El doctor Alberto Salom Echeverría. Rector Universidad Nacional-UNA.

“Ustedes –los periodistas- tienen la posibilidad de caer en cuatro pecados, o cuatro actitudes malas para no hablar en un lenguaje teológico (…) Primero la desinformación; doy la noticia, pero doy la mitad, la otra mitad no la doy (...) Informás la mitad, informás mal. Segunda es la calumnia (…) hay medios de comunicación que calumnian sin ningún problema (...) El medio de comunicación tiene tanto poder, frente a las masas, a la gente, que puede calumniar impunemente (…) Tercero la difamación, más sutil todavía; toda persona tiene derecho a la reputación y si vos hace 20 años, pegaste un resbalón en la vida e hiciste una macana, pagaste la cuenta, pagaste la pena, sos una persona libre y sin mancha, no te pueden sacar por los medios de comunicación una historia que está superada y bien pagada ya, y bien resarcida, la difamación; te trae una mancha de antes y te la tiran ahora (…) Y cuarto (…) El amor a la cosa sucia (…) el amor a los escándalos (...) Hay medios que viven de publicitar escándalos sean o no verdaderos. Sean la mitad verdaderos o no. Pero viven de eso (...) –Finalmente agregó: Superando esos cuatro límites la comunicación sería algo maravilloso.” (Cfr.https: youtu.be/-4j5_nYMs9M).

Desde luego, el Papa no se estaba refiriendo a ningún periodista en particular, ni tampoco a ningún periódico en concreto. Pero sí manifestó una preocupación frente a cuatro tendencias (“actitudes malas” o “pecados”), que algunas veces se producen entre los medios de prensa, especialmente cuando se han convertido en grandes empresas; yo también veo, con semejante inquietud que el Papa, ese peligro en la sociedad costarricense.

En esta ocasión, no estoy citando al Papa para plantear una acusación en particular. Si la tuviera la expresaría, pues nada temo al respecto; sin embargo, no lo hago porque no quiero caer en el mismo error que le achaco al diario La Nación, cuando plantea acusaciones generalizadas a todas las universidades públicas.

Cito al Papa, como una referencia calificada en temas atinentes a los asuntos éticos, porque me preocupan ciertas tendencias de algunos medios de comunicación.

Ahora deseo poner ejemplos, específicamente, ahora sí, acerca de la actitud del diario La Nación; en esta coyuntura en la que estudiantes de las universidades públicas acometieron con mucho valor, la iniciativa de denunciar el acoso sexual en las universidades, en medio de los temores que a ellas les debió producir.

Primera distorsión del diario sobre el tema del acoso. De manera insistente, el diario presenta al Rector de la UNA como un individuo que “reclama” a las alumnas por haber obviado la normativa de la institución en materia de acoso sexual. (La Nación 1/06/2019).

En el mismo reportaje, se utilizan distintos verbos para calificar la misma acción: el Rector “increpó” (sig. Reprender con dureza y severidad); “reprochó” (sig. Reconvenir, echar en cara); “cuestionó en reiteradas ocasiones” (sig. Controvertir un punto dudoso, poner en duda lo afirmado por alguien.); reclamó (sig. Gritar, clamar o llamar con repetición y mucha instancia, en su primera acepción).

A la audiencia del Consejo Universitario, ingresaron dos estudiantes como invitadas, más los representantes de ellos ante el Consejo. Nunca ocurrió lo que el diario describe, ni se dio de mi parte ese tono que se me atribuye de haber reprendido con dureza, ni menos haberles gritado o clamado con insistencia. Como vi que siempre las dos estudiantes invitadas obviaban referirse a la normativa de que dispone la UNA para atender las denuncias de acoso, me sentí en la obligación como jerarca de la Institución de informar sobre ello, con el objeto de contribuir a que las denuncias se puedan canalizar como corresponde.

Segunda distorsión del diario. Al día siguiente, domingo 2 de junio, muy destacado en primera página, el diario señala mediante un gran titular: “Reglamentos de ‘U’ públicas favorecen impunidad de acosadores. Carecen de sanciones específicas.” Más abajo, menos destacado: “Vacío dificulta acciones”, “Portillo a castigos leves” y “Solo UNA tiene fiscalía”. En pag.4 donde el reportaje se desarrolla, se presenta una gráfica en un recuadro que entra parcialmente en contradicción con varios de los subtítulos de la portada.

En dicha gráfica se resalta que la UNA es la única universidad pública que cumple con los cuatro indicadores de castigo al acoso sexual que allí se describen, porque (parafraseando): penaliza el acoso a los reincidentes, se sanciona a los encubridores, existen criterios para fijar la sanción, y se sanciona la denuncia falsa.

Empero, la tónica del reportaje resalta que “Aunque en todas las casas estatales de enseñanza superior tienen algún tipo de normativa para penalizar a los agresores sexuales…estos mismos instrumentos en su mayoría, son abstractos y no definen cómo sancionar al ofensor.” (L.N.2/06/19.pag.4A). Es decir, lo contrario de lo que se dice en la gráfica para los casos de la UNA y del TEC, pues se había dicho que en ellas “existen criterios para fijar la sanción.” En cuanto a las faltas graves, insisten en subrayar que “…los reglamentos de las cinco universidades públicas no especifican cuáles conductas califican en esa categoría.”

Curiosamente, en el mismo reportaje, en la página de enfrente, la 5A, se presentan los criterios de la UNA para fijar la sanción. No se impacienten mis lectores, lo más contradictorio de todo, es que se llega a reconocer que: “Según constató este medio (La Nación, obvio), la única normativa AMPLIA Y ESPECÍFICA es la de la UNA. Ahí, –nos dicen por fin que- a diferencia del resto de universidades, no solo se penaliza al denunciado sino a quien lo encubra.” (¡!) ¿Quién entiende semejante contradicción?

Tercera distorsión. Lo que sigue es un poco más sutil, pero lo voy a decir. Después de un editorial que me dedican el martes 4 de junio, al que me referiré después, el día 6 de este mismo mes, destacan en primera página, y luego la transfieren a la 6A, “Rector de UCR entregará los expedientes de los sancionados por acoso.” Solicito que retengan esto por favor. En el interior del artículo, se dice líneas abajo: “La Nación solicitó a las cinco universidades públicas la documentación sobre los hechos comprobados de hostigamiento sexual, omitiendo los nombres de las víctimas. Sin embargo, no hubo respuesta positiva.”

Y también expresaron que: “Luego de que el Rector de la UCR se comprometiera a revelar los expedientes, La Nación gestionó una nueva solicitud de los documentos. La casa de estudios confirmó que se encuentra tramitando el pedido.” –Y luego- “Este medio también reiteró la solicitud al Tec y a la UNA.” Así aparece escrito y visiblemente más destacado el nombre de la UNA (mayúscula todo), frente al Tec. (escrito así). “Los rectores –afirman inmediatamente- objetaron la solicitud de entrega de los expedientes por considerar que hay información sensible.” ¿Podría por ventura, algún lector sensato, suponer que La Nación no tenía la intención de responsabilizar al Rector Salom de que no se hubiesen entregado los expedientes sobre acoso sexual ya juzgados?

Un día después, el 7 de junio, en un editorial bastante osado por su irrespeto a rectores y universidades, titulado ampulosa e irreverentemente -insisto- “Piruetas universitarias”, fueron más lejos aún, al colocar a los rectores, en particular a los del TEC y de la UNA, en el centro de una conducta que calificaron ‘gentilmente’ como “contorsiones y peripecias” encaminada supuestamente por nuestra parte a “…justificar el secreto de los expedientes sobre acoso sexual tramitadas en esos centros de enseñanza…” Dichas “contorsiones y peripecias”, le produjeron “asombro” al editorialista. Pero luego, viene un párrafo, que podría ser calificado como algo tan vanal como gracioso, de no ser porque lo expresado  en el editorial deviene una contradicción in adjecto, respecto de todo el ataque enderezado contra este servidor en el reportaje contenido en el periódico del día jueves 6, por ejemplo, y ahora hasta en el primer párrafo previamente señalado del mismo editorial de marras.

Veamos: “…La Nación nunca dijo haber solicitado los expedientes a Salom, sino a la comisión encargada de resolver las denuncias, cuya presidenta (sic) denegó la petición.” –Así concluyeron que- “El Rector se apartó de la verdad…” etc. (editorial del 7/06/19.P.22A) ¿Qué importancia tiene, por Dios, que no me hubieran solicitado a mí directamente los expedientes sobre acoso sexual ya resueltos, cuando toda la noticia se orientó expresamente a responsabilizarme a mí de querer “…justificar el secreto de los expedientes sobre acoso sexual”?

Cuarta distorsión. Con todo respeto sea dicho, los dos editoriales escritos que me dedica el periódico, uno enteramente a mi persona y el otro compartido, son unas joyas, tanto por las distorsiones que contienen, como por las falsedades.

Entre las distorsiones, fueron deslizando una tras otra, a lo largo de ambos escritos: Salom está desconsolado (¡!), Es preciso –dicen- exigirle a las autoridades una respuesta convincente, que hasta la hora no la han dado. La verdad es que en entrevistas hice un relato de lo que la Universidad Nacional ha plasmado en su normativa, y que en su conjunto casi nadie tiene entre las instituciones del Estado; fue entonces que me espetaron que la UNA no debe entregarse a la “…tonta autocomplacencia de señalar como monumental avance la creación de una fiscalía para recibir denuncias.” (La Nación 4/06/19).

Entre lo señalado por mí se encuentra mínimamente: 1-una comisión contra el acoso sexual, para que ahí se tramiten las denuncias y se trasladen a la fiscalía interna; 2-la existencia de esta misma fiscalía; 3-la normativa que, ya vimos que hasta uno de los reportajes de La Nación reconoce como amplia y abundante. La afirmación que me endilgan de ‘monumental avance’ en la UNA, es del propio periódico buscando ironizar y pintar una caricatura; este recurso de la ironía que destila veneno, está presente a lo largo de ambos editoriales: “Para un rector como Salom, lo importante es ser reconocido como el creador de la fiscalía e impulsor de declaraciones y conmemoraciones.” ¿Adónde, cuándo dije que hubiese sido el creador de la fiscalía? Otro invento irónico del diario para producir distorsión de la imagen de la Universidad Nacional y del Rector.

Dicen que mis acciones ‘valerosas e importantes’ no lo son tanto. Ponen entre comillas los calificativos de “acciones valerosas e importantes” como si me estuvieran citando, sin decir siquiera adónde dije tal cosa. No acostumbro hacerme autoelogios. Afán de desprestigio y más desprestigio por parte de La Nación, echando mano al recurso del ‘choteo.’ El resultado de todas estas distorsiones es que La Nación ha querido, como tantas veces, con fatuidad o arrogancia, con alevosía y premeditación, pintar una caricatura, pero no la realidad en este caso de la UNA y de algunas de sus autoridades.

Conclusión. El acoso sexual es un flagelo de toda la sociedad costarricense y más allá. Es el producto de una sociedad machista, mal educada.

Los estudios científicos demuestran que de este flagelo no escapa ninguna clase social de la población, no escapa a ninguna institución. Las universidades no constituyen una excepción a ello, aunque nos resulte a todos “particularmente repugnante”, como también dice el editorialista; pero él desde el ‘Olimpo’ como si fuese un ‘Júpiter tonante’. La Nación juzga, sentencia, acusa, saca conclusiones… pero distorsiona la realidad. En la UNA respecto de este problema y de otros, estamos lejos de estar satisfechos con lo logrado, porque evidentemente tenemos casos de acoso, algunos de los cuales ni siquiera llegan a ser denunciados, por temor de las personas ofendidas.

No obstante, aunque no somos los ‘campeones’ en la prevención, tampoco en el tratamiento del problema, hemos dado pasos importantes en la dirección correcta, que el periódico ha demostrado que no conoce bien y no se muestra muy preocupado por conocer, solo quiere nombres de quienes hayan resultado sancionados; lo cual es solo apenas una parte y no necesariamente la más importante de la solución.

Si queremos resultados consistentes, frente a un flagelo que es persistente, tenemos que cambiar la cultura del machismo y la prepotencia masculina que la acompaña. Es una tarea de toda la comunidad de la UNA consciente (que es mucha); pero algo de lo más importante, es esforzarnos porque estudiantes, especialmente las mujeres, pero también el personal académico y administrativo, conozcan bien la normativa que ya tenemos, que sepan que pueden acusar sin temor a represalias, que se conserva la privacidad de la persona afectada.

El editorialista de La Nación, no fue capaz de reconocer sin ambages ni ‘piruetas’, los progresos logrados en la Institución. Reconocerlo es más importante de lo que pueda creerse, ya que aunque seguimos afrontando el flagelo del acoso sexual, tenemos normativa con qué defendernos que puede servir a otros. Los editoriales que me dedican, se muestran más interesados en zaherir, golpear y distorsionar la imagen de la UNA, antes que intentar sacar algo en claro.

Por último, los nombres de acosadores que fueron sentenciados, ya se dieron a la publicidad por la presidente de la comisión de Resolución de Denuncias sobre Hostigamiento Sexual de la Universidad Nacional. Se dieron ocultando las circunstancias que puedan afectar a las personas acosadas o a los testigos de los casos. Por cierto, tristemente, se fue un nombre que nunca debió aparecer, pues fue totalmente absuelto en la querella. Por razones como esta, aunque nunca me negué a dar la información, puesto que no fue a mí a quién se la pidieron, lo cierto es que tengo reparos. Tengo reservas de dar nombres de personas jóvenes, algunos estudiantes por cierto, pues pienso que puede impedir su regeneración. Nuestro énfasis, tanto el mío como el de la UNA, es en la prevención, protección y bienestar de estudiantes y el personal frente al acoso sexual.

Al centrarse La Nación en acusaciones y en la búsqueda de nombres del pasado, ha caído en los cuatro “pecados” que resaltó el Papa: difundir la verdad a medias, calumniar en lugar de construir, difamar a personas que bien podrían haberse reformado tras pagar su condena, y en su apego por el escándalo y el amarillismo.

Editoriales como estos, no protegen, no construyen, no edifican ni educan para buscar un cambio de paradigma en nuestra cultura que tanto urge en nuestra sociedad machista y en todas nuestras instituciones. ¡Que sabias y perceptivas las advertencias del Papa Francisco!

(CAMPO PAGADO- Publicado en La Nación-Domingo 23 de Junio de 2019. Página 13.

https://www.facebook.com/notes/alberto-salom-echeverr %C3%ADa/grandes-distorsiones-del-peri%C3%B3dico-la-naci%C3%B3n/1197280067110089/)