Para evitarlo, el Fondo Monetario Internacional urgió a Washington que haga lo posible para elevar sin dilación el techo de la deuda y que eso se haga en el marco de un acuerdo de consolidación fiscal a medio plazo.

    Hace un mes, el FMI ofreció un anticipo de su coscorrón, que no pasó desapercibido por darlo al mayor contribuyente al presupuesto del organismo. La degradación de las cuentas públicas la vuelve a calificar de "insostenible", el término utilizado por Ben Bernanke desde la Fed. Por eso proclama una reducción del déficit federal, que supera el 9% del productor interior bruto.

    Pero la prioridad inmediata es acabar con la incertidumbre que domina el límite que tiene el Tío Sam para endeudarse, fijado en los 14,3 billones de dólares y que se rebasó hace semanas. Rodrigo Valdés, asesor del departamento del Hemisferio Occidental del FMI, advierte que una rebaja en la nota crediticia sería "extremadamente dañina para EE UU y el resto del mundo".

    Si se consuma la amenaza de las agencias de calificación, será la primera vez que pase algo similar. "Nadie sabe cuál pueden ser los efectos de una pérdida de confianza de los mercados en EE UU. La amplitud del impacto es difícil de predecir", remachó. El informe anual del organismo no profundiza en la lucha ideológica que se libra Washington, confiando en un compromiso.

    Se mira más a largo plazo. El consejo ejecutivo del FMI señala que "una trayectoria sostenible para la deuda pública es crítica para la estabilidad de la economía y tendrá repercusiones positivas en otros países". Hasta ahora, la idea de la Administración que preside Barack Obama era estabilizar el engorde de la deuda en una década, para reducirla a partir de ahí de forma gradual.

    El Fondo demanda para ello un plan "creíble y bien definido". Eso sí, admite que cualquier reducción del déficit a corto plazo debe hacerse teniendo en cuenta la evolución de la economía. Lo ideal para el organismo sería que el proceso de consolidación fiscal arrancara en EE UU ya en 2012, que es año electoral. Se trata de evitar, dicen, la pérdida de credibilidad.

    Si las cosas no se tuercen más, la economía de EE UU crecerá a un ritmo del 2,5% este ejercicio, por debajo del potencial. El FMI lo califica de "continuo", aunque "modesto" o "tibio". Es insuficiente para afrontar el doble reto del paro, que se mantendrá por encima del 8% hasta 2013, y del déficit. Para ese año, la expansión no habrá ganado mucho y estará en el 2,7%.

    El viernes se publica la primera estimación de crecimiento del segundo trimestre. El FMI atribuye la desaceleración en el arranque del año al impacto del alza del petróleo y "otros factores pasajeros". El ritmo de recuperación de la economía, matiza, "es acorde con lo ocurrido a escala internacional en casos anteriores tras crisis financiera e inmobiliarias.

    Esto hacer pensar a los analistas del Fondo que la presión inflacionista permanezca "contenida", lo que justifica la actual política monetaria "laxa" de la Reserva Federal. El FMI señala a modo de conclusión que EE UU debe dar con el correcto equilibrio a la hora de abandonar los estímulos activados durante la crisis a la vez que mantiene la actividad económica.

    Cuando las condiciones justifiquen un repliegue monetario, el FMI sugiere que la Fed debería empezar a desprenderse de los activos que acumula en balance. Es una medida que ya tiene en mente Bernanke y que marcará el inicio del nuevo ciclo de subida de tipos de interés en EE UU. Pero aún deberá pasar tiempo para ese escenario, que en Wall Street ven en 2012.

    Algunos miembros del consejo ejecutivo del FMI señalaron sin embargo que la actual política monetaria de EE UU podría haber alentado una "acumulación excesiva de riesgos". Y que eso podría haber afectado también a los flujos de capital y agravado la presión inflacionista a escala global. Un extremo que siempre negó Ben Bernanke, y que se lo toma como una ofensa.

    La incógnita en cualquier caso estará en ver qué sucederá con eso movimientos de capital hacia las economías emergentes, cuando EE UU empiece a elevar los tipos de interés. Es una cuestión que plantearon algunos directores, de acuerdo con el informe. Por eso el FMI cree que la Fed debe ante todo comunicar de forma adecuada al mercado sus próximos movimientos.