Después de Panamá que compra el 27 por ciento, Nicaragua participa con el 23 por cierto de las exportaciones centroamericanas (6 por ciento del valor total). Hasta el tercer trimestre de 2015 se mantenía la desaceleración mostrada por las exportaciones hacia el resto del mundo desde 2014, pero las ventas a la región eran las que menos resentían el estancamiento.

Pero no solo de comercio vive Costa Rica con el resto de la región; si solo se pudieran cuantificar los beneficios derivados del aprovechamiento de la mano de obra extranjera o el entramado de relaciones entre grupos de capital, habría mucha más conciencia de la importancia de los intercambios con los países vecinos. También el país se puede beneficiar de un entorno político y social estable, y para gozar de ello hay que contribuir a construirlo.

¿Cómo se explica que en medio de las tensiones bilaterales entre los dos países el comercio con Nicaragua continúe siendo estratégico para más de 1200 empresas y casi 3500 productos? Las principales beneficiadas pertenecen al sector manufacturero, pues el sector agrícola local no es competitivo en ese mercado, pero si el principal beneficiario de la mano de obra migrante nicaragüense.

Mientras de uno y otro lado se escucha el constante retumbo de los discursos nacionalistas, el flujo de ganancias transita por las ya consolidadas redes de una estructura de capitales ni siquiera regional, sino transnacional, pues la mayor parte de las principales 15 firmas exportadoras hacia Nicaragua son transnacionales, unas cuantas que fueron de capital local fueron traspasadas recientemente a accionistas extranjeros y pocas, como la Cooperativa Dos Pinos que es la segunda mayor exportadora, siguen siendo de capital local.

En ningún momento al empresariado costarricense y al nicaragüense, cada vez menos distintos entre sí y menos nacionalistas, les han desvelado las diferencias políticas entre San José y Managua.

Mientras ambos países disputaban una punta de territorio del Caribe, del otro lado, en la costa del Pacífico, las inversiones ligadas al sector turístico e inmobiliario cruzaban la frontera sin necesidad de visa.

Posiblemente tampoco le preocupe a los empresarios de la región que Costa Rica decidiese retirarse temporalmente de las discusiones políticas con el bloque regional, pues el canciller González se apresuró a tranquilizarlos con la noticia de que el país permanecerá en los foros comerciales.

Las diferencias y asimetrías que separan a Costa Rica del resto de países son históricas, pero los negocios se encargan de borrarlas; siendo paradójicamente y al mismo tiempo los ganadores de esas asimetrías y disputas, cuando les conviene los capitales las exacerban, a través de medios de comunicación y agentes políticos. No hemos sabido de cabildeos y gestiones de las cámaras de uno y otro lado de la frontera para llamar al diálogo y la negociación política, mientras que en el ámbito de la integración los empresarios no necesitan que los gobiernos hablen por ellos.

Entonces, Costa Rica si necesita del Sistema de Integración Centroamericana para mantener las ventajas del comercio con el bloque de países vecinos, aunque en el país pocas personas sepan para qué sirve ese organismo y tengan fundadas críticas a su funcionamiento. También necesita del mercado nicaragüense para la venta de su manufactura y de la fuerza de trabajo de ese país para mantener la productividad de esas y otras exportaciones.

Alrededor de 250 mil trabajadores (más del 10 por ciento de la Población Económicamente Activa del país), entre permanentes y temporales, está actualmente recogiendo cosechas, levantando construcciones, sirviendo en los oficios domésticos, el comercio y otros servicios sociales. El país necesita de la integración y de esa mano de obra porque contribuye a su desarrollo.

Los problemas que arrastra el Sistema de Integración no son nuevos, datan desde su fundación a finales de los años cincuenta del siglo pasado y no fueron corregidos tampoco después de su relanzamiento en los años noventa. Sus causas están asociadas a las debilidades mismas de los estados que lo conforman, a las carencias democráticas y a las fallas en la participación social.

Pese a ello, Costa Rica se ha beneficiado de ese sistema, si no el país lo hubiera abandonado antes. Por eso, el retiro temporal de las mesas de diálogo político, sin una propuesta alternativa, es una acción incongruente de la política exterior del país que tan bien ha sido conducida durante este gobierno. Una decisión, a mi entender tomada al calor de la coyuntura marcada por los resultados del juicio de La Haya y la crisis de los transmigrantes cubanos.

Si existe descontento en el gobierno por el mal funcionamiento del SICA, como en verdad existe ese mal funcionamiento, el tema de los cubanos no fue un buen pretexto, puesto que como hemos manifestado en otro artículo parte de las grandes fallas del sistema de integración regional es la ausencia de reglas comunes para ordenar las migraciones, las que se originan en la región y las extrarregionales, como es el caso de los cubanos.

Parte de esa falta de reglas es responsabilidad del SICA pero también del país renuente a adoptar algunos instrumentos internacionales y a promover acuerdos regionales en esa materia.

A no ser que en Costa Rica, aproveche esta oportunidad y comience a tomar nota de la necesidad de una política regional coherente y multisectorial, no solo en materia comercial, estos vacíos persistirán y las relaciones con los vecinos podrían comenzar a tornarse más inestables. Nada peor que superada o no la crisis de los transmigrantes cubanos, y mientras el comercio no se toque, las cosas se mantengan igual.