Sir Isaac Newton fue perseguido y acusado de herejía por la casa de Hannover y el Acta de Tolerancia de 1689. Sir Charles Darwin fue acusado de hereje igualmente por la iglesia anglicana. También fueron excomulgados y/o acusados de herejes, en algún momento de sus vidas, Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Erasmo de Rotterdam, Martín Lutero, Guillemo de Rotterdam, incluidos todos los Enciclopedistas y el gran Moliere.

Con Giordano Bruno fueron más allá: terminó en la hoguera.  La gran filósofa Hipatía de Alejandría murió a manos de una turba de fanáticos, no muy distintos a los que hoy pueblan las redes sociales. 

El propio San Francisco de Asís, el dulce, el bueno,  también fue acremente perseguido en su día por la oficialidad de la iglesia por criticar los fastos y riquezas y predicar la pobreza y el recato.

Viéndolo bien, es un  honor ser excomulgado por las razones correctas. Todas las grandes mentes que defendieron la ciencia (la redondez de la tierra; la teoría heliocéntrica; la astronomía moderna; el principio de evolución de las especies, la Biblioteca de Alejandría y el conocimiento, etc.) fueron excomulgados o perseguidos y hoy los recuerda la historia. Lograron saltos cualitativos de la civilización. Nadie recuerda a sus verdugos o perseguidores. Son apenas manchones olvidados en el tráfago del tiempo.

Según las estadísticas, el 70% u 80% de los ticos (de acuerdo a la encuesta del propio diputado Prendas) serán excomulgados, pues están defendiendo un principio de pura humanidad que ya existe en el Código Penal desde 1919  que consiste en salvar la vida de la madre cuando hay un embarazo de altísimo riesgo, y todo ello certificado por un equipo médico colegiado.

El 80% de la población costarricense se está guiando por la ciencia, el sentido común y el humanismo. No deberían preocuparse por esa admonición. De acuerdo con la historia, están (estamos) en buena compañía.

ordonez@icgweb.org

 

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