Berlín. Alemania votó y se confirmó lo que se había anunciado en todas las encuestas: habrá cuatro años más con Angela Merkel de la Unión Cristiano-Demócrata (CDU, centroderecha) a la cabeza del gobierno. Pero, aunque la reelección de Merkel estaba prácticamente asegurada de antemano, los resultados de las elecciones dejaron a casi todos los representantes de la clase política alemana sorprendidos, algunos eufóricos, otros traumados. Con 41,7 por ciento, Merkel y su partido lograron un resultado muy por encima de sus propias expectativas, ganando más que ocho por ciento respecto de las últimas elecciones del 2009, y reafirmando su papel como mayor fuerza política del país –definitivamente un triunfo personal de Merkel–. Pero la victoria de la canciller tiene un sabor amargo, ya que sus aliados del FDP (Partido Democrático Liberal) sufrieron una derrota histórica y no van a estar representados en el Parlamento, lo que quiere decir que no habrá continuidad de la actual coalición de centroderecha.

Todo indica que Merkel y la CDU se van a tener que arreglar con sus rivales del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD, centroizquierda) y formar una llamada “gran coalición”. Apenas 25,6 por ciento votaron por el candidato de la oposición, Peer Steinbrück, que así pudo mejorar el resultado desastroso de las últimas elecciones por tres por ciento, pero igual se quedó muy lejos de su meta de sacar a Merkel del poder. Mientras los dos grandes partidos alemanes, CDU y SPD, por primera vez en años pudieron ganar votos, aunque de manera muy desigual, todos los partidos chicos, los Verdes, la Izquierda y los liberales del FDP perdieron.

La derrota del FDP, que hasta ayer había formado parte de la coalición de gobierno de Merkel, significa un terremoto en la política alemana (ver aparte). Con un 4,7 por ciento, por primera vez, en sus 64 años de existencia, no lograron el cinco por ciento necesario para ingresar al parlamento, lo que significa una baja del diez por ciento de su resultado record del 2009. Como en las encuestas se habían movido alrededor del cinco por ciento, la posibilidad de fallar había sido tema de muchas especulaciones, en teoría. Pero en la práctica, todos los expertos y los representantes del partido habían estado seguros que en el último momento iban a conseguir los votos necesarios, como en otras instancias cuando votantes del CDU le habían dado una mano para no perder el aliado más cercano ideológicamente. Una semana antes de las elecciones, los dos cabezas del partido, el ministro de economía, Phillip Rösler, y el candidato principal, Rainer Brüderle, lanzaron una campaña desesperada para ganar votos de la CDU, que decía: “El que quiera Merkel que vote al FDP”. Si la idea era dar lástima, sí funcionó, pero ésta no se materializó en votos. Al contrario: según recientes estudios sobre los movimientos electorales la victoria abrumadora de la CDU se debe en gran parte a más de dos millones de ex votantes del FDP, que estaban hartos del diletantismo y la pésima actuación de sus dirigentes.

Después de su victoria impresionante del 2009, los liberales, representados antes que nada por el ministro de relaciones exteriores Guido Westerwelle, estaban agrandados por sus resultados electorales y desesperados por marcar perfil contra sus aliados de la CDU. Westerwelle y su equipo no habían dejado escapar ni una oportunidad para provocar conflictos con la motivación de presentarse como los verdaderos defensores del mercado libre y del capitalismo sin frenos dentro de la coalición. En la opinión pública quedó la imagen de un hermano chico fastidioso que grita constantemente para llamar la atención. El ministro de relaciones exteriores y ex líder del partido, Guido Westerwelle, fue el símbolo de la caída libre del FDP. Tras varias derrotas en elecciones regionales y las encuestas en el piso, la cara del liberalismo alemán perdió su cargo de jefe del partido en el 2011. Su sucesor, Phillipp Rösler, un ex oficial del ejército alemán con aire de adolescente, nunca supo sacar su partido de la crisis. En una entrevista había dicho que no quería hacer política más allá de los 45 años. Ahora, todo indica que el plan del político que cumplió 40 años en febrero se va hacer realidad antes de lo pensado. Su partido, probablemente sin él, va a tener que enfrentar la tarea difícil de reconquistar su electorado desde afuera del Parlamento.

Los Verdes están adentro y sus pérdidas no han sido tan drásticas, pero el 8,4 por ciento que recaudaron está muy abajo de lo que se habían esperado. Hace sólo unos pocos meses que en las encuestas le habían pronosticado un 16 por ciento. Desde la catástrofe atómica de Fukushima habían vivido una período de alta popularidad que tuvo su máxima expresión en la elección del primer gobernador verde en la provincia de Baden Würtenberg. Pero en las últimas semanas de la campaña, sus números empezaron a caer. Al líder del partido, Jürgen Trittin, ahora se le reprocha que puso un nuevo enfoque en la justicia social en la agenda del partido, cuando su punto fuerte siempre ha sido la ecología, más ahora, cuando el cambio hacia la energía regenerativa es un tema fuerte en la política alemana, y el electorado ya se ha alejado bastante de las raíces izquierdistas del partido. También tuvieron que enfrentar fuertes acusaciones por haber defendido la legalización del amor físico entre adultos y niños en sus comienzos, en los años ’80. En su lucha por la liberalización de las rígidas normas sexuales de aquella época y en contra de la discriminación de otras orientaciones sexuales, también hubo lugar para una plataforma de pedófilos. En plena campaña salieron unos documentos que incriminaban a Trittin y otros, que se distanciaban de sus “errores de juventud”, pero el daño estaba hecho. Ahora parece que la Izquierda con 8,5 por ciento los pasó y se convirtió en la tercera fuerza política del país por primera vez desde su fundación.

Unas horas después del cierre de las urnas, los candidatos se presentaron en las sedes de sus partidos. Mientras que en la CDU había ambiente de estadio después de ganar una copa cuando Merkel llamó a los suyos a celebrar, los del FDP lloraron y los vasos quedaron llenos para el brindis que no fue. Steinbrück agradeció a los militantes socialdemócratas por apoyarlo en tiempos difíciles. “Hicimos una buena campaña, pero no se dio el resultado que queríamos”, dijo. “Ahora, lo bueno es que la pelota está en el campo de Merkel y nosotros veremos.” Lo que esto quiere decir es que se va a decidir en los próximos días.

Ya hay algunos que de manera exaltada resaltan que la cadena que Merkel llevaba puesta ayer tenía algo de verde también. Aunque esta combinación parezca poco probable, este domingo electoral demostró que sigue habiendo sorpresas, hasta en la República Federal de Merkel, que tanto aprendió a aburrirse durante los últimos ocho años de su mandato.