice que hay rezagos en la infraestructura educativa, es cierto, como país tenemos un rezago de mucho tiempo y hay que atenderlo. Que tenemos problemas en la normativa y la institucionalidad que administra la pesca, es cierto, hay que atenderlo. Y así con diversos temas.

Dos: los temas que surgen basados en informaciones falsas o sobredimensionadas. Por ejemplo, que vamos a implementar baterías de baños (en centros educativos) donde hombres y mujeres, niños y niñas, van a estar en el mismo espacio. Eso es falso pero el tema se posicionó como real y derivó en que mucha gente protestara. Son cosas falsas que impulsan a mucha gente a canalizar su insatisfacción, que es válida digo yo, porque estamos recogiendo mucho de la exclusión que generamos en los últimos 40 años, principalmente la exclusión educativa y de oportunidades. Hoy muchas personas no están logrando oportunidades de ingreso porque hicimos la transición a una economía en la que se incorpora mejor quien más educación y más destrezas ha adquirido. Entonces dejamos mucha gente atrás en las últimas décadas.

Y tres: las que surgen por interés deliberado, con objetivo político sectorial o partidario. Estas tres cosas coexisten en un escenario que sumó dos eventos: uno, la pasada elección que dejó, obviamente, varios sectores políticos perdedores y, dos, la reforma fiscal y la huelga de empleados públicos, que también fueron perdedores de este proceso. Perdedores políticos, digo, porque no quisiera pensar que como país estemos perdiendo. Entonces, suman esos grupos en otro contexto, de cara a las elecciones municipales y a reivindicaciones más sectoriales.

Entonces, tenemos un cúmulo de eventos que estamos abordando directamente con cada uno, poniendo énfasis en el primer elemento, el de las reivindicaciones reales, abriéndonos mucho a dialogar, a escuchar y a resolver.

 

Y rebatiendo toda esa mitología…

También, pero eso es lo más difícil. Hoy, uno de los campos más complejos tiene que ver con la parte comunicativa. Es un nuevo escenario que sorprende incluso a la gente que ha estado en la comunicación por décadas. A veces tiene más peso un audio anónimo que circula masivamente que una noticia real, de algo que cambió, y ese es el mundo en el que coexistimos.

No está la ciudadanía bien informada y eso está incidiendo en nuestro comportamiento real. Eso es un gran reto porque la ciudadanía real se ejerce cuando se conocen los derechos y se tiene una lectura mejor de la realidad. No lo digo como excusa, sino como preocupación.

 

Viendo en perspectiva hacia los próximos tres años, ¿tiene usted una estimación de los impactos fiscales y sociales de la reforma fiscal?

En lo inmediato, la proyección macroeconómica nos da estabilidad, que es lo principal, estabilidad económica que deriva en algún grado en estabilidad social. Yo no quisiera imaginar lo que sería el escenario que tenemos hoy de conflictividad e insatisfacción sumado a una crisis económica. Hoy no tenemos una crisis económica pero sí tenemos malestar social y hay que trabajar fuertemente en la paz social. Tenemos que crecer mucho más y distribuir ese crecimiento para generar bienestar.

Hay que entender también que lo que se acumuló en treinta años no lo vamos a resolver en dos o en tres. Por ejemplo, viendo el presupuesto del próximo año, del 2020, hay 2.000 millones de colones, un componente enorme, que son pago de deuda e intereses. O sea, nosotros hoy estamos pagando lo que hace décadas gastamos. Otra parte grande de nuestro presupuesto son los salarios públicos y una parte muy pequeña lo que destinamos a inversión.

Es como si uno heredara el negocio familiar en tercera generación y cuando lo recibe se da cuenta de que lo que le heredaron fue una gran deuda y una máquina que no está produciendo lo que tiene que producir. ¿Qué es lo que toca hacer? Bueno, arreglar la deuda y tomar decisiones para que el negocio pueda vivir muchos años más.

Entonces, económicamente va a ver una mejora derivada de la estabilidad. Socialmente, habrá impactos pero serán atenuados. Dependerá mucho también de lo que logremos hacer en crecimiento económico y generación de empleo. Las condiciones están, lo que se necesita es construir un intangible que es la confianza. La gente está deteniendo la inversión o el consumo porque hay un grado de incertidumbre. Yo espero que logremos poco a poco disipar eso. Una vez logrado, Costa Rica puede aprovechar una estabilidad que no tiene casi ningún otro país en la región.

Sin embargo, en la medida en que nuestro objetivo no sea crecer y generar bienestar, sino otros intereses más particulares, va a ser complicado. Contra eso lucharemos. Entonces, yo esperaría que logremos, sobre todo el próximo año y el siguiente, una mayor estabilidad y un mayor crecimiento.

 

Derribar el muro de Berlín

 

Se ha abierto una serie de diálogos sectoriales con sectores diversos. Con unos será más fácil llegar a acuerdos pero con otros serán mucho más difícil. Ahí el diálogo debe conducir a ceder ambas partes. ¿Qué tan elástica es la situación no solo fiscal sino política para hacer concesiones? Y a raíz de esa duda nos surgió otra: ¿por qué se tuvo que ir el ministro de Educación?

Mi síntesis es que don Edgar (Mora) que es una gran persona, un gran ser humano, presentó la renuncia dado que su espacio político se agotó en diversos campos, diría yo. Tal vez la manifestación concreta, fehaciente, sea la que es difusa, pero sí, en diversos campos se vio esa manifestación.

En temas de diálogo hay varias cosas: una es que tenemos dificultad en materia de representación porque es mucha la dispersión de las representaciones. Muchas veces las mismas organizaciones o sus liderazgos no canalizan lo que hacen sus bases. Se da que un liderazgo llega un acuerdo con el gobierno pero sus bases no respetan el acuerdo y eso genera una gran dificultad para negociar o dialogar.

Por otro lado, en la Asamblea Legislativa se ha logrado generar mucho diálogo, ha sido una de las Asambleas Legislativas más productivas. El diálogo fluye, hay la madurez para entender el contrapunto del control político y la necesidad de tomar decisiones políticas. Una de las decisiones de gran calado del último año es la reforma al reglamento legislativo. Yo constantemente estoy firmando leyes que no son menores.

Entonces, se ha dado un avance en la acción legislativa del país. Creo además que en el tema del diálogo, nuestra discusión está muy corporativizada. Es decir, es la discusión del gobierno en representación de los intereses agregados del país, con sectores, grupos de presión que pueden más o menos llevar adelante su reivindicación concreta.

Hay otro tipo de discusión que yo deseo impulsar y que he pospuesto porque estoy esperando el momento oportuno. Es lanzar el Consejo Económico y Social con las fuerzas representativas de la sociedad civil, para abrir un diálogo del país. Eso tiene que ver con la calidad de la discusión. Nosotros, como país, tenemos que hacernos varias preguntas que no hemos respondido. No hemos pensado cuál es el crecimiento que vamos a tener en los próximos diez, veinte, treinta años. De dónde va a venir y cómo lo vamos a lograr. Hoy lo hacemos inercialmente, pero no nos hemos puesto a pensar cómo hacerlo.

Somos un país que renunció de manera válida a explotar petróleo, a exportar minerales, ciertos tipos de desarrollo. Entonces, ¿cómo vamos a hacer para salir de la trampa de un país de renta media, para desarrollarnos? Esa es una discusión grande que no hemos profundizado. ¿Cómo vamos a lograr que eso beneficie a todas las personas?

Hoy vemos un sector de nuestra economía que va rapidísimo, que genera empleo, que genera riqueza y otro que está decreciendo o estancado. Eso es lo que nos está generando la desigualdad. Y eso tiene una manifestación territorial: hay unos cantones unas zonas que están creciendo, boyantes, y otras que están deprimiéndose. Eso está polarizando a nuestro país.

Cómo resolver eso es una discusión de fondo que no hemos abierto como tal. Yo creo que en las dos últimas décadas le hicimos un gran daño al país cuando convertimos a Costa Rica en una economía de dos motores. Hay aviones que se mueven impulsados por dos motores, pero si uno se quema el avión sigue. Más lento y con más riesgo, pero avanza. Así es como hemos vivido. Yo creo que tenemos que pensar a Costa Rica como un solo organismo que tiene varios órganos. Uno puede tener muy bien la mente y el corazón, pero si le fallan los riñones, un pulmón o el hígado, se muere. Creo que Costa Rica tiene en ese sistema órganos que están muy bien y otros enfermos, pero el todo tiene que preocuparse por la salud de sus partes.

¿Cómo vamos a financiar el futuro? Eso está en la discusión de las pensiones de la Caja, en cómo vamos a financiar su sostenibilidad, porque hoy sin tener más crecimiento ni más trabajadores, estamos financiándolo a partir de los aportes de todos: patronos, trabajadores y gobierno. Y para esos aportes nos estamos pidiendo plata a nosotros mismos. Nos estamos todos empobreciendo. ¿Cómo vamos a cambiar eso?

Es otra vez la discusión del crecimiento. Creo que debemos aprender de nuestra discusión sobre el 8% en educación. Yo mismo he sido parte de eso, yo escribí algo apoyando el 8%. Peleamos por el 8% pero no dijimos para qué ni qué vamos a lograr. Se convirtió en un fin en sí mismo y empezamos a hacer el financiamiento pero no dijimos adónde teníamos que llegar. Hoy, la pregunta antes de pensar en un número es cuál es la educación que necesitamos para incluir a todo el mundo el país. ¿Cuánto cuesta eso en infraestructura, cuánto cuesta en maestros, en becas, etc.) ¿8%, 9%, 10%? ¿Cuánto tiempo nos va a tomar llegar ahí y qué hay que hacer para llegar ahí? Creo que ese es el tipo de diálogo que debemos dar como país, dónde queremos llegar para ponerlo como una meta nacional. En educación, en salud, en todo. Esa discusión no se ha abierto.

Hoy estamos discutiendo sobre baños (en las escuelas) o sobre cosas de la burocracia, yo me encuentro hablando todo el día sobre SETENA, encaje legal, regla fiscal, SENARA, la habilitación de pozos, agroquímicos porque esos son los cuellos de botellas que detienen el desarrollo, pero a la larga cuesta mucho decir cómo eso se traduce en el bienestar de la vida de las personas.

La burocracia nos ha metido en esos vericuetos de los que cuesta mucho trascender a decir “estoy haciendo esto para ayudarle”. La misma actitud de escucharnos. Hay una gran desconfianza entre los sectores. Es más, afuera confían más en nosotros que nosotros mismos adentro. Cuando la gente nos ve desde fuera ve inspiración, ve progreso, tal vez menos sufrimiento que el que viven otras sociedades. Pero nosotros desde adentro no lo vemos.

Yo veo el potencial de Costa Rica por ejemplo en el conocimiento, la sociedad de la información. Las empresas vienen a Costa Rica a invertir por muchas cosas, pero principalmente por su gente. Y eso no es un estribillo, es algo real, por el talento de la gente, por el tipo de cultura. Pero yo digo, si nosotros pegamos nuestras universidades con el sector privado y la innovación nacional e internacional que tenemos, nadie nos puede detener. Nosotros tenemos un laboratorio de plasma. En Costa Rica se hicieron los ensayos para el desarrollo de la vacuna contra el papiloma humano. Tenemos el principal cluster de dispositivos médicos de América en general, pero no es nuestro. (Las empresas) vienen aquí por los costarricenses, somos el talento central, pero nada de eso es nuestro, ni las patentes, ni el conocimiento, ni el capital. Podría serlo.

 Cuando yo hablo por ejemplo con las universidades, ellos ven eso. Y hablo con empresarios y lo ven. Pero -y pongo el ejemplo sin querer ofender a nadie- algunos dicen: “sí, eso sería muy bueno pero es que a las universidades solo les interesa el FEES y las anualidades”. Es un estereotipo. O las universidades dicen: “sí, esa es la ruta, nosotros vamos para allá, pero es que los empresarios no quieren pagar impuestos y no quieren invertir en eso”. Entonces, ya de entrada, esos actores que son aliados naturales ponen barreras para cooperar.

Cuando yo voy fuera del país y me siento en una universidad, los que se sientan conmigo son los de la universidad y el sector privado para ver qué innovación podemos hacer para generar beneficios a la sociedad, a las personas, a la economía. Y esa barrera no existe. Nosotros, en muchas cosas estamos avanzados, pero paradigmáticamente no hemos salido de la década del 80, ideológicamente el muro de Berlín sigue ahí. En Costa Rica no lo hemos derribado. Ahora, yo tengo esperanza en la generación más joven que no supo lo que era el muro de Berlín, en ellos veo menos ideologización y menos dogmatismo.

 

Presidente, para ver el tema un poco más puntualmente. Mencionaba usted la necesidad de convocar al Consejo Económico Social, pero me imagino que el Poder Ejecutivo tiene un papel importante en eso. ¿Para cuándo va a ser esa convocatoria?

Bueno, la condición ya está generada, lo único que estoy esperando es un espacio propicio. Eso es algo que he venido posponiendo. De hecho está armado, hay muchos diálogos entablados, pero quiero que funcione y espero hacerlo en los próximos meses. No quisiera que se haga en el tono de ahora, porque no quisiera que una iniciativa que tiene una perspectiva de ese aliento quedara atrincherada en cosas inmediatas. Por otra parte, creo que el papel del Ejecutivo ahí debe ser el de auspiciar más no de imponer, tiene que ayudar a que esta discusión se genere.

Una de las cosas que he visto más en este año y tanto es el miedo que tienen los distintos sectores a la imposición en general. Pero cuando eventualmente cambiemos eso y vayamos a los temas de fondo, las barreras serán mucho menores. A la larga, las barreras no son tantas. El problema es que nunca llegamos ahí, siempre quedamos en lo más pequeño, en las barreras. Hay poca gente dispuesta a trascender su rol como actor social para ver algo a nivel nacional. Mucha gente queda atrapada en la visión del sector que representa y cuesta brincar a una visión que esté por encima del partido, el sindicato, el grupo empresarial para ver el conjunto.

 

Las trampas del juego electoral

 

En ese contexto, los partidos políticos están desarrollando su juego tras bambalinas con propósitos electorales, sobre todo ahora que vienen las elecciones municipales. ¿Es ese un factor importante?

Yo creo que todos los partidos están metidos en un dilema entre el ser y el deber ser, porque en la naturaleza de un partido está eso: hacer una propuesta y participar en una elección para gobernar. Ahí hay una motivación muy fuerte, pero hay que gobernar para algo. Entonces, todos los partidos o casi todos han entrado en esa dualidad. Yo lo veo en relación de nosotros como gobierno. Tenemos la fracción legislativa más pequeña en la historia de los gobiernos, diez diputados. Necesitamos de los apoyos de otros para llevar adelante nuestras iniciativas.

Entonces, lo veo en todos los partidos: hay actores que entienden la necesidad de ayudar por un bien superior que es Costa Rica pero que temen que ayudar menoscabe el objetivo de ganar. Es una disyuntiva. Es un buen ejercicio porque se puede ver quién es quién. Yo me decanto por quienes quieren a Costa Rica más que a su propia agrupación, pero también porque entienden que ayudar a que el país avance es una forma de lograr la aspiración de gobernar. Y no veo con buenos ojos que la única intención en el accionar político sea la expectativa de ganar, sin importar nada más.

Cuando uno está en el gobierno la historia cuenta, y lo he vivido siendo yo presidente que vino del Partido Acción Ciudadana. A mí me han hecho revisitar los 18 años de historia del PAC, anterior a mi llegada a la presidencia. Yo fui líder de mi partido cuando gané la convención en julio de 2017 y yo ya era presidente en mayo de 2018, pero toda la historia de mi partido es una carga que llevo a la hora de interactuar con otros actores.

Entonces, quien aspire a gobernar no puede pensar que las acciones de hoy no le van a restar o a sumar en el futuro, porque además yo no visualizo en el corto plazo una reconfiguración del multipartidismo que tenemos, todos necesitamos de todos. La clave está en colaborar, creo yo, y en decir cuando no estamos de acuerdo claramente.

 

La agenda ambiental

 

Pasemos ahora al tema ambiental. ¿Cómo valora usted los avances que ha tenido su gobierno en el cambio de modelo energético, la huella de carbono neutral y el cambio climático? Por otro lado, quisiéramos saber cuál es su posición con respecto a las denuncias sobre el uso de agroquímicos y la elevada contaminación en ríos, fuentes de agua y suelos.

Nos hemos puesto una agenda muy ambiciosa en materia de cambio climático y descarbonización, que tiene que ver con una transformación productiva, cómo proyectarnos en el futuro para no solo ser sostenibles, sino para también crecer. Eso hizo exitosa a Costa Rica cuando impulsó el modelo ecoturístico: impulsó la conservación pero también incrementó el turismo y generó bienestar doblemente. Esa fue nuestra fórmula. Igual que cuando se abolió el ejército, se redujo el gasto militar pero se aumentó el gasto social y se obtuvo doble ganancia.

Entonces, ¿qué es la ganancia hoy? Reducir paulatinamente el uso de combustibles fósiles, usar energía limpia que nosotros producimos, ser más baratos y más competitivos para proyectar al país en el futuro.

La agenda es ambiciosa. Se ha planteado el plan de descarbonización de febrero de este año que ha sido muy reconocido, fuimos el primer país que lanzó un compromiso como tal en el mundo, pero en el plano nacional a veces es criticado porque dicen, ¿por qué piensa en la descarbonización y no piensa en el empleo? Como si fueran cosas distintas. O, ¿por qué piensa en el cambio climático y no en la pobreza? Cuando muchas veces las afectaciones climáticas en el campo hacen que la gente emigre. El plan de descarbonización es también un tema de crecimiento y de bienestar.

Avanza muy bien en temas como los diseños y construcción de los dos trenes eléctricos, tanto de carga como el metropolitano, el avance en la sectorización que tiene que ocurrir en el 2021. Ahí hay avances en temas como tener seguridad jurídica de los contratos existentes, para que en el 2021 podamos tener las condiciones de los nuevos contratos de transporte para reorganizar los sectores. Entonces, la parte de movilidad, de electrificación del transporte ha ido avanzando positivamente.

En la parte productiva agrícola ha ido avanzando también con prácticas como los NAMAS, que es el acrónimo en inglés que tiene que ver con mitigation and adaptation (mitigación y adaptación), para que nuestra agricultura sea sostenible.

Hay una iniciativa muy ambiciosa que yo anuncié el 2 de mayo pasado y que está en curso, para el manejo de residuos. Se ha trabajado con las 82 municipalidades a través de la Unión de Gobiernos Locales y de la Asociación de Alcaldes e Intendentes y el Ministerio de Salud, para tener una real iniciativa de manejo de residuos, de la basura. Costa Rica produce 3.500 toneladas de basura al día y ese es uno de nuestros peores indicadores ambientales. Entonces, la materia ambiental en los distintos campos avanza bien. Es una de nuestras agendas ambiciosas y para que sea exitosa tiene que ser más una política de Estado que asumamos los costarricenses que una política de un solo gobierno.

En cuanto a los agroquímicos, es parte de esas paradojas que como país tenemos. Estamos en el peor de los mundos porque desde hace mucho hemos bloqueado los registros de nuevas moléculas, incluso desde hace más de diez años hay filas de agroquímicos que esperan ser registrados. Lo que ha pasado es que el sector productivo se ha quedado con menos moléculas, viejas, que son más contaminantes, las más nuevas que son menos contaminantes no han podido ser registradas en muchos casos. Incluso, como no usamos esas nuevas moléculas, no conocemos sus impactos reales porque no hemos podido investigar sus impactos en Costa Rica. También ha pasado que como se han usado intensivamente algunas moléculas, ya muchas cosas han generado resistencia, entonces los agricultores aplican más del mismo producto y el problema se radicaliza.

Entonces estamos en el peor de los mundos porque no registramos nuevas moléculas que pueden ser más limpias, más saludables o más baratas. Así afectamos la salud, el medio ambiente y la economía, cuando podríamos generar esquemas para tener nuevas moléculas, investigarlas en campo, reducir la aplicación de agroquímicos, reducir plagas, reducir costos y mejorar el impacto en el medio ambiente y en la salud de las personas.

Hacia eso hemos pedido que vayamos, pero hemos entrado, como dicen en boxeo, en un “clinch” tanto burocrático como ideológico del que yo aspiro que salgamos. Y será polémico siempre, porque en lo ambiental lo mejor es que todos estén disconformes, el sector productivo siempre va a querer ir más allá en cuanto a poder producir más, más barato, más rápido, y el sector ambientalista siempre va a decir que es peligroso, nocivo, devastador y uno tiene que estar en un punto intermedio, donde se permita la producción pero también la sostenibilidad. Es una visión que muchas personas entienden, otras permanecen en los polos.

 

¿Hay una propuesta del gobierno en esta materia?

Hay una propuesta que se está planteando a partir también de los fallos de la Sala Constitucional, la cual propone que debe ser el servicio fitosanitario el que tenga la materia de registros, nosotros estamos proponiendo que sea el servicio fitosanitario el que dé los permisos pero con la participación del Ministerio de Salud y del Ministerio del Ambiente. Así se puede determinar en campo los impactos de un producto, si es nocivo para eliminarlo, pero que entremos en una mayor regulación no solo del registro sino también de su ejecución en campo, porque tenemos muchas moléculas prohibidas pero la gente las mete de contrabando y las aplica. Hay moléculas registradas legalmente pero que la gente las aplica mal en campo, sobreaplica o aplica sin seguir las especificaciones. Todo eso tiene que entrar en una mayor regulación. Y eso es lo que se está trabajando actualmente con el tema de agroquímicos, para proteger el ambiente y para hacer nuestra economía más competitiva.

Pero esos debates o se burocratizan terriblemente o se ideologizan y polarizan terriblemente.

 

La desigual batalla contra la posverdad

 

Escuchándolo a usted, nos damos cuenta que hay pocos aspectos de su visión que salen al debate público. Pareciera que el gobierno no tiene una estrategia muy efectiva de comunicación, a pesar de que el presidente es un comunicador. ¿Está usted conforme con la estrategia de comunicación?

No, no estoy conforme y sé que esa es una de las debilidades. Se trabaja para mejorarlo. Se trabaja de buena fe en la acción política y también buscando que la acción comunicativa sea mejor. Creo que también tiene que ver mucho con el contexto y el entorno en que se puede hacer una comunicación desde el gobierno.

Creo que a los gobiernos en general nos ha pasado, para poner una analogía bélica, como si las herramientas de comunicación fueran de la primera guerra mundial, las que son legales y permitidas, y las de la contraparte son de la segunda guerra mundial. Porque el gobierno tiene que comunicar transparentemente, directamente, tiene que hacer sus contrataciones también (y todas son cuestionadas lógicamente), frente al anonimato, la mala fe, la desinformación que son las herramientas del otro lado. Un gobierno no puede echar mano de esas mismas estrategias, no debería, al menos este gobierno no.

Entonces, hay que buscar cuáles son las nuevas herramientas ciudadanas reales para operar comunicativamente en el entorno de hoy. Yo lo veo mucho en la diferencia que hay en las personas antes de conocerme y después de conocerme, porque una persona que no me conoce y que ha sido expuesto a todo eso llega a hablarme con una serie de prejuicios, fantasmas, conceptualizaciones. Después de que conversamos mucha gente sale muy… no sé, vio realmente quién es el presidente y qué es realmente lo que está haciendo. Hay todo un bagaje simbólico, de ideas preconcebidas que tienen una consecuencia en la realidad. Ahora, uno quisiera hablar con los cinco millones de costarricenses así, poder dedicarles por lo menos una hora y también escuchar a la gente, pero eso es materialmente imposible. Pero bueno, parte de nuestro gran esfuerzo, de nuestra gran lucha en el futuro inmediato es lograr que nuestra acción política sea también comunicación política efectiva.