Nueva York. “La actitud de la presidenta es de dignidad”, sostuvo Cristina Kirchner en apoyo a la decisión de Dilma Rousseff de suspender la visita que tenía prevista a Washington para el mes que viene, como respuesta a las revelaciones sobre el espionaje de Estados Unidos a su gobierno y a empresas como Petrobras. Las dos presidentas se reunieron ayer en el hotel St. Regis, donde se hospeda la brasileña, a la misma hora en que Barack Obama y su esposa Michelle ofrecían la tradicional recepción a los jefes de Estado que participarán en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Obviamente, ninguna de las dos estuvo en el agasajo.

“El espionaje, en el fondo, lo hemos sufrido todos y ésas son actitudes que afectan a la dignidad de la región en general”, consideró Cristina Kirchner, quien se detuvo unos minutos luego de la reunión para hacer su evaluación del encuentro. Al revuelo de periodistas en la vereda se sumaban algunos argentinos, curiosos que pasaban y clientes del lujoso hotel, que no entendían nada. El St. Regis queda en la calle 55th, a metros de la Quinta Avenida. CFK relacionó el espionaje informático revelado por el ex topo Edward Snowden con “otros hechos condenables”, como los recientes problemas que tuvieron el presidente de Bolivia, Evo Morales, y el de Venezuela, Nicolás Maduro, para sobrevolar con sus aviones algunos países. “Son actitudes que no ayudan a crear una buena relación o un buen clima”, explicó.

La reunión comenzó con un repaso de lo que se había discutido durante la última cumbre del G-20, en San Petersburgo, en la que ambas participaron. Uno de los temas, obviamente, fue la situación en Siria, cuestión que dominó aquella reunión y seguramente también hegemonizará la Asamblea que arranca hoy. Cristina Kirchner volvió a la carga con la necesidad de la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas –del que Argentina forma parte durante el período 2013/14–, ubicándolo dentro de “los organismos que se han quedado obsoletos para abordar cuestiones de crisis”. “¿Qué hubiera pasado si no se hubiera llegado a este acuerdo de desarme? No puede ser que el mundo y una población como la siria estén en vilo para ver qué resuelven dos o tres países”, continuó.

El encuentro se realizó en el primer piso del hotel, en un salón destinado a las reuniones. Del lado argentino se ubicaron el canciller, Héctor Timerman; el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zannini; el secretario de Comunicación Pública, Alfredo Scoccimarro, y la embajadora argentina en Estados Unidos, Cecilia Nahón. En rigor, son todos los integrantes de la pequeña comitiva argentina aquí. Del lado brasileño estuvieron el canciller, Luiz Alberto Figueiredo; el ministro de Industria, Fernando Pimentel; el asesor de Asuntos Internacionales, Marco Aurelio García, y el gobernador de Bahía, Jacques Wagner.

La Presidenta adelantó que los temas que trató anoche con Dilma formarán parte –entre otros– del mensaje que brindará esta tarde en la Asamblea General. Como es tradición en la ONU, la presidenta de Brasil será la primera oradora, luego de la apertura, a cargo del secretario general, Ban Ki-moon. Obama hablará en segundo término y Cristina Kirchner en el 15º lugar, alrededor de las 17.30 hora argentina. Varios párrafos estarán dedicados a la pulseada judicial con los fondos buitre, que el próximo lunes comenzará a evaluar la Corte Suprema de Estados Unidos. “La resolución no es únicamente importante para Argentina, es importante para el mundo”, insistió ayer la Presidenta, en referencia a la actitud que tomará la Corte respecto del recurso argentino para que acepte estudiar el caso que ya cuenta con fallos de primera y segunda instancia a favor de los buitres. Puso como ejemplo de eso que el presidente de Francia, François Hollande, y la ex titular del FMI Anne Krueger se presentaron como amicus curiae de la Argentina ante el tribunal. “Hay muchos países, muchos mandatarios, economistas, que visualizan que el caso no afecta únicamente a la Argentina. Estamos ante el caso del 0,45 por ciento de acreedores que enfrenta al 93 por ciento de acreedores que han aceptado el canje y a un país que ha pagado religiosamente sus deudas y que no lo quieren dejar pagar”, sostuvo. Y remarcó que ella había cumplido con su rol de presidenta al tranquilizar a los bonistas que entraron en el canje sobre que se les seguiría pagando en término y en la moneda que se acordó.

Sobre este punto, la Presidenta aseguró que “no es ideología, es sentido común, cordura económica, y es un tema importante para países que están en la situación en que Argentina estaba en 2001. Esperamos que esto sea tenido en cuenta, y si no es tenido en cuenta, vamos a pagar igualmente. Lo único que Argentina no se puede permitir es no pagar”, concluyó.

Otros temas que no tocó, pero seguro no faltarán en su mensaje, serán el reclamo por las islas Malvinas y la situación del memorándum de entendimiento firmado con Irán para el esclarecimiento del atentado a la AMIA.

Para cuando CFK cerró sus declaraciones, ya eran casi las 21.30 y la caravana de autos negros la esperaba sobre la calle 55 para conducirla a su hotel. No le pasó como a Bill Clinton –se reunió con Dilma Rousseff antes que Cristina Kirchner–, a quien no le quedó más remedio que caminar hasta la Quinta Avenida porque su camioneta no había podido dar la vuelta manzana por el atasco. Ni a Clinton ni a Cristina Kirchner les fue tan mal. Ambos encontraron en su camino gente que los saludó y les pidió sacarse fotos, antes de que se los tragara el tránsito de Nueva York, cuya música incidental por estas horas es el permanente ulular de las sirenas policiales.