Todo relato tiene un principio y un final, eso es lo que nos han hecho creer para pensar linealmente y en orden.  Sin embargo, hay narraciones que se hilvanan a partir de unas diferentes y, a su vez, sostienen el inicio de otras.  No podemos abarcarlo todo y, menos aún, en unas cuantas líneas

Esta historia se inscribió en la Historia y este enero queremos rememorarla, aunque no daremos más que unos pincelazos.  Socavarle la imagen a un personaje público, enterrarlo, desinformar y ocultar lo que dicho personaje realiza es la labor que continuamente vemos en nuestro medio.  Cuando se trata de Quijotes, es cuestión de aludir a la locura, la irracionalidad o insensatez;  si es joven,  se señala con la inmadurez  e ignorancia; pero  cuando hay que esconder corruptelas las enseñanzas de Maquiavelo están a la orden del día, como en el caso recién pasado de la Trocha y la Mocha que salió airosa.  Pero volvamos a nuestra historia.

Ya en 1916  el tsunami de la desinformación inundaba Costa Rica.  Podemos leer en La Linterna en julio de ese año lo siguiente:

Pues, señor, no hay remedio ya estamos al borde de la reforma del sistema tributario y, querramos o no querramos, muy pronto no quedará hijo de vecino bautizado en parroquia que no se vea a soltar la mosca mientras en las aduanas sigan las mercancías ponderándose hasta el doble de su valor primitivo y racional. (…)

Pero en fin, lo de ahora es más grave que todo eso.  El señor Designado, según nos cuentan, cuando fue denunciado –lo mismo que una mina- el negocillo de los terrenos del Pacífico, declaró punzocortantemente, sin más ni más, que como el Partido que le dio una parcela del mando debía gobernar por largo tiempo –la boca se le tuerza-  tenía que enriquecer a los componentes, y acaso aún los comparsas. ¡Olé! Y claro, sin dinero nadie se enriquece. Por ello hay que sacarlo aunque sea del sudor del subordinado pueblo.

Ya la reforma nos está pisando los talones, así como el cambio del sistema monetario pisó y aplastó el otro talón, aquel duro talón de oro que tanto nos costó asentar sobre nuestro suelo.

La Comisión del Congreso vertió ya fallo.  La mayoría, por supuesto, de acuerdo con todo lo que constituye el antojo de la casa  de los mil quinientos colones mensuales.(…)

La discusión será inútil.  El Partido Republicano debe gobernar por muchos años.  Para eso es preciso enriquecer a los que llevan la cruz alta y los cirios. Para eso se necesita dinero, suponemos que hay necesidad de pruebas. Para eso se necesita impuesto territorial.  Para eso se necesita una mayoría dócil, lo demás son pamplinadas y salga el sol por antequera. (…)

Sin embargo,  es lo cierto que tirando de aquí, tirando de allá, lo íbamos pasando y mil modos ofrecieron los entendidos para escampar en tanto no se regularicen las rentas, sin necesidad de amarrar al cuello del costarricense el pedrón de otro impuesto que junto con los existentes hará de la nuestra una de las vidas más caras del mundo.

No hay, en el texto,  ningún detalle o análisis de lo que la reforma tributaria implicaría, ni siquiera se aclara la gama  de impuestos planteados.  Sí hay manipulación y tergiversación de la misma con el fin de provocar el pánico en la población:

1/ Las imágenes construyen un peligro inminente,  al borde de… ¿un precipicio?, ¿abismo?, ¿lo desconocido? La reforma nos persigue como un fantasma o algo que no podemos ver porque está detrás nuestro.  Con esa primera persona plural abarca a toda la población,  no se quedará nadie ni siquiera los recién bautizados sin que se vea afectado.  Además, implica una gran injusticia pues se trata de sacar del sudor del pueblo para dárselo a los compinches del partido que se quieren perpetuar en el poder. Como si fuera poco, se le amarra al pueblo  una piedra, lo que alude indirectamente al que se quiere perder en el mar amarrándole una piedra al pescuezo. ¡No hay escapatoria!  Se construye un inminente daño corporal generalizado.

Además, la reforma tributaria constituye un antojo,  es cuestión de algo pasajero y caprichoso, como un deseo infantil. El periodista soslaya que Alfredo González F. había presentado el 1 de mayo de 1916 dicho proyecto y él mismo había elaborado un folleto explicativo Una conversación con el pueblo, distribuido gratuitamente y publicado en El Imparcial, con fecha mayo de 1916, con abundancia de datos para demostrar el estado del fisco y la injusticia social reinante.

2/ Por otra parte, no hay posibilidad de discusión, es un gobierno impositivo cerrado al diálogo.  Toda discusión es estéril.

Como si no fuera suficiente con esas afirmaciones, La Linterna continúa en esa misma edición con las burlas y descalificativos.  En la sección,  Cortas lecciones de catecismo, leemos: Contra el orden, el actual estado administrativo.  En la última página, se publica una aparente amenaza:

Don Alfredo de mi vida,

¡qué triste la veo venir,

con todos esos impuestos

muy triste vas a salir!

Además, se busca despertar en  el lector el gusto por el chisme o el llamado a la curiosidad,  en otro apartado Adivinanzas, se plantea:

Con artículos de lata,

de marcada resistencia

le dan a la “Presidencia”

aburrida serenata.

Y aunque con mucho artificio

ya se sacan… un desliz

o ya se sacan… de quicio

La “Niña” les da “de oficio”

con la puerta en la nariz.

(La solución está en “La Información” de mañana.)

Hay alusiones que se escapan de la comprensión para alguien del 2017.  Lo que no se escapa es la red construida en la prensa para desprestigiar y amenazar a Alfredo González Flores por atreverse a tocar el manto sagrado del capital.

Mañana continuaremos…

 

Isabel Ducca D.

 

Tomado de:

http://www.sinabi.go.cr/biblioteca%20digital/periodicos/la%20linterna/la...

Socióloga y profesora universitaria.
También por Isabel Ducca Durán: