Manuel Rojas-Bolaños
Manuel Rojas-Bolaños

Tuve oportunidad de visitar recientemente el penal de la Isla Robben, frente a Ciudad del Cabo, donde pasó 17 de los 27 años que estuvo en prisión. Pasó todos esos años en una estrecha celda sin retrete, con un jergón tirado en el suelo en lugar de cama y una manta que seguramente servía poco para combatir los rigores del invierno sudafricano.

Las duras condiciones del cautiverio y las humillaciones que sufrió no fueron suficientes para debilitar sus ansias de libertad para la mayoritaria población negra de ese país, arrinconada política y socialmente por el apartheid, ni tampoco para amargarlo y cargarlo de odios y rencores. De la prisión emergió un pacifista decidido a construir un país inclusivo para negros y blancos. Sudáfrica no ha resuelto todos sus problemas, sigue siendo un país desigual socialmente, con una mayoría pobre que lucha por mayores oportunidades educativas y mejores condiciones de vida, pero sin la violencia racial de antaño.

Me pregunto si no es un ejemplo a seguir en otras regiones del mundo, donde los conflictos originados en diferencias étnicas y religiosas siguen causando elevadas pérdidas en vidas humanas y devastaciones territoriales. La lucha entre israelíes y palestinos por un mismo territorio no parece tener solución con base en planteamientos pasados. La ilegal colonización israelí ha parcelado y disminuido el territorio que hasta hace algunos años habría sido el asiento de un estado palestino y ha confinado a sus nacionales a estrechos espacios que recuerdan los ghettos judíos de otras oscuras y violentas épocas de la humanidad.

Si la idea de un estado palestino se ha vuelto prácticamente imposible de recuperar, en el horizonte, aún con contornos difusos, comienza a perfilarse un estado con dos naciones viviendo en un mismo territorio, con un diseño político que asegure la paz, la igualdad y la cooperación. Con los odios acumulados a lo largo de muchas décadas, esta solución parece hoy utópica. Pero, ¿cuál otro camino es posible de recorrer? Los palestinos no pueden seguir viviendo en las condiciones de segregación y hacinamiento de hoy, en particular en la bombardeada Gaza. No pueden ser aniquilados como quisiera los sectores más fanáticos y guerreristas israelíes, como tampoco los israelíes pueden ser echados al mar, como quisieran los grupos extremistas palestinos.

Quizás el futuro nos lo están mostrando personas como Daniel Baremboin, el afamado pianista de origen judío, quien fundó la West-East Divan Orchestra, integrada por jóvenes israelíes y palestinos, y quien viaja con pasaporte palestino en protesta por la equivocada y violenta política ejercida por el Estado de Israel en la región.

(http://aceraenfrente.blogspot.com/ )