La pregunta que el hijo de Rojas, secuestrada por las FARC durante años, hizo a su madre tiene ya, después de 50 años, la certeza de una respuesta afirmativa. La firma del cese al fuego bilateral y definitivo entre el Gobierno y las FARC se ha celebrado desde primera hora de la mañana en el avión militar que trasladaba al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y a una comitiva de más de un centenar de personas, entre políticos, empresarios y periodistas nacionales e internacionales, entre los que se encontraba EL PAÍS.

Entre los políticos se encontraban representantes de todas las formaciones políticas salvo del Centro Democrático, del expresidente y senador Álvaro Uribe, opositores acérrimos a las negociaciones con las FARC. Sí estuvo presente otro exmandatario, César Gaviria, quien el día antes había felicitado a Santos por haber logrado la paz que prometió a los colombianos.

“Ahora hay que hacer un esfuerzo descomunal para que no se repita el genocidio de la UP”, dijo, en referencia a la Unión Patriótica, el partido del que fueron asesinados más de 3.000 de sus integrantes en los ochenta y noventa.

Mientras Santos recorría el avión sonriente saludando a todos los invitados, el presidente del Partido Conservador, David Barguil, combatía el cansancio con una sonrisa. Había viajado a Chicago a ver el partido de la selección colombiana, la noche antes. Después, tomó un vuelo hacia Bogotá con escala en Miami y, por poco, no alcanza a subirse al avión. Pese a las críticas de su partido, fue contundente: “Tenía que estar aquí”.