El desinterés en la política de tantas gentes, y es que las elecciones son un momento especial del quehacer político, no siendo, porque no son, ni el culminante ni el más importante, deja el espacio abierto para que se cuelen en los órganos de gobierno, toda clase de oportunistas, arribistas, busca prebendas, y malandrines de toda laya. Al negarse a participar, a dar su opinión, al alejarse de las urnas, el ciudadano honesto y trabajador, de hecho, está permitiendo que otros decidan por él. Esa conducta, muy explicable, dado el tremendo deterioro del prestigio de los partidos, termina favoreciendo a los politiqueros. Esos que, "ahora sí", entienden los problemas y se disponen a resolverlos.

Se hace política también cuando se lucha por derechos en las calles, o defendiendo las instituciones nacionales, en aulas, en foros, en asociaciones, en cooperativas, incluso desde esta red, al compartir opiniones estamos haciendo política. Momentos políticos culminantes, fueron los que se dieron cuando "el Combo" del ICE, o cuando el TLC. Momento político trascendental fue cuando el alzamiento de Figueres, y ahí no hubo urnas sino armas.

Que se entienda, no estoy llamando a no participar, todo lo contrario, la pasividad y la apatía, son totalmente contraproducentes, le allanan el camino a los politiqueros de siempre. Se puede votar o no votar, pero de forma beligerante, no dando la espalda a la realidad. Si no se tiene opción que satisfaga, si no se confía en ninguna bandera, se puede no votar y eso es perfectamente válido. Pero opinando, denunciando, reclamando, no quedándose callado, no marginándose. Pero si hay propuestas o conductas que si convencen, lo que corresponde es apoyarlas activamente, no conformándose con ir a votar.

También es cierto que alguna vez, puede suceder, que se tenga mayor coincidencia o confianza con una determinada opción, pero que encontremos cosas que no nos terminan de satisfacer, y eso nos limita, nos hace titubear.

Siempre he defendido como conducta que no debe ser abandonada, para aquellos que quieren ganarse la confianza de las gentes, el actuar en todo momento con la verdad. Eso es respetando a los ciudadanos. Ese principio es sagrado. La politiquería habitual de los que engañan y juegan con las necesidades y los intereses del pueblo, tiene poco de verdad, está llena de triquiñuelas, de mentiras o medias verdades. Sucede que esa conducta repudiable, en las contiendas electorales tiende a calar, incluso a considerarse parte del ritual. Peligroso camino que conduce a que todos se parezcan, todos se confundan y entremezclen. Las consecuencias han sido el repudio tan acentuado que siente tanta gente por los políticos, metiéndolos en un mismo saco. Para zafarse de eso hay que plantarse muy firme, atreverse a ser diferente.

No está bien que digamos que la victoria es nuestra, que el Zapote está a la vuelta de la esquina, que vamos a llenar la Asamblea Legislativa de diputados comprometidos con los intereses populares. Eso no está bien, porque sabemos que no es cierto. Y la gente lo oye como oír llover."Todos dicen lo mismo". Actuar así es irrespetar al electorado y confundirse con los politiqueros. A mi esos errores me ponen quisquilloso, me disgustan, minan mi confianza en quienes bien sé que son la mejor opción. Hago votos por que logren superar esas contaminaciones de la politiquería habitual y se presenten diferentes, armados con la verdad.