Molécula Coronvirus de Wuhan. Foto: UCR

En los últimos meses un virus aparentemente surgido en China ha sido causa de noticias, miedos, muertes, y consumo desesperado. Para el día que se escriben estas líneas en Costa Rica se han reportado 113 casos y dos personas fallecidas por el COVID-19. Otros 275.997 casos se han reportado y 11.402 personas han muerto por esta causa en el mundo. Todas estas muertes cercanas para mucha gente, no tanto para otra, para la que de seguro esto no pasará de ser unos días en su casa, viendo pasar un enfermedad más, como han señalado diferentes personas con conocimiento en el tema.

Si vemos un poco hacia atrás en nuestra historia y la del planeta, el mundo microbiano junto con enfermedades y evolución ha estado en la Tierra desde sus inicios. Probablemente la especie humana se extinguirá y este mundo seguirá generando otras dinámicas de vida en el planeta, gracias en gran medida a las funciones ecológicas de bacterias y virus.

Considerando esto, podríamos más bien preguntarnos si ¿será el Coronavirus de verdad la crisis? Podría ser que no estemos viendo todo el panorama. Como especie llevamos ya muchos siglos generando dinámicas de producción y extractivismo feroz en la naturaleza.

Tenemos una deuda ecológica y social enorme que saldar.

Claro que es injusto decir que esta deuda es igual de parte de todas las personas que vivimos en el planeta, cuando solamente 10 empresas emiten más del 70% del carbono del mundo, por citar un ejemplo. El modelo actual de consumo y producción hegemónico es totalmente inviable con la reproducción de la vida del ser humano como especie en el planeta. Desde el norte del mundo generan ganancias millonarias a partir de la sobre- explotación de bienes comunes (o como algunas personas les gusta llamarles, recursos naturales).

Mientras tanto en el sur global acumulamos explotación (en todas sus formas) y una deuda para poder producir su riqueza. Además, nos endeudamos de forma masiva a nivel ecológico, y esta última deuda no tiene forma de ser monetizada.

Al fin y al cabo el mundo de los microbios (en el que están las bacterias, hongos y virus) buscará constantemente nivelar la balanza, pero el capitalismo voraz da pasos agigantados en contra de ese equilibrio. Y al igual que la deuda golpea de forma desigual los diferentes sectores, “las crisis” que el mismo sistema genera si bien golpean a todas las clases, es evidente que no golpean en todas por igual. Probablemente en este caso, pasarán unos meses y todo volverá a la “normalidad, con una sociedad más autoritaria, artificial y medicalizada en camino al precipicio de la siguiente pandemia.

Algunas personas optimistas afirman que esto marcará un “fin del capitalismo” o una “transformación radical para salir del neoliberalismo”. Lastimosamente, o quizá no tanto, quien escribe este texto no forma parte de ese grupo. Las causas estructurales que han llevado a esta crisis y a muchas otras siguen manteniéndose intactas. Es más, ya muchas grandes empresas y entes financieros se han de estar frotando las manos con las ganancias que les generará este debacle.

No es nada nuevo para las élites aprovechar el caos para imponerse, Naomi Klein lo ha expuesto bastante bien en su libro “La Doctrina del Shock”. En Costa Rica por ejemplo apuntan a medidas de flexibilización laboral, debilitamiento del sector público (aún en estas circunstancias), despido masivo y precarización de las garantías y derechos humanos básicos entre otras medidas. Nada nuevo, pero ahora tienen el contexto perfecto y un gobierno a cargo que les viene bastante bien (¿cuál hasta ahora no lo ha hecho?).

Así mismo, podemos ver también como numerosas empresas esperan a que la situación se descontrole para tomar medidas. Como un familiar muy cercano afirmó en una conversación, a estos patronos no les importa la gente, en caso de que enfermen enterraran personas y contratarán a otras. Así de enfermizo es este sistema.

Pero, ¿y qué tal si en lugar de las respuestas de siempre, buscáramos otras posibilidades?

Formas de vida que al salir de esta se empiecen a construir desde la solidaridad y a generación de vínculos más conscientes con la naturaleza, con la persona que tenemos al lado y por qué no, con el mundo microbiano del que venimos y dependemos para vivir.

Políticas que de una vez por todas salden sus deudas con la naturaleza y dejen de poner su atención en deudas externas absurdas que se han generado a partir de una colonialidad histórica que se sostiene hasta el día de hoy.

Quizá sea tiempo de escuchar otras voces, desde las comunidades que históricamente han sabido sostener estas relaciones, que hasta el día de hoy resisten y re-existen en esta sociedad de un patriarcado asesino y un capitalismo que arrasa con todo a su paso. Hay quienes apuntan al decrecimiento y compañeras que parten de los feminismos comunitarios para apostar a otras formas de relación con el mundo, por citar dos ejemplos. Posibilidades hay, tal vez necesitemos incomodarnos. Puede ser una opción más atractiva que la extinción, pero ya veremos.

(* Psicólogo Social, estudiante de la Maestría Derechos Humanos y Educación para la Paz, IDELA-UNA, en el marco del curso Derechos ambientales, naturaleza y lucha por los recursos, aportes y revisión del profesor Mauricio Álvarez M.)