"Tenemos ahora los recursos que nos permiten proteger la infraestructura y ser mucho más eficaces", dijo el jefe de la policía de esta ciudad del sureste de Estados Unidos, Kerr Putney, en una conferencia de prensa.

La fuerza de seguridad, añadió, tratará de impedir que se repitan los saqueos y enfrentamientos de las dos noches anteriores, que llevaron al gobernador de Carolina del Norte, Pat McCrory, a decretar el "estado de emergencia".

"No podemos tolerar la violencia. No podemos tolerar la destrucción de propiedades y no toleraremos los ataques contra nuestros policías que se producen en este momento", declaró el gobernador en la cadena CNN.

El jefe de la policía advirtió a los manifestantes que habrá una acción preventiva mucho más rápida por parte de las fuerzas del orden. En tanto, la alcaldía anunció que un hombre había sido herido de bala y que se encontraba "bajo asistencia respiratoria, en estado crítico", pero "no murió" como había afirmado por error durante episodios de violencia "entre civiles".

Todo comenzó cuando una manifestación pacífica, contra los abusos policiales, se desbordó con actos de violencia. Centenares de manifestantes empezaron a romper ventanales y lanzar proyectiles contra las fuerzas del orden, que respondieron con bombas de gas lacrimógeno, observó un periodista de la AFP.

Los manifestantes están convencidos de que Keith Lamont Scott, un afroamericano de 43 años, asesinado el martes por disparos de la policía, fue víctima de un hecho vinculado al racismo.