Desde la Casa Blanca, acompañado por el vicepresidente Joe Biden y el secretario de Defensa, Ashton Carter, el mandatario afirmó que la prisión es contraproducente en la lucha contra el terrorismo. Obama explicó que su proyecto permitirá ahorrar dinero a los contribuyentes y pidió al Congreso, de mayoría republicana y opositora al levantamiento de la base naval, un diálogo “honesto” para tratar de cerrar la cárcel.

Según el plan presentado por el presidente, de los reos aún en Guantánamo, 35 fueron “aprobados para traslado”, lo que implica que podrán ser liberados a otros países que los reciban, bajo ciertas condiciones de seguridad y garantías de rehabilitación. El resto sería dividido en diversas categorías legales, pero enfrentan detención indefinida, mientras que sobre diez de ellos pesan cargos criminales.

El Pentágono identificó 13 instalaciones en suelo estadounidense donde podría albergar a los detenidos restantes. Se trata del Naval Consolidated Brig en Charleston (Carolina del Sur, sureste), Fort Leavenworth (Kansas, centro) y el complejo penitenciario federal de Florence (Colorado, oeste).

La administración de Guantánamo cuesta 455 millones de dólares anualmente. El Pentágono asegura que las instalaciones estadounidenses reducirían ese monto en 180 millones. La mayoría del ahorro provendría de una reducción en el número de soldados para custodiar una población de reos menor en suelo estadounidense, aunque la transición podría costar hasta 475 millones de dólares para mudar a los prisioneros y construir o actualizar un complejo para detenerlos. Sin embargo, contempla el plan, en tres o cinco años los bajos costos de un complejo en Estados Unidos con menos reclusos podría compensar esos costos de transición.

Obama criticó que la cárcel de la base aún siga abierta, quince años después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2011. “Todavía tenemos que defender la existencia de un centro de detención y proceso donde no se ha alcanzado un sólo veredicto, ni uno solo”, recordó el mandatario. “Estoy a favor de cerrar este capítulo en la historia del país, que en verdad es una mancha.”

El líder estadounidense había prometido durante la campaña electoral de 2008 y en varias ocasiones durante su presidencia que antes de abandonar la Casa Blanca en enero de 2017 cerraría Guantánamo, pero hasta ahora no había un plan detallado. El Departamento de Defensa envió ayer al Congreso un documento de nueve páginas con el plan. El jefe de Estado recordó que el ex presidente George W. Bush expresó su deseo de cerrar Guantánamo y que él lo viene intentado desde que llegó al Salón Oval. “No quiero pasar este problema al próximo presidente, sea quien sea”, dijo.

Pero Obama no la tendrá fácil para llevar a cabo su plan. El Congreso, dominado por los republicanos, se ha opuesto hasta ahora a trasladar a los presos de Guantánamo a suelo estadounidense, al considerar que pondrá en peligro la seguridad nacional.

El anuncio de Obama hizo que la disputa por el futuro de la base naval entrara de lleno en la carrera presidencial. El senador republicano, Marco Rubio, impulsó ayer una propuesta de ley por la que el mandatario no puede transferir el territorio de la base naval a Cuba ni hacer modificación alguna sin autorización del Congreso. “El régimen de Castro ya está estafando al pueblo estadounidense y ahora pide la devolución de la base, que ha sido vital para las operaciones de la Marina y la Guardia Costera en el Caribe durante más de un siglo”, señaló. “No sólo no vamos a cerrar Guantánamo. Cuando yo sea presidente, si capturamos a terroristas vivos, no van a tener una audiencia en un tribunal de Manhattan. No los vamos a mandar a Nevada. Vamos a mandarlos a Guantánamo y vamos a averiguar todo lo que saben”, prometió durante un acto electoral en Las Vegas.

En Guantánamo quedan aún 91 presos, de las 780 personas que fueron encarceladas allí desde 2002. Más de 500 de estos traslados ocurrieron durante la administración Bush y 147 durante la presidencia de Obama.

Según datos del periódico estadounidense The New York Times, 600 fueron transferidos a 57 países y nueve murieron en el centro de detención. Seis de los detenidos fueron enviados a Uruguay, cinco a España, dos a El Salvador y dos a Portugal.

Aunque la gestión de Obama logró reducir la población de presos de Guantánamo, hay docenas de ellos que hasta ahora no pudieron ser trasladados porque se les consideraba demasiado peligrosos o porque no pueden ser sometidos a juicio porque fueron torturados y detenidos de forma ilegal.

Entre ellos está Khalid Sheik Mohammed, considerado uno de los cerebros de los atentados del 11 de septiembre de 2001, quien fue sometido a un régimen de torturas en cárceles secretas en Afganistán, Polonia y Jordania –incluyendo 186 sesiones de “submarino en menos de tres días– antes de ser trasladado a la isla. También está en Guantánamo el hombre acusado de planificar un ataque contra el buque de guerra estadounidense USS Cole en 2008, Abd al-Rahim al-Nashiri, quien pasó por cárceles secretas en Polonia y Tailandia y también fue torturado.

Si Obama finalmente logra cerrar el centro de detención, esto no significaría que vaya a devolver a Cuba el territorio en el que se encuentra la base naval, tal y como exige el gobierno de Raúl Castro. Desde que empezó el deshielo con Cuba en diciembre de 2014, el gobierno de Obama dejó en claro que no tiene ninguna intención de hacerlo.

La prisión de Guantánamo se encuentra en el sureste de la isla. Washington se niega a entregarlo, argumentando que tiene firmado un contrato de arrendamiento perpetuo de dicho territorio, en virtud del tratado cubano-estadounidense de 1903. Sin embargo, desde La Habana consideran que se trata de un territorio ocupado.