Salvador Sánchez Cerén, presidente electo de El Salvador.
Salvador Sánchez Cerén, presidente electo de El Salvador.

Por supuesto que la capitulación electoral es un mal momento para una derecha acostumbrada por siglos a hacer su no santa voluntad. Es de esperar que en una democracia en construcción tales disconformidades no pasen a tener acciones inconstitucionales de otro tipo. Los tiempos han cambiado y los desafíos para la concertación van más allá de la imposición forzuda de unos sobre los otros. El escaso margen de 59, 11% a favor del FMLN y 49,89% de ARENA manifestado en la segunda ronda, es asimismo una exposición de la necesidad urgente de solucionar un problema histórico que sí tiene solución, y no es romanticismo político pensar en intentarlo. El acercamiento a la construcción de una nación aunada en su diversidad es una  faena de alta complejidad, en  la cual, opositores y gobernantes deberían poner empeño.

El desempate de los votantes a favor del FMLN, es también, un voto de confianza a ese partido. La  derecha continúa apostando a la polarización haciendo “casa de sustos”  con el fantasma de Hugo Chávez infundado el miedo a que el país se convierta en un salivera de Cuba y Venezuela. Se desespera, se queda en las calles, llama a la Fuerzas Armadas a secundar un golpe de estado, pide nulidad de la segunda ronda como si de un carrusel de feria se tratara, en vez de proponer nuevas formas de integración y de gobernanza, mostrando ser una oposición seria y respetable, acorde con los derroteros que los votantes estipulan. Por su parte el FMLN ha mostrado sensatez política en la espera de los resultados, pero no es suficiente; su mayor madurez tendrá que demostrarla en los desafíos con políticas, planes, proyectos y programas de profundidad nacional; creativas, populares y satisfactoria y no en es escaramuzas ideológicas foráneas y serviles. Eso lo sabe muy bien su dirigencia.

Lógicamente, los temas de la concertación y la confianza no son los únicos retos. Las dirigencias conocen a cabalidad el resto de necesidades; pero, puesto que siguen existiendo, es que sus formulas, como gobierno y oposición, no han sido lo suficientemente eficaces para mitigarlas.  Por ejemplo, bajó el índice de criminalidad en el último periodo, pero las pandillas siguen atemorizando; las condiciones en educación han mejorado, pero se debe ahondar y dar continuación en la mediación para concebir una cultura de paz generalizada. En una sociedad donde las diferencias son abismales los economistas se pueden  preguntar ¿y de dónde sacamos los recursos para eliminar la pobreza? Pues del mismo sitio de donde los ricos sacan los recursos para ser ricos, podríamos responder de manera simplista. No es fácil, pero los recursos están ahí. De la misma manera simplista podemos decir que no es que no hayan recursos, lo que no hay es voluntad en resolver creativamente y de manera definitiva ese dilema.

A parte de los rubros de seguridad, el desarrollo económico o la inversión extranjera, existen otros que fatigan a la población; como la salud, trabajo, pensiones, seguro, calidad de vida, el agua, el pan, el gas, las tortillas, situaciones ambientales, calidad del transporte, educación o cultura. Todos son componentes de la complejidad, por lo que las soluciones no se pueden  ver de manera fragmentada; menos  con una lupa de color ideológico para lograr una integración de grafía nacional; lo cual implica no subestimar el carácter de independencia en la ejecución de proyectos, descentralizar las soluciones a problemas locales; promover el ejercicio hacia una sociedad cooperativa, de verdadero amor y solidaridad, entre otros. El desarrollo total en una sociedad históricamente enmarañada en desigualdades; las bases espirituales cristianas, identidad indígenas, campesinas y con nuevos rubros de pensamiento urbano, no pueden pasar por alto para salir del laberinto siguiendo señales exógenas; sino generar una autenticidad que tome en cuenta sus propias condiciones y los cambios que realidad nacional exige.

Podríamos decir que el panorama se vuelve esperanzador al oír el discurso del “profe”, como le llaman sus actuales seguidores; del “compa” Leonel Gonzales, como llamarían los otora combatientes del ex guerrillero FMLN, Salvador Sánchez Cerén, quien manifestó en la celebración de su triunfo que desde el poder ejecutivo trabajaran para erradicar la pobreza y la desigualdad, “vamos a gobernar con un gobierno democrático, un gobierno abierto, un gobierno que abre su corazón al pueblo salvadoreño (…) A todas las fuerzas opositoras, a las fuerzas de derecha les decimos: trabajemos juntos por El Salvador”.  Así sea.