La Feria del Libro volverá a contar con actividades presenciales.

Las fechas ya están definidas: del 26 de agosto al 3 de septiembre. Y también la sede: el Centro de Convenciones de Costa Rica, un complejo arquitectónico moderno con amplias instalaciones y diversas facilidades para los visitantes, incluido un espacio de estacionamiento para cerca de 1.000 vehículos.

En esta oportunidad no habrá, como se acostumbra, un país en calidad de invitado especial, pero sí se están cursando invitaciones a destacados autores y a representantes de la industria editorial de otros países, explicó el presidente de la Cámara Costarricense del Libro (CCL), Óscar Castillo Rojas.

“Estamos conversando al respecto con otros países y hay una muy buena posibilidad de que escritores de renombre nos acompañen”, agregó el dirigente gremial

Variada oferta

El regreso a la FILCR presencial y el cambio de sede ofrecen una oportunidad para ampliar la participación tanto de expositores como de público, diversificar los servicios y relanzar los objetivos de este importante encuentro anual del mundo del libro.

Como es habitual habrá exposiciones de editoriales y librerías. Se estima que entre 60 y 70 empresas se inscribirán para ocupar los 120 stands disponibles, con una extensa oferta de títulos a precios especiales.

Este año la feria tendrá exposiciones, presentaciones de libros y actividades culturales.

Además, tendrá varios salones especiales: uno para cómics, otro para ilustradores, un área de actividades infantiles y un salón para la prensa, donde los comunicadores gozarán de facilidades para procesar información y realizar entrevistas.

La cobertura mediática será muy amplia. Ya está confirmada la presencia de al menos 12 radioemisoras, 9 canales televisivos, medios nacionales impresos y un importante número de medios digitales.

Por otra parte, la Feria tendrá un espejo virtual, que no necesariamente será una plataforma de venta de libros, pero sí ofrecerá informaciones de la feria y transmitirá la mayoría de sus actividades de forma diferida.

¿Por qué nos fuimos de la Aduana?

Es una pregunta que se hará mucha gente. La respuesta es que el histórico y bello edificio de La Aduana ya no tiene capacidad para albergar un evento que, como la Feria del Libro, ha venido creciendo con el tiempo y tenderá a expandirse aún más en los próximos años.

Ya en la edición de 2019, hubo necesidad de efectuar reorganizaciones para ampliar la participación y alguna gente que deseaba participar quedó por fuera debido a la falta de espacio.

Además, se requiere de otro ámbito que satisfaga las condiciones que en materia de medidas sanitarias exigen las autoridades de salud, tales como pasillos mucho más amplios entre las hileras de stands; sistemas de ventilación apropiados; espacios de estacionamiento que en la Aduana son muy reducidos.

En el Centro de Convenciones, la Feria ocupará un salón mucho más grande; el edificio tiene una altura de doce metros con flujos de aire natural que garantizan un ambiente más sano.

Finalmente, explica Castillo, una feria del libro para que sea importante debe ser planeada con mucho tiempo de anticipación, al menos un año. Para esta edición de 2022, la Cámara del Libro viene trabajando desde noviembre, aunque ahora es que se anuncia. “Eso no lo podíamos hacer estando en La Aduana porque, debido a factores ajenos a nosotros, había ocasiones en que no se podía definir la fecha con más de dos meses de anticipación. Eso impedía una planificación apropiada”, explicó.

 

Hacia un fortalecimiento de la industria editorial

Es un objetivo que ha motivado a la CCL desde hace mucho tiempo: hacer que la Feria del Libro se convierta en un poderoso instrumento para elevar las condiciones profesionales del sector editorial.

“Para eso tenemos que crear foros del gremio para ir definiéndonos y definiendo nuestras acciones estratégicas de crecimiento. La Feria es una excelente oportunidad para incrementar las relaciones entre todos los actores del libro”, expresó Castillo.

Por actores debemos entender a los autores, lectores, editores, libreros, distribuidores y otros que han permanecido muy aislados del gremio, como los bibliotecarios, los autores-editores y los profesores de educación básica y universitaria.

La estrategia es lograr esa integración del gremio no solo a nivel local, sino también a escala centroamericana, con miras a consolidar un gran mercado regional de más de 43 millones de habitantes.

“Son tareas en las que esperamos empezar este año. No es que estemos pensando en hacerlo en corto tiempo, pero queremos que a partir de este año la feria actúe como un motor de las relaciones profesionales de la industria del libro”, concluyó.