El temido Servicio de Control y Aduanas (ICE) es conocido con el sobrenombre de la “Guardia Pretoriana” de Donald Trump. (foto AFP)

Gracias a esta política de “cero tolerancia”, que ha echado por tierra la tradición y la historia de un país fundado sobre los hombres de millones de inmigrantes, no sólo se han violentado los derechos constitucionales de miles de personas, sino que se ha abierto la puerta a la radicalización y la militarización de este cuerpo que es considerado como un aparato infiltrado por supremacistas blancos.

Para nadie es un secreto que, desde la campaña presidencial del 2016, la mayoría de sus más de 20 mil empleados y agentes afiliados al sindicato apostaban por la victoria del republicano, Donald Trump.

De hecho, en septiembre de 2016, el Consejo Nacional de Inmigración y Aduanas —con más de 5 mil afiliados—, decidió apoyar, en aquel entonces, la improbable victoria de Donald Trump.

Fue gracias a este apoyo que el entonces candidato republicano declaró que los agentes de Servicio de Control y Aduanas (ICE) estaban de acuerdo con su propuesta de erigir un Muro fronterizo con México y deportar a los “criminales, violadores y narcotraficantes” que habían traspasado las fronteras de EU.

Tras la sorpresiva victoria de Donald Trump en noviembre de 2016, el entonces director en funciones de ICE, Thomas Homan, declaró “al fin (Trump) va a desatarnos las manos”.

El tiempo le daría la razón.

Con un presupuesto anual cercano a los 8 mil millones de dólares, los aproximadamente 6 mil agentes adscritos a la unidad de remoción (ERO), han conseguido elevar a cifras récord la detención y deportación de 256,085 “ilegales” durante el año fiscal del 2018.

De este gran total, según el reporte de ICE, el 57% de los deportados han sido “criminales”

Mención aparte, es el caso de miles de niños que han sido separados de sus padres. Un total de 2,737 según las cifras oficiales, pero “varios miles más”, según la recolección de distintas organizaciones como la Unión Estadunidense de Libertades Civiles (ACLU) que han exigido al gobierno no sólo la reunificación de estos niños con sus padres, sino cifras más ajustadas a la realidad.

Para la mayoría de los detractores de ICE, esta agencia se ha convertido en un ejército privado de Donald Trump. En un brazo armado que se ha convertido, además, en un jugoso negocio para empresas privadas de la industria armamentista, la industria carcelaria y las empresas tecnológicas de Sillicon Valley.

A manera de ejemplo, la administración de Donald Trump decidió firmar en diciembre pasado un contrato por 38 millones con la empresa Palantir, con sede en Palo Alto, California. Palantir es una empresa fundada por Peter Thiel, uno de los más importantes donadores a la campaña presidencial de Donald Trump.

Palantir es la responsable de crear un sofisticado software que permite a los agentes de ICE recabar información sobre supuestas redes de tráfico de personas, lo mismo que de los niños no acompañados y archivar sus datos en un "sistema para la gestión de investigaciones" (ICM).

Además, permite a varias agencias rastrear, detener y deportar migrantes, refugiados y solicitantes de asilo.

Al mismo tiempo, los agentes de ICE se han dado a la tarea de “militarizar” sus operaciones contra inmigrantes indocumentados, de la misma forma que lo harían para dar caza a sospechosos de actividades terroristas.

Otra vertiente es el sistema carcelario, uno de los más beneficiados por esta campaña de redadas y detenciones con fines de expulsión. Más de 34 mil camas y numerosos campamentos gestionados por contratistas privados son una muestra del generoso negocio que ha llenado las cuentas bancarias de empresas como CoreCivic y GEO Group, dos de los principales donadores de Donald Trump y el partido republicano.

El explosivo cóctel de estas nuevas estrategias, ha convertido a ICE en un temible adversario de organizaciones defensoras de derechos civiles que exigen su disolución ante el alarmante aumento de denuncias sobre abusos, violaciones y muertes de migrantes que caen en sus manos.

De hecho, desde su creación en 2003, ICE se ha convertido en una de las agencias peor valoradas dentro del Departamento de Seguridad Interna (DHS). En 2016, de las 305 agencias federales que tiene el gobierno, ICE ocupó el lugar 299.

Es decir, en el vagón de cola donde comparte espacio con las más ineficientes y cuestionadas por los ciudadanos y la administración.

Como botón de muestra, en lo que va del año, un total de 7 migrantes han fallecido bajo custodia de ICE, mientras una larga lista de organizaciones exigen una investigación a fondo de estos casos que incluyen a personas adultas y niños de México y Centroamérica.