Yo critiqué defectos evidentes del informe (como usar casos de hacía quince o veinte años para criticar procedimientos actuales) y el Auditor, responsablemente, corrigió esos errores del informe. Al medio no le importó, e igual publicó y hasta editorializó sobre el tema dando por cierto lo que no lo era. Les agradezco circular esta aclaración.

En las últimas semanas, tanto autoridades del Gobierno como muchas personas en redes sociales, se han quejado de la actitud de algunos periodistas y ciertos medios de prensa que suelen jugar con sus titulares, con sus pies de foto, o con frases efectistas para “insinuar” en sus publicaciones cosas que realmente no son ciertas; fomentando el malestar de la población y la desconfianza con cualquier cosa que tenga que ver con la política.

Esto no solo le hace un daño a las personas o instituciones afectadas por la seudo-información; sino que le hace daño al periodismo nacional y, en especial, le hace daño a la democracia al seguir sembrando esa sensación de que “todo en política es malo”.

Ciertamente en política –como en toda actividad humana – hay cosas que están mal ya sea por acción o por omisión, por error o por corrupción; y es importante que los periodistas y los medios los denuncien. Pero también está mal cuando quienes tienen el poder de formar e informar a la opinión pública, la deforman y la desinforman – y probablemente por las mismas razones.

Hace unas semanas un medio nacional utilizó un titular de primera plana que afirmaba que, a instancias mías, la Auditoría del MEP había “maquillado” un informe para supuestamente favorecer a ciertas universidades privadas. La noticia era falsa. Así se lo hice saber de antemano al periodista. Le indiqué que yo había objetado el borrador del informe de la Auditoría por ser un pésimo informe, con errores metodológicos que literalmente daban vergüenza y porque no sustentaba las denuncias que planteaba. Le dije al periodista que dado el tiempo transcurrido, yo no recordaba el detalle de los casos por los que él me preguntaba; pero que si tenía dudas yo podía reunirme con él y que, si me facilitaba el borrador yo con  mucho gusto le explicaba cuáles habían sido mis objeciones. No volvió a llamar; pero aprovechó los juegos de palabras para simplemente afirmar – con las connotaciones obvias – que el ex Ministro dijo "no recuerdo”.

Pues bien, este sábado, don Harry Maynard, Auditor del MEP, desnuda la falta de profesionalismo del periodista y del medio al explicar con detalle lo que ocurrió en este caso. En la publicación de don Harry, que incluyo más abajo, se aclara que las supuestas “anomalías” que la Auditoría excluyó a solicitud mía de la versión final del famoso “borrador” se eliminaron correctamente, ya que carecían de sustento y, sobre todo, porque se referían a hechos ocurridos NO en el período de análisis ni durante mi gestión, sino diez o quince años atrás. En palabras de don Harry:

En lo que respecta al análisis del Sistema de Organización del CONESUP, se eliminó del informe “por cuanto no tiene respaldo alguno en los papeles de trabajo (y) fue añadido por la jefatura departamental sin base alguna que sustente los comentarios, es decir, el análisis crítico no tiene base probatoria alguna”.

En el caso de los planes de estudio supuestamente mal aprobados, se eliminó una parte del informe porque “las situaciones mencionadas corresponden a los años 1996, 1998 y 2000, una década fuera del período de estudio”. ¿Se imagina el lector la calidad profesional o humana de un periodista y un medio que, sabiéndolo, me acusa de pedir que se eliminaran del informe hechos que habían ocurrido una o dos décadas atrás?

Y en cuanto a las aperturas de sedes supuestamente mal aprobadas y que el periodista dice que yo pedí eliminar del estudio, dice el Auditor que “la información se refiere a carreras autorizadas entre 1997 y el 2000 ( ) a situaciones registradas entre 1996 y el 2001; y a hechos ocurridos entre el 2001 y el 2003. Como se observa, los datos están muy lejos del alcance establecido en el estudio (que se refería a los años 2010 y 2011); además - contrario a lo que dice el periodista – el CONESUP les había dado seguimiento”.

El Auditor concluye reiterando – como lo hice yo ante el periodista – “que don Leonardo Garnier no influyó nunca en los resultados de los estudios de la Auditoría”. Esto se lo dije yo al periodista. Esto se lo dijo don Harry al periodista. Esto era más que evidente para cualquiera que se tomara la molestia de verificar que los casos eliminados del borrador se referían a hechos ocurridos más una década antes del período auditado – cuando yo ni siquiera estaba en el MEP.

Todo esto lo sabía el  periodista. Pero nada importó: la noticia se publicó tal cual y el titular tuvo espacio protagónico en la primera página de este medio, como parte de una serie de reportajes igualmente falaces sobre temas educativos.

Más grave aún es que el medio –como es costumbre – retoma el tema luego en un Editorial del 5 de marzo, donde da por cierto el reportaje, a pesar de que desde el 23 de febrero yo había advertido en correo personal al director del medio que la noticia era falsa. Específicamente le expliqué al director que yo había rechazado el mentado borrador “porque era un adefesio técnico, y eso le consta al Auditor, que concordó en mi critica a su subalterno. El trabajo era realmente mediocre y eso fue lo que rechacé”.

No recibí respuesta pero el Editorial igual se publicó, dando por buena la falsa noticia, y mostrando su alarma porque, según insistían, “el borrador detallaba carreras aprobadas sin contar con los requisitos necesarios, sedes regionales abiertas sin inspección preliminar y órdenes de cierre emitidas por el Conesup que no se ejecutaron”. Mintió el periodista, mintió el editorialista, miente reiteradamente el medio.

Como dije, en estas semanas autoridades de gobierno y formadores de opinión han estado llamando la atención sobre el juego irresponsable de ciertos periodistas y medios de prensa que buscan denigrar el ejercicio de gobierno, destacar – y hasta inventar – las malas noticias y minimizar los hechos positivos o el trabajo serio de la mayoría de los jerarcas. Tal y como le comenté a un amigo en redes sociales, esto no es nuevo, es una práctica vieja, muy vieja pero que viene en aumento.

Cuando las autoridades de distintos gobiernos – o de distintos partidos políticos – se ven víctimas de este tipo de “periodismo maquillado”, suelen pensar que el periodista o el medio está contra su gobierno, está contra su partido, o están contra ellos o ellas en lo personal.

No nos equivoquemos. Este tipo de medio no está en contra de un gobierno o de un partido en particular: está en contra de la política. Esa ha sido su trayectoria histórica, esa ha sido su meta de siempre: debilitar la política, cualquiera que sea. Con eso, lo que han hecho es debilitar la democracia. De paso, dañan la imagen de la mayoría de periodistas de este país, que no lo merecen.

A quienes crean que el tema lo amerita, les agradeceré circular masivamente este texto.