Aunque hay que señalar que en los últimos días la presencia de Araya en los medios se ha incrementado y se rumora que ha venido creciendo la actividad de las dirigencias liberacionistas en distritos y cantones.

También hay incertidumbre en varios grupos de interés, sobre todo en el sector empresarial, porque se enfrentan a una situación desconocida para ellos. Acostumbrados a gobiernos del PLN y del PUSC, cuyas políticas económicas y sociales corrían paralelas, como los rieles del ferrocarril, la llegada al gobierno de un partido que nunca ha gobernado y que ha cuestionado algunas de esas políticas, necesariamente produce temor a un cambio cuyos contornos se desconocen.  Las seguridades del pasado ya no existen.

Esos sectores han venido funcionando con un umbral de incertidumbre muy bajo.  Es decir, que se acostumbraron a tener la sartén por el mango, como se dice popularmente, y ahora la situación ha cambiado.

Es bueno recordar que las decisiones de política económica han estado en los últimos treinta años en manos de un reducido grupo de economistas partidarios de la apertura comercial, de la preponderancia del mercado sobre el estado, de la reducción del tamaño del sector público, de la privatización de instituciones y de la disminución del gasto en programas sociales.  Un grupo que se ha movido entre el PLN y el PUSC sin problemas de lealtad partidaria.

Así que las dudas afloran y ha aumentado la presión sobre el candidato Solís para que ofrezca seguridades en uno y otro campo, y para que proporcione los nombres de las personas que encabezaran el Banco Central y el Ministerio de Hacienda, que posiblemente no serán del grupo de economistas señalado.

Cierto es que ignorando ese clima de suspicacia, algunos de los copartidarios de Solís hacen afirmaciones inoportunas que inmediatamente disparan alarmas.  Las llamadas “vocerías” que trataban de evitar ese tipo de salidas parece que no han funcionado como se esperaba, lo que no es difícil de entender en la situación que vive en PAC en estos días, que no es precisamente la más adecuada para mantener todos los factores bajo control.

Así que el candidato se ha visto obligado a apagar incendios, porque si no lo hace, las inversiones podrían paralizarse al menos momentáneamente y el fenómeno de la fuga de capitales podría presentarse, con los consiguientes daños a la economía del país y a la imagen del nuevo gobierno.

Unas  cuantas cucharadas de tranquilidad no caerían mal, señoras y señores empresarios. (* http://aceraenfrente.blogspot.com/)